Subo la persiana. Hace sol y es domingo. Domingo, domingo, domingo. Y no, no es lunes ni esto es una guerra. Y como qye es domingo, Paco de Falset me envía una foto del arroz que empieza a preparar para comer. Y como que es domingo Carles de Premià de Mar irá a comprar un pollo a l'ast. Porque es DO-MIN-GO. Todo el día. Es domingo y es la economía, estúpido.
Un colega me dice esta mañana: "¿Cómo es que ayer no hablaste de la comparecencia de Pedro Sánchez?". Pues porque colgué la crónica antes de que empezara. Quería oírlo con calma a ver qué. Y suerte que lo hice así porque si no hubiera publicado a las 3 de la madrugada. Pedro el Breve, sí. Pero como hoy ha vuelto a comparecer, vamos a ello.
Es muy difícil estar charlando más de una hora y no decir nada. Aunque sea por error, puedes acabar diciendo alguna cosa. Pues no. Pedro "siempre va una semana tarde" Sánchez se está rato y rato diciendo palabras llenas de vacío y perpetrando frases de libro de autoayuda de la feria del botijo, que como su nombre indica es de botijos, no de autoayuda. Él se empeña en no querer cerrar las empresas no imprescindibles y cuando le preguntan por la cuestión, esquiva la respuesta con un "hemos tomado las medidas más duras". Y no, España no ha tomado las medidas más duras, no es cierto. Y repetirlo en cada comparecencia no lo convierte en cierto. No contesta a la pregunta y seguidamente da cifras de ocupación del AVE o de consumo de queroseno. Oiga, en Italia, aquí al lado, primero confinaron zonas y ahora ya han cerrado todo lo que no sea imprescindible. Aquí no. ¿Por qué? Creo que nos merecemos una respuesta.
Estamos confinados en casa. Y lo estaremos mucho tiempo. Es un esfuerzo personal, psicológico y pronto económico muy duro. Mucho. Y estaremos más tiempo que si se hubieran hecho algunas cosas cuando tocaba. Nadie tiene soluciones mágicas a una cosa nunca vista, pero Sánchez se niega a hacer cosas que ya han hecho otros y que quizás acabará teniendo que hacer él dentro de 3 días. O de 5. Y entonces, en vez de un confinamiento por X tiempo, tendremos que hacer un confinamiento de X + el tiempo extra de llegar siempre una semana después. ¿Por qué esta tozudez? ¿Quién o qué le prohíbe tomar esta decisión? ¿Por qué no contesta la pregunta? Si el Gobierno considera que es inasumible pararlo todo, tendría que explicárnoslo. "Miren, lo hago por eso, por eso y por eso". Y quizás no estaríamos de acuerdo, pero al menos sabríamos la causa. Y también estaría bien que nos dijera cuál es la cifra de muertos necesaria para tomar esta medida.
Otro problema es como lo transmite. O, mejor decir, cómo no lo transmite. Patricia Centeno lo decía en un tuit: "Sólo una mirada serena permanente mientras verbaliza lo dramático de la situación y lo que llegará. Y al final, sonrisa de esperanza (fuerza emocional). No hace falta más cuando eres un líder #bodylanguage #coronavirustyle. Y ponía este vídeo.
Se refería a Justin Trudeau, primer ministro canadiense. Compare, compare qué dice, cómo lo dice y cuánto rato necesita para decilo, con qué dice, cómo lo dice y cuánto rato necesita para decirlo Pedro "siempre llego una semana tarde" Sánchez.
En plena comparecencia de este mediodía, he recibido mensaje de Pere de Cal Neguit, ya sabe este colega que tiene puesto de verdura en la Boqueria de BCN. Estaba indignado: "Nosotros y otros como nosotros nos jugamos la piel para servir producto fresco a la población y nos tenemos que cruzar con gente que va a trabajar porque no tienen ningún otro remedio. Los obligan a hacerlo y ellos no tienen ninguna culpa. ¿Cuándo confinará el puto país"?.
Más tarde, me ha llegado mensaje de la investigadora social quien, por cierto, tiene compañeros en el Canadá poco partidarios de Trudeau, pero que reconocen su liderazgo. Me transmite la conversación que ha tenido con un amigo suyo sobre trabajar en casa. El resumen sería, más o menos este: Empezaron con un exigente "Hey, que eso no son vacaciones, o sea que espabiláis que si no a la vuelta no nos pondremos al día", pero ahora parece que la cosa se ha relajado. Pretendían que la gente trabajara como si fuera una época normal y con la misma productividad y no, ni es una época normal ni las condiciones son normales. Y cuantas más semanas pasen, peor. Y me lo remata con esta frase: "No somos máquinas pero hay empresas e instituciones que se creen que lo somos y asumen que confinamiento es igual a trabajar todavía más".
Y, quizás, esta última frase es la respuesta a las decisiones que no está tomando Sánchez. Efectivamente, "es la economía, estúpido," la frase con que Bill Clinton consiguió ganar las elecciones del 1992 frente un George Bush padre que lo centraba todo en la política exterior. Pero Sánchez y su gente todavía desconocen que los virus no saben nada de economía. Esperemos que cuando se den cuenta de ello no sea demasiado tarde.
Y así ha pasado un nuevo día, el que hace 10 de no sabemos cuántos. Pero cada vez tenemos más claro que serán muchos. Y para intentar soportar la espera, nada mejor que el diario tuit de los Mossos explicando momentos ciertamente esperpénticos del comportamiento humano. Hoy, este:
