El gran momento es todas las ciudades candidatas reunidas en una sala. Aparece el presidente del Comité Olímpico con un sobre, lo abre y dice el nombre de una ciudad. Y la representación oficial de la ganadora, allí presente, estalla de alegría. Y a las ciudades perdedoras les queda la cara que nos ha quedado a Madrid ya tres veces. Dos siendo yo el alcalde, cuando aspiramos a organizar los JJ.OO. del 2012 y los de los 2016, y el otro, la candidatura del 2020, con aquella Ana Botella que nos regaló un memorable discurso que todavía ahora se recuerda. Sobre todo lo recuerdan los que intentaron, sin mucha fortuna, entenderla.

Sin embargo, qué quiere que le diga, creo que visto el actual panorama existente en Río y las ganas que tienen en Tokio para de aquí cuatro años, aquellas derrotas fueron victorias.

¿Se imagina qué habría pasado si los juegos de Río que Madrid proponía como los de la mano abierta se estuvieran haciendo ahora en la capital española? ¿Nos imagina organizando los juegos del 2020, los de la "corazonada"? ¿Cómo sería la historia de haber ganado el nombramiento? ¿Qué estarían haciendo Rajoy, Rivera, Sánchez e Iglesias? ¿Habría habido dos elecciones? ¿Cómo estaría el tema catalán? ¿En qué situación encontraríamos la economía española? ¿Y el déficit? ¿Y la crisis? ¿Y las hiperpoderosas empresas del Ibex? ¿Habría abdicado el Rey? ¿Se habría detenido el colapso estructural de la España de la transición? Con miles de millones de euros en adjudicaciones circulando alegremente, ¿habría bastantes prisiones para tanta corrupción? Sería bonito saberlo, ¿verdad?

De momento una cosa que sabemos a ciencia cierta es que aquellos sueños costaron a los españoles (y a las españolas) unos 15 mil millones de euros. Y cuando digo "unos" significa que no se sabe cuántos fueron exactamente porque nunca quise decir la cifra exacta. No sé, quizás cuando se haga una comisión de investigación se acaba sabiendo la verdad. Pero, y si se supiera, ¿qué? No pasaría nada. Porque con según qué temas, en España nunca pasa nada.

Total, que con aquel dinero, del cual todavía se debe un 80% en créditos bancarios, pagamos, por ejemplo, "La Caja Mágica", un pabellón de 300 millones de euros en funcionamiento y el único edificio olímpico acabado, donde cada año se hacen, apunte: un torneo de tenis y algún partido de baloncesto. Y pare de contar. También pagamos lo que tenía que ser el estadio olímpico, La Peineta, todavía a medias, pero que si nada se tuerce, será el estadio del At de Madrid... previa venta de los terrenos de su actual estadio. El centro acuático, también a medias y abandonado en medio de la nada, donde nadan 50 millones de euros. Y el Madrid Arena, de 150 millones y que, a pesar de la tragedia, todavía es rentable... pero como centro de congresos.

Como ve, una fiesta donde no faltó de nada ni nadie...

Una fiesta que si nos hubiera salido bien... ¡Ay, si nos hubiera salido bien! Qué gran inyección habría sido para acabar de imponer el proyecto de nacionalismo español aznariano... ¡¡¡Y con dinero público!!! ¡¡¡Y la gente encantada!!! ¡Qué mala suerte tuvimos!