Pues ahora ya lo sabemos, cuando tengamos síntomas de la COVID-19, directos hacia el Juzgado de Guardia de Lleida. Allí hay una jueza sustituta en funciones que es una eminencia mundial en virus y pandemias. O sea, aparte de tocar la cosa legal, sabe más de sanidad que las autoridades sanitarias y, por lo tanto, tiene el suficiente criterio como para discutirles si un confinamiento es proporcionado o no. Siguiendo criterios epidemiológicos, por supuesto.

Es por este motivo que la señora se ha animado a escribir en un auto frases como "según las cifras presentadas entendemos que la restricción domiciliaria que se presenta entre otras limitaciones, no es proporcional con los datos expuestos", o bien que no se le aportan suficientes datos como para poder determinar si existe o no "una peligrosa transmisión comunitaria". Claro porque ella sabe tanto de la cuestión que se mira los datos que se le aportan y, patapam, inmediatamente ve la virulencia de la transmisión o es capaz de valorar la proporcionalidad o no de los casos. Porque, como todo el mundo sabe, la ley va más rápida que los virus. Y de hecho, Dios creó la ley el primer día y los virus ya vinieron el sábado por la noche.

Hubo un día en que determinados miembros de la administración de justicia se atrevieron a hacer como algunos restaurantes. Los unos tienen platos fuera de carta y los otros opiniones fuera de ley. Y es así como aquí cualquiera se cree autorizado a opinar si alguien que está en prisión se lo tiene que reeducar o no, si tiene o no problemas cognitivos, o si para dictaminar una cuestión de limitación de libertades tiene los conocimientos como para entrar en un debate sobre salud.

¿En el primer cierre de Lleida y el Baix Segrià se improvisó? Sí. Lo que aquel viernes por la tarde era blanco, a primera hora del sábado por la mañana fue negro. ¿Y en la rueda de prensa de este domingo por la tarde, donde los consellers y del resto de representados anunciaron el endurecimiento de las medidas, quedaron demasiadas cosas sin aclarar? Quedaron. No, ayer no se explicó bien el confinamiento domiciliario. No quedó claro si Lleida y alrededores quedaban en fase cero, cero y medio o 35. ¿Y había base legal para aplicarlo? Yo no entiendo del tema y, por lo tanto, no tengo ni idea. Hay expertos que dicen que sí y hay que no. Por lo tanto, la señora jueza debería haberse limitado a hablar de su libro y evitar meterse en unos jardines colgantes de Babilonia donde incluso ha sido desautorizada por el ministro de Sanidad, Salvador Illa.

El caso es que el Gobierno traspasó la gestión de la pandemia a las comunidades autónomas, pero estas no disponen de los mecanismos legales para aplicar las medidas que consideren necesarias. Y eso puede provocar la vulneración de derechos fundamentales. Y este era el tema que tendría que haber ocupado a la jueza sustituta, no crear la nueva expresión: "Yo no soy viróloga, pero venga a mi juzgado y pregúnteme qué quiere saber del tema".

Todo eso, horas antes que el gobierno de Aragón haya decidido retroceder a fase dos Zaragoza capital, Comarca Central y Huesca ciudad, que es el 70% de la población de la comunidad. Pero claro, allí no ha aparecido ni la Fiscafina, ni ninguna jueza viróloga enredando la madeja y provocando que hoy 160 mil leridanos (y leridanas) se hayan levantado sin saber qué podían hacer, ni donde podían ir, ni con quien, y en vez de aplicarse la ley, se hayan autoadministrado tremendas dosis de sentido común.

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