Suena el despertador. Abro la persiana con la misma expectación que aquellos días en que han anunciado una nevada de madrugada y cuando vas corriendo la cinta y poco a poco va entrando la luz. piensas: "¿Estará todo blanco?". Esta vez, pero, pienso: "¿Quedará vida, ya no inteligente, sino de la otra, lo que sería vida en general"?. Y sí. Y por muchos años.
Pongo la radio. El conseller Buch (Interior) está en RAC1 y la consellera Vergés (Salud) en Catalunya Radio. Buch explica que restaurantes y bares tienen que cerrar y el pequeño comercio y los bancos pueden abrir porque de lo que se trata es de evitar grandes aglomeraciones. Verges dice que algunos hoteles podrían ser usados como hospitales improvisados. Abro twitter y me tengo que pellizcar cuando veo eso:
Con el cuerpo ya morado, llego al vídeo. Porque el texto incluye un vídeo ES-PEC-TA-CU-LAR y SEN-SA-CI-O-NAL. Ha sido verlo y quedarme sin partes blandas (ni duras, ni mixtas) para seguir pellizcándome:
Lo más sorprendente es que un tipo tan valiente, tan machote, tan alfa y con tanta puntería haya acabado borrando el tuit a media tarde. Bien, quizás ha influido, aunque sea un poquito, el tuit de la embajada china en Madrid:
Salgo de casa a comprar cosas para una persona confinada que está con fiebre. La calle es como uno de aquellos domingos que pueden abrir las tiendas, pero al revés. Están cerrados los establecimiento que hacen rebajas y están abiertos los que siempre tienen un precio estándar. O sea, los de comida, las ferreterías, las farmacias y los bares, pero en versión "para llevar". Y hablando de ferreterías, el hermano de un amigo mío (Jaume), tiene una. Hace días que no le quedan mascarillas de las usadas para pintar. El problema es que la gente no las utiliza para pintar sino para protegerse. No sé de qué, porque del virus seguro que no. A no ser que quieras pintarlo. Al virus. Mientras pienso en ello, me encuentro con un interesante cartel de uno de los bares de chinos que ha cerrado:
Pero mientras él descansa, su terraza continúa activa. Una familia de 4 miembros se han comprado unas latas de cervezas y unas bolsas de patatas y allí están tan fantásticos tomando el sol. Tres calles más allá dos miembros de la Guardia Urbana intentan que la propietaria de un bazar chino baje la persiana. Sin éxito. La señora, en medio de la calle, grita mucho. Los dos uniformados intentan calmarla. Ella señala repetidamente el establecimiento del lado mientras dice "El tiene abierto, ¿por qué yo no?". El establecimiento de al lado es un supermercado. Y no precisamente pequeño. Y la normativa aplicada dice que puede estar abierto. Mientras discuten, pasa un taxi. El conductor va con mascarilla. Los urbanos dejan a la señora bazar por imposible con un: "pues mire, le ponemos la multa, le abrimos un expediente y ya está".
Paso por delante de una farmacia. Han puesto unas cintas lilas que separan a los clientes de los mostradores. A la altura del pecho, más o menos. Entra gente, pero mucha ya ni lo intenta cuando ve la pizarra que hay en la puerta:
De lejos veo un autobús de donación sangre. Y pienso: "¿Hoy? Pero seguro que eso será un fracaso. ¿Quién quieren que venga? Pues bien, sí. A las 2 menos cuarto de la tarde, seis personas hacen cola. Con un metro de distancia entre ellas y esperando tranquilamente su turno. Como también hacía cola la gente que esperaba a la puerta de la panadería. Ordenadamente. Con paciencia y manteniendo las distancias.
Son las dos del mediodía. Es la hora en que está anunciada la rueda de prensa de Pedro Sánchez para explicarnos las medidas que piensa aplicar. Pero no, la retrasan a las 15 horas. Pero tampoco. La siguiente convocatoria es "a lo largo de la tarde". Ciertamente eso genera mucha confianza, sí. Oiga, si no tienes que ser puntual, no hay que decir ninguna hora. No pasa nada. Porque si la vas cambiando, provocas incertidumbres, especulaciones y una inmensa sensación de desbarajuste. Paso la tarde esperando la comparecencia. Y nada. De nada. A las 19.15 anuncian que finalmente será a las 20 horas. Y tampoco. Después que a las 20.30. Y no. Al final empieza alas 20.59, justo la hora de los informativos. Me doy a mí mismo los cinco euros que me había jugado.
La comparecencia no me da ninguna confianza. Sánchez habla afectado. No es natural. Quiere darle una trascendencia que es impostada. Le resumo lo qué dice: no podremos salir de casa bajo ningún concepto, pero sí si vamos a trabajar, a comprar, a la peluquería, a la tintorería, al estanco, a pasear el perro (en eso ha insistido mucho)... Pero no a ver amigos, a la playa o de fiesta. Durante 15 días. O sea, como desde ayer en las 00.00 ya estábamos en Catalunya. O sea que paciència, y que mañana volverá a salir el sol. Ah, y de la lectura política de la comparecencia ja hablaremos mañana com calma, que hay tiempo. De sobras.
