¿Quién nos lo tenía que decir, verdad? El alcalde de Madrid (ciudad), José Luís Martínez-Almeida, ha pasado de ser un muñeco del pimpampum del cual a todo el mundo hacía una befa descarnada, a ser el portavoz "nacional" del PP y a ser considerado un político con mucho futuro. Total, que ejerciendo estas funciones, ha hablado del caso Fernández Díaz. Sí, lo denominan caso Kitchen pero por mucho que se empeñen, este es el caso de quien es guardado por el ángel Marcelo. Les guste o no. Él fue el cocinero y quien sirvió los platos, los postres, los cafés con gotas y los licores de hierbas a discreción.

Sostiene Martínez-Almeida que "el PP no ha negado los hechos", que si se confirman "son graves" y que si eso sucediera (que se confirmaran) el partido "tendría que tomar sus decisiones". Empecemos por esto último. Sí, claro que el partido tendrá que tomar sus decisiones, porque si tomara mis decisiones o las suyas de usted, sería usurpación de nuestras decisiones. Pero es que el alcalde y portavoz no había ni acabado de decir esto y sin dilación ha soltado que "hay imputado por financiación ilegal un partido que forma parte del gobierno". O sea, "¡señorita, señorita, Podemos está copiando! Sí, es cierto que yo también estoy copiando, he envenenado el agua de toda la ciudad y he lanzado tres bombas atómicas, pero no podemos obviar que Podemos copia!".

Va, supogamos que todo esto del amigo de Marcelo se acaba demostrando y que la financiación de Podemos, también. ¿Es fea la financiación ilegal? Mucho. ¿Es condenable que Podemos se haya financiado irregularmente, si es que lo ha hecho? Mucho. Ahora bien, sería una broma si lo comparamos con un ministro de un gobierno europeo haciendo desaparecer unas pruebas del excontable de su partido que demostrarían que lo financió ilegalmente (en este punto estaríamos empatados con Podemos) pero que lo hizo usando ilegalmente unos policías a quienes les pagó los servicios con unos fondos reservados firmados por un alto mando de la Guardia Civil implicado en la guerra sucia político-judicial-policial contra el independentismo. Y aquí el desempate es cósmico.

Pero los dos casos no sólo no son comparables por este motivo, no menor. No, no, es que la existencia del uno anula el otro. Y usted y yo lo decimos por experiencia. Porque es que esta película ya la hemos visto y se titulaba "Guerra sucia y marrana contra el independentismo". Y esta sería una segunda parte titulada "La guerra sucia del Estado paralelo ahora es contra Podemos" y se promocionaría de la siguiente manera: "De los autores de la ficción de rebeliones, sediciones y terrorismos variados basados en informes falsos, leyes tuneadas y sentencias inconsistentes, llega ahora a nuestras pantallas y a los diarios del régimen que Podemos se ha financiado ilegalmente".

Dicho de otra manera, usted y yo que con nuestros respectivos ojitos hemos visto lo que hemos visto, ya no nos creeremos nunca más nada de lo que salga de según donde. Y mire que nos sabe mal no confiar ni en la policía ni en la justicia, pero es que no nos han dejado ninguna otra alternativa. Es aquello que ya me ha leído otras veces. Una vez te has encontrado tu pareja en la cama 53 veces con todo tipo de gente diversa, incluidos el Orfeón Donostiarra, la selección jamaicana de atletismo, el reparto de la película "La escopeta nacional" y todos los animales del zoo, al final acabas preguntándole: "Amor mío, dime la verdad, ¿tú me engañas?".

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