Subo la persiana. Hoy hace sol, pero anuncian lluvia para el domingo. O sea, que podremos salir a hacer ejercicio y a pasear al estilo Gene Kelly:

Salgo a comprar. Cada vez se ve más gente por la calle y hay más tráfico. Empieza a haber establecimientos hasta ahora cerrados que ya están con la persiana medio abierta, señal que dentro está volviendo la vida. Preparan el retorno la heladería-horchatería, la tienda de comidas preparadas, la de ropa para fiesta, la de objetos para el baño, la de deportes... Me encuentro a Fortunato, un napolitano-catalán y me explica que el lunes reabrió la pizzería. De momento sólo por las noches. Y poco a poco va corriendo la voz y empiezan a ir clientes. También me dice que me tiene que explicar con calma el pitote que ha tenido con uno de estos créditos oficiales que dan los bancos.

La papelería y la ferretería también han vuelto. Y se estrena una cafetería que pertenece a una de estas grandes cadenas de pan, pastas y café low cost a la que la pandemia li pilló en plenas obras. De remodelación. Del local que antiguamente había acogido Caja Sabadell, que después pasó a ser Unnim, después Caixa Catalunya y finalmente el BBVA. Y todo eso en sólo 9 años.

Lo que no está claro todavía es cuando podrán subir del todo la persiana estas tiendas que de momento la tienen a la mitad. El lunes tenía que empezar la fase 1, que realmente es la 2 porque había una fase cero, pero tiene pinta que en mi zona de confinamiento nos quedaremos donde estamos porque la Generalitat ha pedido hoy al ministerio de Sanidad abrir sólo Alt Pirineu-Aran, Terres de l'Ebre y Camp de Tarragona. A falta de saber la respuesta, paciencia y los que no estamos en ninguna de estas zonas a seguir haciendo una vida on-line.

Nos comunicamos, trabajamos, compramos y nos entretenemos on-line. Y aprendemos. Tengo varios amigos que están dando clases virtuales, tanto universitarias como de otros ámbitos, y me dicen que sin problema. Uno de ellos incluso me explica que ha notado a los alumnos prestando más atención, la materia se despacha de manera más fluida y se aprovecha más el tiempo. Sería pretencioso que yo diga ahora qué y como cambiará nuestra vida, básicamente porque no tengo ni idea, pero creo que una de las cosas que serán muy diferentes después de todo eso de ahora será la manera de transmitir el conocimiento. Y no sería descartable que en muchas carreras universitarias, las aulas acabaran pasando a la historia. En todos caso lo iremos viendo.

Pero hoy le quiero hablar del desconcierto de mi amigo el dentista y coincidente con una cosa que hace días no me cuadra. Su hijo, que también es dentista, oficialmente pasó el coronavirus. Tuvo todos los síntomas y cuando le hicieron la famosa prueba PCR, dio positivo. Perfecto. Debido a que es personal de riesgo, ahora se ha hecho la prueba serológica, que es la que a partir de una muestra de sangre busca detectar los anticuerpos que se generan si has pasado la enfermedad. Pues bien... le ha dado negativa. Por lo tanto según esta prueba, una persona con síntomas evidentes y diagnosticada, resulta que no ha tenido el virus.

Ni mi amigo ni yo somos virólogos pero él, que de medicina sabe un poquito más que yo, no se lo explica. Y, dándote vueltas, aquí lo único que puede haber sucedido es que lo que pasó al hijo de mi amigo fuera una gripe normal y la prueba fuera un falso positivo. El problema, pero, es que ahora él no sabe si puede trabajar o no porque ha pasado de no poder transmitir la enfermedad a que exista la probabilidad de ser un asintomático. Y en un trabajo como el suyo, eso es un riesgo no menor. Por lo tanto, si hay algún virólogo en la sala que nos pueda explicar el misterio, será muy bienvenido.

Mientras me lo explicaba me ha venido en la cabeza una noticia que había leído a primera hora. Los 100 mil tests rápidos comprados por la Comunidad de Madrid para realizarlos a los trabajadores sanitarios presentan una sensibilidad real del 79,4% y no del 92% tal como se había dicho en un principio y el 36% de los dados como positivos resultan ser falsos positivos. Pero es que, además, el porcentaje de pruebas a personas sin anticuerpos y que, por lo tanto, no habrían pasado la enfermedad, sube al 74%. Dicho de otra manera lo han pasado el 26%. En cambio, las pruebas serológicas hechas al personal sanitario del Hospital Clínico de BCN han dado como resultado un porcentaje de infectados de solo el 11,2%.

Al cabo de un rato he recibido un mensaje de mi amigo que trabaja en la SEAT pasándome los datos actualizados sobre los tests que les están haciendo a los trabajadores que se van reincorporando y que, recordemos, paga la empresa. A fecha de hoy, de los 5.893 tests PCR realizados, 9 han salido positivos (0,16%) y les falta saber el resultado de 559 pruebas. Con respecto a las 3.014 pruebas hechas a personal de empresas externas, los positivos son 25, un 0,83%. Volvemos a la fiabilidad o no de los tests, pero creo que estos porcentajes son muy bajos. Estamos hablando en total de 34 casos entre 9 mil personas, un 0,37%. Como al principio del todo nos dijeron que la mayoría pasaríamos la enfermedad con síntomas leves o sin ni saber que la habíamos pasado, una explicación sería que todos los negativos ya han pasado la enfermedad, pero no explicaría qué ha sucedido en el caso del hijo mi amigo. No lo sé, oiga, a mí no me cuadra nada y cada vez voy más perdido.

Entre esto y aquello que le explicaba ayer, que ahora resulta que es mejor no llevar guantes, pero en las tiendas de fruta te obligan a ponertelos, aunque ha salido un estudio que dice que el virus no puede encontrarse en los alimentos... Pues creo que iré a ver a Fortunato y me llevaré la pizza que me hacen a mi gusto: tomate, mozzarella, miel, queso de cabra y rúcula cruda (o sea, sin haber pasado por el horno). ¡A su salud! ¡Y a la de Gene Kelly!