"Dije que yo me negaba a guardar silencio por un violador, pedófilo, putero y maltratador. Y que si tenía que sentarme en el suelo y girarme de espaldas, pues lo hacía". Y lo hizo, como queda demostrado en esta fotografía de Tania Esperón:

Maradona

La futbolista que lleva el número seis y autora de la frase inicial es Paula Dapena, jugadora del Viajes Interrías FF. La dijo después del alboroto causado por su decisión de no participar en el minuto de silencio organizado como homenaje a Maradona antes del partido amistoso que su equipo jugó el sábado contra el Deportivo Abanca de la Liga Iberdrola. El caso lo explicó Natalia Puga en PontevedraViva.com y se ha hecho viral. Tanto que a Paula la han amenazado de muerte. Sobre todo desde Argentina. Por tener una opinión contraria a la de los fanáticos. Un Charlie Hebdo, pero con otro tipo de religión y que, por suerte, no se ha materializado.

Su respuesta ha sido reafirmarse en su postura porque considera que no tenía sentido rendir ningún homenaje a alguien que murió, precisamente, el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Y lo ha hecho diciendo: "Por las víctimas no guardaron un minuto de silencio; entonces, obviamente, no estoy dispuesta a hacerlo por un maltratador que fue un deportista con unas cualidades y habilidades futbolísticas espectaculares, pero para ser jugador hay que ser primero persona y tener unos valores más allá de las habilidades".

Sobre Maradona, un servidor ya dijo el qué. Y este qué es que no busque ninguna racionalidad. De hecho el caos en el entierro del futbolista es parecido al que hubo en el de Bob Marley. Y salvando todas las distancias, entronca con el día en que en la boda de su hija Lolita, Lola Flores intentó poner orden con el famoso "Si me queréis, irse".

La actitud y el discurso de Paula plantea un montón de debates. Yo me quedo con dos que de hecho son el mismo: el derecho a no participar en un homenaje a alguien que ha muerto y que desprecias y el derecho a mostrar tu rechazo.

Lo políticamente correcto hace que a los difuntos recientes se les tenga un respeto, a pesar de que en su vida fueran pura escoria. Una amiga mía siempre dice que cuando nos da pena alguien que está totalmente solo en una residencia porque los hijos no lo van a ver nunca, tenemos que pensar que aquella persona puede haber hecho cosas terribles y que quizás tiene lo que se ha buscado. Quizás. Y eso enlaza con aquello de separar la obra del autor. Parece que cuanto más tiempo pasa después de la muerte, más nos atrevemos. Y el libro sobre Alfons Quintà está un ejemplo reciente. Pero donde queda totalmente demostrado es en la sección "Ilustres execrables", que cada sábado hacen Malcolm Otero y Santi Jiménez en can Xavi Bundó (RAC1) y que ellos mismos definen en la bio de su cuenta de Twitter de esta manera: "Un/a ilustre execrable es la persona que se considera ilustre por sus consecuciones en la vida pero que tenía un lado oscuro, que estos dos se dedican a descubrir". Y eso va desde Teresa de Calcuta a Juan Pablo II, pasando por Gandhi, Walt Disney y san Jorge. Al día siguiente de su muerte, a nadie se le habría ocurrido decir que Teresa de Calcuta no era ninguna santa, precisamente. Hoy ya sí. Y dentro de 10 años veremos si la cosa ha ido a más. Quizás es verdad que el tiempo es quien lo sitúa todo en su sitio. El problema es cuando personas como Paula intentan hacerlo cuando la sociedad ha convenido que aún no tocaba.

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