Abro la persiana. No llueve pero está nublado. Y con aquella sensación de que la hiperactividad de los primeros días, con todo el mundo dándonos consejos sobre películas y series para ver, libros para leer, hacer todo tipo de actividades en la red, etc., dará paso a la calma de la monotonía. Sería bueno acostumbrarnos al paso a paso y al ir haciendo. Hasta ahora teníamos que ocupar todo nuestro tiempo y quizás al final aprenderemos que no hace falta. Tal vez sea una de las enseñanzas de todo esto, entender que podemos estar sin hacer nada. Valorar el distraerse y no estar todo el día ocupando el tiempo en cosas, que la mayoría de las veces no sólo no son importantes sino que no son nada, y dedicarnos a observar y a pensar. Aprender a distraerse. No a hacer por hacer, sino a observar y pensar.

¿Puede ser que empecemos a tener saturación de información sobre el coronavirus? ¿Es posible que, ahora que hablamos tanto de la curva, la curva informativa empiece a indicar que falta poco para que 28 horas al día de coronavirus arriba y abajo sea un exceso? ¿Pronto tendremos que bajar la dosis? Pensaba en ello mientras iba a BCN a hacerme una prueba médica y un par de cosas más. No de coronavirus. La prueba. En los paneles de la autopista, un cambio importante. En vez de la cifra de muertos por accidentes ponen las cifras de infectados y muertos por el coronavirus. Dos detalles explican que en el mundo hay tantas realidades como personas: 1/ En el semáforo de Glòries de entrada a BCN por la C-31 siempre hay un señor pidiendo. Luce una larga barba blanca y por Navidad se pone una gorro de Papá Noel, cosa que lo convierte en el Santa Claus perfecto. Pues bien, hoy estaba allí, ajeno a la realidad. Desconozco la caja que ha hecho en un mundo sin coches. Y 2/ En el otro lado, en la puerta de un edificio de oficinas, varias personas fuman. Ni distancia de seguridad ni nada. Y además tirándose los unos a los otros el humo que les sale por la boca. Increíble.

Salgo de la prueba y en Roselló/Paseo de Gràcia me topo con un control de los Mossos. Me preguntan a dónde voy. Se lo explico, me dicen si me pueden ayudar. Les comento que no hace falta y el agente que hace de interlocutor me dice: "Pero cuando acabes, directo a casa, eh". Y eso hago, después de llevar alcohol y gel de manos a una persona que me ha dicho: "Qué pena que no nos podamos abrazar". Este será otro gran tema para cuando acabe todo, la incomunicación corporal. Yo ya aviso, una vez volvamos a la normalidad, los primeros días me pienso abrazar incluso con las farolas.

Mientras como recibo un mensaje de Mireia, una colega que es experta en investigación y análisis de la relación entre personas mayores y redes sociales. Dice así: "Una cosa que me preocupa es como se está estigmatizando a las personas mayores. De hecho, los medios de comunicación parece que sólo hablen de los 'abuelos' y las 'abuelas'. Olvidan que ser viejo/a no implica tener descendencia y olvidan que hay personas mayores que tienen que utilizar redes de apoyo que no son la familia". Pues sí, este quizás será otro de los grandes temas post-coronavirus, las personas mayores que no tienen hijos, o los tienen viviendo a 150 kilómetros de su casa, o en el extranjero. ¿Acabaremos viendo de forma habitual grupos de personas mayores que deciden vivir juntos y crear una comunidad "familiar"? Le pregunto a Mireia qué tema le pasa ahora por la cabeza y me comenta que "sería interesante analizar las redes de apoyo existentes entre personas mayores y como están usando WhatsApp, Telegram, Skype, etc. Me consta que hay grupos que se miran juntos un tutorial de gimnasia de Youtube, se conectan por Skype y hacen los ejercicios en compañía".

Pedro Sánchez anuncia rueda de prensa a las 15 horas. Aparece a las 15.35. Don Puntual ha mejorado. El último día el retraso fue de sólo 7 horas. Durante una hora vende humo, hace magia con los números, hace literatura, no concreta y dice cosas como: "Algunos seres queridos están sanos y otros no". Pues mire sí. Y si mi abuela hubiera tenido ruedas, habría sido una bicicleta. Cuando una compañera de El Punt Avui le pregunta sobre la demanda de cierre de la frontera con Catalunya, él suelta LA frase: "El virus no responde a fronteras". Muy bien, ¿entonces por qué ha cerrado la frontera terrestre con Francia, Portugal y Marruecos y la aérea con Balears? En aquel momento recibo mensaje de un exdiputado al Parlament que todavía tiene galones, y que reflexiona en el mismo sentido: "Pedro Sánchez, además del ordeno y mando y de aburrir a las piedras, no para de repetir que "el virus no entiende de territorios". Igualada y Òdena se cerraron (como al principio la Lombardía y otras zonas de Italia). ¿No cierra Catalunya porque entonces tendría que cerrar Madrid? ¿Por qué no cierra Madrid, a qué espera? ¿Quién no le deja tomar esta decisión y por qué? Por no compararlo con Merkel. Ella anunció un acuerdo con todos los Lander sobre unos principios y que cada uno lo aplique según las conveniencias inmediatas. Y las pocas puntas de medidas sanitarias que aparecen desde la alarma dan miedo a las autoridades de primera línea. De verdad eso es plurinacionalidad?".

A continuación mi amigo Jaume me envía otra gran pregunta: ."¿Tú entiendes por qué salen tres militares en las ruedas de prensa de la Moncloa? Y todos con muchas medallas. Tenía entendido que era una pandemia y no 'una guerra y la ganaremos'. Al virus se lo combate con solidaridad y no pormisgüebos. Y haciendo las cosas cuando toca, no una semana después que el resto y pretendiendo dar una imagen de control de la seguridad cuando eso no va de seguridad sino de virus. Y de decisiones personales de la gente".

Me marcho hacia el programa de la Melero (Tot es mou-TV3). La tele parece un desierto. No estamos en el plató habitual sino en uno de otro edificio. No hay maquillaje ni peluquería. La poca gente que está en plató, operadores de cámaras, regidor, audio, ambientación y producción, van con mascarilla y guantes. Dos de les tertulianos entran desde casa. Todavía no entiendo cómo ha salido un programa plagado de conexiones de todo tipo hecho desde un lugar medio improvisado. ¿Magia? Bueno, y alguno que otro de los que hay allí que saben de qué va la cosa. Cuando acabamos, la señora encargada de que el plató esté como una patena, desinfecta la mesa donde hemos estado.

En la puerta me encuentro a uno de los popes de deportes de la casa. Su frase es demoledora: "Gracias al coronavirus, la de pañoladas que se ha ahorrado Bartu". Y hablando de corona, habrá notado que hoy no he hablado del rey normal ni del emérito. Es que lo dejo para mañana. Con calma. Aprovechando que comparece a las nueve de la noche, le explicaré una cosa que viví en primera persona sobre la Casa Real y una portada de El Jueves censurada. Para mojar pan.