¿Se recuerda de cuándo nuestra vida dependía las 24 horas del día de la prima de riesgo? Cada mañana nos duchábamos con ella, recién salida del repaso diario de noticias. Abríamos la nevera de casa y en el cajón de la verdura, allí estaba, siempre presente. Observándonos escondida bajo el brócoli. Salíamos a la calle y de vez en cuando nos girábamos porque notábamos que nos soplaba el cogote (la prima de riesgo, no el brócoli). Y cuando por la noche nos metíamos en la cama, se nos estiraba en los pies, como si fuera un perro. O un gato.

Pues bien, ahora sucede lo mismo con las cifras de la COVID. Cada día, sobre las 10 de la mañana, nos aparecen los datos de Catalunya. Pero, ¿se ha fijado el orden en que nos las dicen? Empiezan con el riesgo de rebrote y continúan por la velocidad de contagio, los pacientes ingresados en los diferentes centros sanitarios, los ingresados en las UCI, los nuevos contagios y al final de todo, aparece la cifra de muertos. Y como de paso. O sea, ahora mismo lo que importa de verdad es si nos contagiamos más o menos ciudadanos, no si nos morimos menos o más. Los muertos ya no "importan". Los damos por descontados. Como que mientras no haya vacuna morirán igual, "importa" la cifra de contagios. Porque cuantos menos haya, menos ingresados habrá y menos se saturará el sistema sanitario, y más rápido podremos ir recuperando el sistema económico. Y habrá visto que este "importar" lo he escrito entre comillas porque no es literal y ya me entiende lo que quiero decir. Y aquí quiero compartir con usted dos reflexiones sobre las muertes de esta pandemia.

Cuando la primera oleada, entonces sí, entonces los muertos iban los primeros de la fila. Eran los primeros en aparecer en los datos diarios. Pero tampoco vimos ninguno. Lo que más se acercó fueron aquellos féretros, vacíos, amontonados en el cementerio de Collserola de BCN esperando para ser usados. Y ya se sabe, en nuestra sociedad lo que no se ve no existe. Por lo tanto, los muertos por coronavirus, escondidos bajo la alfombra, no los hemos visto jamás de la vida. Ni hablamos de ellos. De hecho tampoco sabemos ni cuántos ha habido en total. Bien, ni sabemos cuántos hay cada día porque de repente un miércoles cualquiera aparecen 132 de no-sabemos-cuando y que resulta que no se habían contabilizado.

Esto en relación a los muertos en general, porque después hay los de las residencias. También hemos convenido que haremos ver que allí dentro en marzo en abril no pasó nada. O mejor dicho, nada especial. Sucedió el más normal del mundo. Pero sí que pasaron cosas, sí. Y muchas. Hable, hable con las personas que iban a buscar los cadáveres a carretadas. Y con los que tenían que comunicar la noticia a las familias y explicarles que no podrían ni despedirse de la caja, esta vez sí, ya llena.

Y la otra reflexión es si hace falta dar cada día la cifra de unos muertos que estamos ignorando. A ellos y a sus familias. Porque de las familias de los muertos ya no habla nadie. Y de los que han sobrevivido con secuelas importantes, tampoco. Y, de paso, quizás preguntarnos si cuando acabe la situación actual seguiremos dando la cifra de difuntos que hay cada día en nuestro país y explicaremos de qué mueren. Porque quizás tendríamos alguna sorpresa. Que ya se lo aviso, con datos del 2018, en Catalunya son182 diarios y salen de dividir a los 66.562 muertos que hubo aquel año por sus 365 días.

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