Subo la persiana. Y ahora sí que ha llegado el verano. Mucho calor, efectivamente, pero sobre todo aquel sol que te mete una castaña de luz que te deslumbra y te obliga a empequeñecer los ojos. Y luz también en general en el estado de ánimo. La sensación general es que el virus, sea dicho con toda la prudencia del mundo, está convenientemente vigilado. No controlado, porque no tenemos la vacuna y, sobre todo porque todavía lo conocemos poco, pero sí que empezamos a tener claro que entre todos hemos conseguido arrinconarlo. Lo tenemos allí, vivo y activo, sin perderlo de vista, pero situado en una zona delimitada que cada vez es más pequeña.

La de hoy ha sido una mañana donde medio país ha visto como los bares volvían a montar las terrazas y la otra mitad intuye que seguramente las verá el lunes próximo. Y eso da vida, ánimo y optimismo, que ya lo necesitábamos. Venimos de sufrir en primera persona la muerte de algún familiar próximo, la de un amigo, la del familiar de un amigo, o la de alguien que formaba parte de nuestro paisaje. Venimos de no poder ni enterrar a nuestros muertos, de la incertidumbre de tener a alguien ingresado en un hospital y ni poder hablar con él. Venimos de estar encerrados entre cuatro paredes comiendo incertidumbre para desayunar, comer y cenar. ¿Nos contagiaremos? ¿Y los nuestros, sufrirán la enfermedad? ¿Qué nos pasará? ¿Perderemos el trabajo? ¿Cómo nos afectará a la crisis? ¿Podremos pagar el alquiler? Y poco a poco empezamos a ver la luz. Ahora sí.

Por motivos que ya le explicaré otro día, hoy he estado recorriendo el país y he hablado con bastante gente. Y lo que he recibido en las conversaciones es más inventario y planteamiento de futuro que presente. Y cuando empiezas a hacer balance del pasado, quiere decir que inconscientemente lo estás dejando atrás. Y vuelvo a decirlo, con la dosis máxima de prudencia.

El caso es que circular le ha permitido a este humilde juntaletras de la zona 0,5 comer en la terraza de un bar de la zona 1. ¡¡¡Después de 67 días, he vuelto a comer fuera de casa!!! He pillado lo que había, pero ha sido muy bienvenido:

BocadilloY antes de que me lo pregunte, era de lomo con queso. Cuándo lo he pedido, la chica me ha dicho: "¿El grande o el pequeño?". Y servidor ha hecho la clásica pregunta que siempre hay que hacer en estos casos: "¿El grande, es muy grande?". La respuesta ha sido: "Pssse, es largo, pero el pan es estrecho". Total, que hoy cenaré un poquito de fruta y un yogur.

Circulando por autopistas diversas he notado que, poco a poco, se va viendo tráfico. A ver, tráfico... Teniendo en cuenta que venimos del cero y que ahora estaríamos en un 30 sobre 100. Y tanto por el Eix Transversal dirección Lleida como por la A2 dirección Barcelona he visto circular muchos camiones. Cuando he pasado por el área del Bruc y he visto unas decenas parados en el aparcamiento no he podido evitar pensar en el trabajo que ha hecho esta gente. Mientras usted y yo estábamos en casa, desconcertados, sin saber qué estaba pasando ni que pasaría, los camioneros han seguido trabajando. Yendo arriba y abajo con las mismas dudas que nosotros, pero jugándosela. Ningún día nos han faltado de nada en los estantes y eso ha sido gracias a los camioneros, a los transportistas y a la gente que mueve la logística. Si los primeros días con el papel higiénico pasó lo que pasó, ¿Se imagina si un solo día no hubiera habido harina para que los panaderos hicieran pan, los estantes de las tiendas hubieran estado vacíos y en las verdulerías, carnicerías, pescaderías y pollerías no hubiera habido producto?

Algún día, como sociedad, nos tendremos que hacer un homenaje. Sin caer en la autocomplacencia del "que buenos que somos", pero no nos tiene que importar decirnos que hoy estamos donde estamos gracias al esfuerzo de todo el mundo. Unos salvando vidas, otros haciendo que no faltara ningún servicio básico (luz, agua, gas), otros haciendo que tuviéramos alimentos, otros de otros haciendo que eso siguiera funcionando y el resto quedándonos en casa para parar el virus. Más que nunca eso ha sido una immensa colla castellera donde el tronco luce, el enxaneta corona, pero en la pinya todo el mundo es necesario. Y a veces, los periodistas perdemos de vista este "todo el mundo". Se lo explico.

Volviendo de mi ruta estaba oyendo por radio la rueda de prensa de Fernando Simón. En un momento dado, Miguel Ángel Oliver, secretario de Estado de Comunicación y la voz que da paso a las diversas intervenciones, ha explicado que también reciben preguntas de ciudadanos a través de la red. Y ha transmitido una al director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias que cuando la he oído, ha sido como una bofetada de realismo. Una señora preguntaba si después de salir a pasear, hay que desinfectar las sillas de ruedas. Claro, ningún periodista de los que intervienen en las ruedas de prensa va en silla de ruedas. Ni tampoco va ninguno de los que redacta los consejos que cada día aparecen a los medios. Hay miles de personas que van en silla de ruedas y hasta hoy nadie había pensado que quizás a alguien le inquietaba la posible existencia del virus en una superficie que se toca mucho con las manos.

Simón ha agradecido la pregunta, ha hecho pedagogía y ha explicado que pasándole un trapo es suficiente. Y yo he recibido una lección. Porque esta pregunta tan importante para mucha gente, a mi no se me habría ocurrido nunca.