El drama de la confesión de la deixa de Jordi Pujol fue inmenso en buena parte de la sociedad catalana, ya que Pujol se había erigido —aún más desde que dejó la presidencia once años antes— en una suerte de referente moral del catalanismo y del propio país. Por muchas sombras que tuvieran sus gobiernos, estas siempre se referían a otros. Él no se podía haber embolsado dinero. Que lo hubiera tenido en Andorra, por mucho que fuera una herencia de su padre, fue un choque tan terrible para mucha gente que el propio Pujol entendió que tenía que irse a purgar sus pecados. Y contaba a todo el mundo que quería verle pasajes bíblicos para explicarse. No fueron un padrenuestro y tres avemarías. Su penitencia fue algo más larga. También en su partido lo entendieron. Le retiraron todos los honores. Y, erróneamente, incluso cambiaron de nombre.

Juan Carlos I quizás no era un referente moral de la misma forma, pero el relato de la Transición y el 23F se hicieron a medida para que la monarquía fuera ese referente para muchos ciudadanos españoles. La cacería en Botsuana en plena crisis económica, y todo lo que se ha sabido después, reventaron también este referente. Hasta el punto de que Felipe VI ha tenido que remar e inventarse discursos como el del 3 de octubre para tratar de recuperar ese papel. La monarquía no cambió de marca, pero cambió de rey.

José Luis Rodríguez Zapatero era al PSOE y a la izquierda en general lo que Pujol al catalanismo y Juan Carlos a la monarquía. Un referente moral. Por los derechos que legisló, por el fin de ETA o por el trabajo posterior que realizó como expresidente apoyando lo predicado. La llamada 'España plural', que fue más plural que nunca en la moción de censura y en los apoyos actuales de Pedro Sánchez. No sé si Sánchez, a su vez, es un referente moral. Él juega a eso. Porque trabajarse la imagen de ser el líder mundial que más se opone a Donald Trump o a Benjamin Netanyahu tiene mucho de eso. Y haber llegado al gobierno la primera vez con una moción de censura contra la corrupción del PP, también.

Por eso, la imputación de Zapatero ha dejado un cráter nuclear. Porque era un referente moral del actual PSOE, de la izquierda y de parte de la llamada España plural. Y porque se suma a los casos Ábalos y Cerdán. Y toda la corrupción —presunta o cierta— que le va rodeando le está llevando a una debilidad que quizás no pueda aguantar ni al autor del Manual de resistencia.

La imputación de Zapatero ha dejado un cráter nuclear, porque era un referente moral del actual PSOE, de la izquierda y de parte de la llamada España plural

Este problema del referente moral —al menos del estilo del que hablamos— no lo tiene el PP ni Vox, y ni siquiera Felipe González. Lo tienen de otra forma. José María Aznar es el señor de las Azores y de "a mí no me diga cuántas copas me tengo que beber". Santiago Abascal encarna a otro tipo de referente. Primero, los nacionales. Felipe González no puede escapar, al fin y al cabo, de la sombra de los GAL o de Luis Roldán. Se sitúan todos en otro aspecto, mejor o peor, de la moralidad. Y pueden añadir a Isabel Díaz Ayuso, que tiene como referente de la libertad tomarse unas cañas.

Así que aquí está la importancia del caso Zapatero para el futuro inmediato del PSOE. Como decía Mike Tyson, todos los boxeadores tienen un plan hasta que reciben el primer puñetazo en la boca. Sánchez ha recibido muchos, pero si supera este, deberá añadirse a los clásicos del cine de supervivencia junto a DiCaprio en The Revenant, a Tom Hanks en la isla desierta, a Matt Damon abandonado en Marte y, sobre todo, a Naomi Watts en el tsunami de The Impossible. Juan Antonio Bayona ya puede ir redactando el guion.