Subo la persiana. Hace sol. Mucho. En el cielo y en forma de noticia. Dos amigas que estaban ingresadas en el hospital ya están en casa y pronto estarán recuperadas.
Hoy resaca por las normas de la desconfinamenta presentadas ayer por Pedro Sánchez. Pero resaca de las que no se va ni bebiéndose 200 litros de zumo de tomate (remedio que dicen va bien). Porque una vez más hemos vuelto a la improvisación. Es la sensación aquella que escogen las medidas por sorteo. Ponen en un bombo un montón de propuestas, lo hacen girar y van sacando decisiones. Ayer las diferentes fases se implantaban por provincias. Hoy, después de las quejas, están estudiando hacerlo por regiones sanitarias. Pero no en todos los lugares. Oigan, ¿no se reúne Pedro Sánchez cada domingo con todas las autonomías? Cuesta tanto decirles: "Miren, hemos pensado hacer esto, ¿qué les parece?". Y que todo el mundo presente sus objeciones, se pactan y listos. ¿Es sencillo, no?
Ahora iremos a las reacciones de los afectados por las no medidas, pero antes cumplo una promesa hecha ayer y comparto con usted una reflexión sobre nuestra nueva responsabilidad. Ahora ya podemos pasear a los chiquillos, el sábado podremos hacer deporte y pronto nos podremos sentar en una terraza. Eso quiere decir que nos tendremos que hacer responsables de las medidas que tomemos (o no) para no contaminarnos ni contaminar a los demás (o sí). ¿Tenemos derecho a no tomar ninguna medida, contaminarnos y ya nos espabilaremos? Sí, claro, hay gente para todo. Pero ejerciendo nuestra libertad individual condenamos al resto a sufrir la enfermedad y ocupamos una plaza en un sistema sanitario colapsado que debería ocupar una persona que sí ha tomado las medidas oportunas, pero que se ha contaminado por culpa nuestra. ¿Es justo? ¿Verdad que no? Y, sí, eso nos lleva al famoso debate de los antivacunas. ¿Usted tiene derecho a no vacunarse? ¡Claro! Todo el mundo puede morir como crea conveniente. Adelante. Pero si usted no se vacuna, puede provocar problemas de salud y la muerte a otras personas. Y lo digo porque el pasado fin de semana todavía oía en uno de estos programas de paraciencias y videntes que son un fraude, una inmensa mentira y una estafa como daban voz a una indocumentada que aún hoy defendía las teorías de la conspiración sobre las vacunas y ni fue detenida ni nada. Dicho esto, vamos a los afectados.
Ayer Pedro Sánchez presentó las cuatro fases para volver a la nueva normalidad. He preguntado la opinión a varias personas que conozco y que tienen establecimientos afectados por las medidas. Y eso es lo que me han dicho:
Ferran i Jordi regentan el histórico Caño 14, un popular restaurante especializado en pasta, pizzas y parrillada argentina. Ellos lo ven así: "No entendimos mucho lo que explicó y estamos hablando con la gestoría a ver qué aclaramos. Pero ahora mismo, para nosotros es inviable entrar en la fase de servir comida para llevar. Tenemos once sueldos y los gastos para tener abierto. Teniendo en cuenta que sólo podemos servir a personas situadas a un kilómetro y que no tenemos convenio con ninguna empresa de comida a domicilio, no nos sale a cuenta. En la fase 1, con el 30% del aforo, tampoco nos salen los números. Quizás nos lo plantearíamos si fuera posible tener la mitad de la plantilla y viendo si también abren el resto de locales de los alrededores. Si podemos abrir con una parte del personal, que la otra parte continúe con el ERTE, que nosotros vayamos trabajando y nos vayamos recuperando, y que vuelvan poco a poco, entonces sí".
Dario es el propietario de La Fonda Marina, restaurante especializado en producto de proximidad y de calidad. Él lo ve así: "Yo entendí que el Estado no tiene pasta para mantener los ERTO y por eso nos envían a todos a la guerra. Seguramente abriremos en la fase tres y hacia el 8 de junio, pero antes estamos preparando las medidas sanitarias e higiénicas necesarias. Tenemos muchas ganas de abrir, pero todo dependerá de cómo veamos el panorama y de cómo evolucionen los contagios".
Carles Bertran es panadero y además tiene una pequeña cafetería con una pequeña terraza en una calle muy comercial. "Abriré cuando aclare del todo las fechas de las fases. La cuestión es que el aforo de la terraza no está establecido por personas, sino por espacio. Tendré que tener abierto un tanto por ciento de sitio, pero no sé con cuántas personas. Ahora intento que el ayuntamiento me deje ocupar un poquito más de trozo para poner más mesas y compensar una parte de las que pierdo. Al menos durante la primera semana, que todavía no podré abrir dentro. En la primera fase, los bares sin terraza no podrán abrir, a no ser que los ayuntamientos respectivos permitan ocupar una parte del espacio público durante un tiempo estableciendo algún sistema".
