¿Qué es un bien esencial? ¿O mejor dicho, qué no lo es? ¿Dónde empieza y termina lo que podemos considerar un derecho básico y universal de los ciudadanos? Y si lo pregunto es porque no tengo ni idea. Voy muy perdido, sobre todo viendo algunas de las cosas que a veces veo por el mundo.

Por ejemplo, la comida. ¿Comer lo debe ser, no? Por eso hay varios lugares donde reparten gratuitamente alimentos a las personas que van. Hay redes que los recogen y lo dan a quien los necesita. Por lo tanto, podemos decir que en nuestra sociedad todo el mundo tiene garantizada la comida y nadie se muere de hambre. ¿Y la vivienda? ¿Este supongo que también debe ser un derecho básico, verdad? Porque, con más o menos dificultados, con más o menos condiciones, con más o menos arbitrariedades a la hora de ejecutar desahucios y aparte de algún caso puntual, todo el mundo tiene un techo. Insisto, más o menos, pero nadie vive en la calle. Y si temporalmente eso acaba sucediendo, siempre acaba apareciendo alguna solución u otra.

La salud también entiendo que debe ser un derecho básico. Porque en este momento cualquier persona con una enfermedad grave o que sufra un accidente si va (o la llevan) a un hospital, será atendida. Y el sistema de la Seguridad Social garantiza unos mínimos asistenciales. Por lo tanto, tambien podemos afirmar que en la Catalunya de finales del primer cuarto del siglo XXI, en general, no te morirás de hambre, enfermo y bajo un puente. Ojo, no estoy diciendo que este sea un sistema perfecto. Veremos cuánto dura, pero de momento todavía sobrevive más o menos aquello que llamamos el estado del bienestar.

¿Y las vacunas también son un derecho básico, verdad? Bueno, al menos las de la COVID sí. Por eso son gratuitas para la población. Los estados pagan las dosis a las empresas que las fabrican y después las reparten y las administran. Y esto segundo también vale dinero. Un coste que asumen los diferentes países a cuenta del gasto en salud.

Bien, hasta aquí lo tengo todo más o menos claro. Creo. Pero ahora entramos en el terreno donde empiezo a perderme. Una vez tengo una cierta salud, voy a buscar comida y la llevo hasta mi techo, ¿cómo limpio la lechuga, me caliento los garbanzos y me frío el bistec? Para eso de la lechuga necesito agua, que barata no es, gracias a cánones, tasas, tributos y el siempre entretenido IVA. Pero acaba siendo barata en comparación con el precio de la luz que necesito para ver como me caliento los garbanzos y el gas necesario para calentármelos y freírme el bistec. Y aquí está donde quería ir a parar, porque en plena ola de frío y nieve, el precio de la luz ha subido un 27%. Y el tema ya no es de quien es culpa o no, de quien se embolsa la pasta o no, de las puertas giratorias de expolíticos hacia empresas del ramo y cobrando mensualmente sueldos de premio del gordo de Navidad y del bli, bli, bli y el bla, bla, bla con el que no entretendremos ahora unos días para, como siempre, olvidarnos hasta la próxima subida de tarifas o la próxima ola de frío.

No, no, aquí el tema es: ¿tener electricidad en tu casa es un derecho básico o es un lujo? Ojo, hablo de tener luz para las cosas mínimas como ver por la noche o cuando mete mucho frío, hacer funcionar un pequeño radiador. No hablo de instalar una iluminación como la de un campo de fútbol o una plantación de maria. Y este es el debate. ¿Es un lujo? ¿Sí? Pues digámoslo. ¿Es un negocio para que unos pocos ganen muuuchos millones? ¿Sí? Pues asumámoslo. ¿Es un derecho básico? Pues entonces discutamos sobre si las compañías tienen que ser públicas o no y si lo son si la sociedad puede asumir el coste. Y a partir de aquí hablamos de precios sociales de verdad, no de parches y de leyes que acaban en la basura.

Por cierto, que una vez aclarado eso, el siguiente debate tendría que ser sobre el mantenimiento de la red y la fiabilidad del servicio. Esta pelota que se van pasando entre empresas subcontratadas de las subcontratadas y que provoca que durante las olas de frío falle el suministro o veamos momentos tan plásticos como este del vídeo y que es de hace dos días en un lugar relativamente cerca de casa de un servidor:

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