Ejercicio de imaginación. Suponga un país cualquiera del mundo donde una persona denunciara un caso de corrupción muy importante. ¿Qué cree que pasaría con esta persona? En un país normal se supone que esta persona tendría que estar protegida por el Estado, que somos todos, como manera de agradecerle haber evitado que unos ladrones disfrazados de políticos nos roben nuestro dinero.

Pues bien, imagine en qué país puede haber sucedido que la denunciante de uno de los casos de corrupción más importantes 1/ fuera despedida de su puesto de trabajo, que era desde donde veía pasar la corrupción y los corruptos, 2/ estuviera varios años sin trabajo porque nadie quería contratarla, 3/ tuviera que hacer de okupa porque no tenía donde vivir, 4/ tuviera que gastarse más de 80 mil euros en abogados, procuradores y juicios derivados de su denuncia, dinero que pudo pagar gracias a la indemnización obtenida por despido improcedente, 5/ recibiera amenazas de muerte y ataques en su domicilio particular y 6/ sufriera una campaña de difamación de un medio que se financió con dinero negro proveniente de las actividades corruptos del PP.

Y ahora que ha imaginado todo eso, mire el tuit que hace unos días publicó la señora Ana Garrido, ex trabajadora del ayuntamiento de Boadilla, ciudad epicentro de la Gürtel, y desde donde denunció el caso de que la llevó a ser testigo de la Fiscalía Anticorrupción en el juicio correspondiente:

Garrido

Ciertamente casos como este te provocan unas enormes ganas de denunciar posibles casos de corrupción que sucedan ante tus narices. Usted denuncie y no sufra que el sistema le arruinará la vida. En cambio si usted forma parte del sistema y pierde el trabajo, la vida le sonreirá porque siempre es posible hacer alguna trampita legal que otra. Una trampita tan legal como inmoral y faltada de un mínimo de respeto por las instituciones, que también es una manera de corrupción.

Javier Maroto es vicesecretario de Organización del PP. El señor Maroto se presentó como cabeza de lista de su partido por Araba en las elecciones del 28 de abril. Y el señor Maroto no obtuvo los votos suficientes para obtener el acta de diputado. Pero, ¿sabe qué brillante idea ha tenido su partido para solucionar este pequeño contratiempo? Pues empadronarlo en un pueblo de la provincia de Segovia y elegirlo senador de Castilla-León por designación autonómica.

O sea, Maroto se queda fuera de las instituciones porque la gente no lo vota y la solución es hacer ver que vive a más de 300 km del lugar donde se presentó como candidato y así poder hacerlo senador por la vía digital. Hombre (y mujer), ¿mucho mejor eso que trabajar por 4 euros la hora en una tienda de Malta, verdad?

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