Xavi es el propietario de la vinacoteca y cocteleria Enològic y dice que después de oír a Pedro Sánchez se quedó "igual o peor. E incluso más preocupado". Me explica: "No sólo no sabemos todavía cuándo podremos abrir, es que tampoco sabemos el aforo que podremos tener y si eso nos implicará tener que hacer gastos, como pasó con la famosa ley del tabaco, que todos acabamos perdiendo dinero haciendo unas obras que no sirvieron para nada. Y tampoco sé si puedo entrar en la fase del producto para llevar. ¿Qué pasa si hago gin-tonics y los sirvo en vaso de plástico? ¿Puedo o no?".
¿Y las peluquerías, qué? Cuando empezó todo dijeron que podrían abrir, pero una vez más ganó la improvisación y finalmente fue que no. Eduard Barbany regenta el establecimiento del mismo nombre donde trabajan él y su mujer. "Y como somos autónomos, hemos hecho el gran negocio. Dos meses sin poder trabajar, el Estado nos ha dado 640 euros y he pagado 400 de gestor". De momento, no tiene ninguna información sobre qué pasará, "salvo la de los chats de peluquería, porque el gremio es un desastre total y absoluto que nunca ha velado ni velará por nuestros intereses ni por los de la peluquería. Quienes nos ayudan y nos dan ciertos consejos legales son las empresas que nos suministran productos. Ahora damos las horas por whatsapp, como ya hacíamos antes y cogeremos dos personas por hora. Por suerte, tenemos un local grande y con terraza, por lo tanto, podremos mantener sin problema los dos metros de seguridad. Antes ofrecíamos una copa de vino o un café y eso lo eliminamos. Dicen que tendremos que llevar peúcos, pero todavía no está claro. Tampoco sé si los tendré que pagar yo o me los suministrarán, igual que las mascarillas y los guantes. Lo que nos preocupa es que nosotros estamos muy en contacto con el cliente y todavía no sabemos cómo nos lo tendremos que organizar. Supongo que con mucho tacto y con mucho cuidado. Ahora de lo que se trata es de empezar a facturar, que tampoco será mucho, pero poco a poco intentaremos remontar sin caer en el error de pedir un crédito, porque sólo nos faltaría eso".
Y finalmente he hablado con Marta Ferrer, propietaria del centro de belleza Mediterrània Artesans del Benestar. No tiene muy claro cuándo podrá abrir, porque, explica: "No sabemos qué medidas de seguridad tenemos que cumplir. Subiré la persiana cuando pueda dar seguridad y tranquilidad a mis clientes, no cuando lo diga el Gobierno. Ahora ya no me viene de una semana. Yo me he espabilado haciendo un curso de la OMS y preguntando a médicos y a enfermeras que son clientes y así me estoy haciendo un protocolo propio para protegerme a mí, a mi trabajadora y a mis clientes. Sobre todo a base de sentido común. Pero todavía hoy no sabemos qué mascarillas son las válidas y si tenemos que ir o no con peúcos. Y todavía no tengo todos los EPI que pedí. Lo que no tiene sentido es que nosotros, que somos los que más tocamos al cliente porque les hacemos masajes, seamos los primeros en poder abrir. No es lógico. Eso será la casa de tócame Roque y hay riesgo de infectarnos. Es triste pero estamos totalmente desprotegidos. Ah, y mi trabajadora, que tiene una niña pequeña, ¿cómo tiene que venir a trabajar si no tiene dónde dejarla? Las guarderías están cerradas y los abuelos son población de riesgo. ¿Cómo lo hace y cómo lo hago? No hice ningún ERTE y le estoy pagando el sueldo teniendo cerrado".
Pues ya lo ve, este es el panorama. La conclusión es que nadie sabe mucho qué sucede y todo el mundo irá tirando. ¿Tenemos que volver a la normalidad? Claro. Pero haciendo las cosas bien. El problema es que, como siempre, improvisamos demasiado. Esta vez es evidente que también. Primero tienes que tener claro cómo harás las cosas y después las tienes que anunciar. Nunca al revés. Porque entonces es propaganda. Y con la cifra de muertos que hay (y que habrá) necesitamos muchas cosas, menos propaganda. Y si la gente no sabe qué tiene que hacer, corremos el riesgo de que en tres semanas tengamos que volver a confinarnos y deshacer todo el camino andado hasta ahora. A no ser que el esperado calor le de una ayudita a los improvisadores y les salga bien la carambola.