De repente la sociedad catalana hoy ha descubierto que hay una cosa que le llaman la Cambra de Comerç. Y se ve que el nombre correcto es Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Barcelona. Y parece ser que el censo de este organismo es de unas 340 mil empresas. Y explican que, también, es una institución para los autónomos. Ah, pues encantado. Aquí la Cambra, aquí Catalunya, ¿hola qué tal? ¿Todo bien?

Si a un servidor le hubieran pedido ayer por la mañana que hiciera una fotografía mental de la Cambra de Comerç, habría imaginado a unos señores con sombrero de copa y puro de palmo como los que dibujaba Jaume Perich, pasándose el porrón del poder los unos a los otros. Porque mi desconocimiento de la cosa era enciclopédico. Con eso quiero decir que podría ser así o no. Ni idea.

En cambio hoy todos (y todas) hemos hecho un cursillo acelerado de Cámara y ya dominamos el tema como si se tratara de hablar de Juego de Tronos. ¿Qué ha pasado? Caramba, que este poder que yo imaginaba en forma de porrón ha ido a parar a los indepes. Sí oiga, se ve que hacía nueve años que no había elecciones, ahora ha habido y ha ganado Joel Joan, Joan Canadell y unos cuantos más.

Y claro, los indepes consiguiendo el poder en un lugar que hasta aquel momento ni habían olido, pues es un cambio. ¿Cuál? Ni idea, pero por las reacciones que ha habido, me lo imagino. Sí, porque hoy ya hemos empezado a oír gente de orden y muy constitucionales todos ellos exclamándose mucho y vaticinando el fin del mundo. Naturalmente, que eso sea así quiere decir que sí, que ha sucedido alguna cosa. Y si son "los de toda la vida" los que están escandalizados, quiere decir que o bien 1/ los indepes la han liado tanto que es como si una de la CUP ganara las elecciones al Círculo Ecuestre o al Real Club de Polo o 2/ que no hay para tanto y se trata de usar esto en plena campaña electoral como espantajo para intentar movilizar los propios o 3/ también podría ser un poquito de las dos cosas.

Y eso pasa el mismo día que la prensa de Madrit (concepto) y los dos partidos de extremo centro nos presentan Miquel Iceta como un peligroso indepe que se come a los niños españoles como si fueran coca-colas zero:

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Calculo, así a ojo, que a Miquel Iceta a lo largo de su carrera política le deben haber dirigido unos 345.092.821 millones de adjetivos calificativos. De todo tipo. Pero me juego un guisante que nunca le habían llamado indepe. Él, que una vez dijo que coleccionaba olores, si coleccionara definiciones sobre sí mismo, hoy podría decir aquello que decían los de su generación cuando de niños cambiaban cromos: "falti". Ser indepe, en el currículum de Iceta, "falti".

O sea, Miquel Iceta indepe, como la Cambra de Comerç. Realmente esto de Catalunya ya no es lo que era...

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