Me ha llegado una simpática carta de protesta que el sindicato policial "Unión Federal de Policía" (UFP) ha enviado al director general del cuerpo. La carta se podría titular: "A mí me hable en cristiano", es esta y dice eso:

Unión Federal Policía

Como usted habrá podido leer, el señor Víctor Manuel Duque León manifiesta, en nombre propio y en el de los asociados de su sindicato, su total disconformidad con una decisión que ha sido tomada en el ámbito territorial del País Valencià. Y esta decisión es que, a partir de ahora, en cada turno "de atención directa" que la policía española presta a los ciudadanos haya al menos un funcionario (UNO) que pueda atender en idioma "valenciano". Y si se presenta un ciudadano demandando ser atendido en "valenciano" y en aquel momento no hay nadie capacitado para hacerlo, se requerirá la presencia de una persona de cualquier otro departamento para que pueda realizar esta función. Pero analicemos los argumentos del señor Duque León, que básicamente son dos.

El secretario general de la UFP se ampara en el artículo 3.1 de la Constitución (¡Viva!) que nos dimos entre todos (y entre todas) y que, efectivamente, dice: "El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla". El problema es que el artículo 3 de la Constitución (¡Viva!), aparte del punto 1, tiene los puntos 2 y 3 que, textualmente, dicen: "Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos" y "La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección".

Visto lo visto, ahora usted podría pensar que el señor Duque León invoca la Constitución (¡Viva!) del punto 3.1 para incumplirla en el 3.2. O que no es capaz de leer entero un artículo de la Constitución (¡Viva!). O que es un manipulador que ignora la parte que no le interesa. O que piensa que somos imbéciles y cree que quien no sabe leer somos nosotros. Pues no. El problema es que al señor Duque León le llegó una copia de la Constitución (¡Viva!) donde faltan estos dos puntos. Errata de imprenta le llaman. Realmente una lástima.

Y el otro argumento es aquel clásico del "si ya nos entendemos, pa qué vamos a hablar en el pintoresco dialecto del otro, ¿verdad?", que aquí viene reforzado con el memorable momento de la carta donde dice: "A ningún policía se le exige conocer un idioma distinto al suyo para ingresar en la Policía (...) y menos para atender a un ciudadano que habla su mismo idioma (...) ni se le obliga a conocer ninguno de los idiomas de los turistas que nos visitan".

Esto traducido sería: "No me entra en la cabeza que en el CNP haya un valenciano o un catalán o un mallorquín que hablen catalán o alguien de cualquier otro lugar que sea capaz de hablarlo. Pero es que encima a ver si nos tendremos que entender con los guiris en su propio idioma. Hostia, que hablen español y si no, que no vengan".

Pero, ¿sabe lo mejor? Que con este nivel, el señor Duque León ha conseguido, no sólo llegar a ser policía, sino secretario general de uno de los sindicatos del cuerpo.

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