Si no hay ninguna novedad, el lunes se presenta en BCN el libro "Las cloacas del Estado. Guerra sucia y corrupción en España". Para ayudar a la difusión y venta de este repaso que Jaume Grau da en las cloacas españolas desde sus inicios hasta la Operación Catalunya, el Estado ha decidido hacerle el máximo de publicidad. Y es este el motivo por el cual los últimos días nos ha hecho una completa visita turística por sus túneles más oscuros a la vez que concurridos.

Bajando desde el nivel calle encontramos a mano derecha la zona de odio. Y todavía más a la derecha, la zona de filtraciones. "El espacio odio" consiste en una ofensiva judicial contra cualquier persona, animal o cosa que diga, escriba o dibuje la más mínima crítica contra el sistema. Automáticamente queda acusado del delito de odio y unas veces la cosa acaba en prisión, otras en multa y algunas en nada. De este último caso tenemos el ejemplo de hoy mismo relativo a una demanda contra Jordi Gálves, que ha quedado muerta y enterrada en un juzgado de Cornellà (habrá comprobado cómo el uso del femenino indica que quien ha quedado muerta y enterrada ha sido la demanda, no Jordi).

El espacio odio tiene como objetivo acojonar a todo el mundo que se dedique a opinar o a criticar en cualquiera de sus formas y provocar el peor de los castigos para un autor: la autocensura.

Cruzando la zona de odio, llegamos a la de filtraciones. Esta tiene muuuchos túneles que llevan a varios departamentos. Cada uno dedicado a un negociado. La parte dedicada a Catalunya ocupa ahora mismo la mayoría de los metros cuadrados. Está aquí donde se elabora toda la mierda que después se usa contra personas e instituciones catalanes. Y se hace de una manera artesanal siguiendo antiguas recetas de la Gestapo que pasaron al franquismo y han llegado hasta hoy (no lo digo yo, lo demuestra el libro del que le hablaba al principio).

De aquí salió el Caso Trias, la mayoría del Caso 3% y aquellos registros de las sedes de CDC con todas las cámaras de TV en su sitio esperando la llegada de la Guardia Civil por "sorpresa", la mayoría del Caso Pujol, "la fiscalía te lo afina", etc. Y de aquí ha salido el caso de que hoy nos ocupa, el de la conversación que han filtrado de Lluís Salvador y en la cual nos paramos un momento.

El Caso Salvador es como una lasaña. Tiene varios pisos y conviene no mezclarlo todo. Por lo tanto, vamos por partes:

1/ El contenido de la conversación es lamentable e impresentable. Y no me vale como excusa aquello de "todos decimos barbaridades en conversaciones privadas". Sí, pero un político que estaba donde estaba Lluís Salvador tendría que saber que tiene el 99% de posibilidades de tener el teléfono pinchado. Por lo tanto, lo primero que habría tenido que hacer era dimitir. Y después ya veríamos la gestión del tema.

2/ Es ilegal difundir conversaciones privadas, y más esta que no tiene nada que ver con el "procés" y que no aporta nada al caso.

3/ ¿Esto es lo más fuerte tienen para empezar a lanzar mierda?

4/ Qué casualidad que aparezca este comentario machista al día siguiente que al PP le haya estallado en la boca el éxito de una vaga feminista que despreciaron.

5/ La sociedad condena más un desafortunado comentario machista que una conversación entre dos corruptos. No opino, sólo constato. Y no digo que sea ni bueno ni malo.

6/ ¿Qué más saldrá desde el famoso juzgado número 13 de BCN por arte y magia de las misteriosas filtraciones?

Pero es que el "Caso Salvador" es la guinda de una semana en la cual hemos tenido otras filtraciones de las cloacas. Destacan dos. Una es la del "Caso piso franco", consistente en que unos supuestos servicios secretos catalanes se dedicaban a reclutar gente para espiar políticos a cambio de 700 euros y un contrato con sellos oficiales y todo (hacer un contrato a un espía lo encuentro memorable). Y eso lo hacían en un "piso franco" de la calle Numància de BCN. El tema murió cuando se supo que los reclutadores eran unos tipos que querían ligarse el único Mosso que intentaron reclutar, que el piso franco era casa de la madre de uno de ellos y que los dos fueron detenidos.

La otra filtración de loaca, y que va ligada a esta, es el caso de la incineradora de Sant Adrià. ¿Hacemos memoria? El CNP interceptó una furgoneta de los Mossos llena de documentos que tenían que ser quemados. La teoría del Estado es que eran papeles confidenciales que se querían hacer desaparecer. La respuesta de la Generalitat es que eran papeles que tocaba quemar para dejar paso a otros y que los más relevantes tenían una copia digital convenientemente guardada.

El primer intento del caso incineradora fue la segunda parte de The Nota. Se dijo que la famosa nota de la CIA a los Mossos avisando del atentado de BCN (nota que nunca existió y que un director de periódico falsificó y publicó en la portada de su diario) sí que existía y que era uno de los papeles que se quería hacer desaparecer. Y se ve que, en vez de destruirla en la comisaría, en la conselleria o donde fuera, quemándola en un cenicero, hacía falta pasearla por la ciudad y llevarla a quemar a un lugar donde te podían pillar. Al final se demostró que del documento hay copia y que no prueba nada de lo que dijeron que probaba.

Esta semana ha sido el segundo intento consistente en filtrar que los principales dirigentes de Convergència se reunieron el 25 de noviembre del 2011 para hacer una hoja de ruta que tenía que llevar Catalunya a la independencia. ¡Imagínese qué gordo y grave delito! Tant grande que la gran noticia no aguantó de pie ni un día. Pero el objetivo ya estaba conseguido. Las modernas cloacas del Estado no buscan mierda para tirarla contra el rival sino que la crean y hacen que la publiquen los periodistas amigos. Y al final 1/ la opinión pública ya no sabe lo qué es verdad y lo que es mentira y 2/ el afectado tiene que defenderse de cosas que son mentira y tiene que probar que no lo son. ¡Memorable!

Total, que el lunes presentan un libro sobre cloacas del Estado del cual ya podría haber una secuela: "Las cloacas del Estado, segunda parte. La cosa continua".

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