Ya hace unos tres años, asistí con mis hijos y sobrino a una feria lúdica con el objetivo de participar en un juego de ciencia ciudadana denominado Dr. Brain. Conocía a los que organizaban esta experiencia, sabía que necesitaban datos de gente real, y yo estaba plenamente inmersa en la época de intentar interesar a adolescentes inquietos por las ventanas de conocimiento que nos abre la ciencia. De hecho, era muy consciente de que se trataba de un experimento colectivo, fuera del laboratorio y del ámbito universitario, en medio de gente de todas edades, géneros y condiciones, y se puede decir que me atraía hacer de "rata de laboratorio" en el sentido literal. Por una vez, yo no analizaría datos, sino que generaría datos. Se trataba de resolver una serie de problemas de estrategia en que competíamos/colaborábamos con otro jugador (juegos diádicos, con dos jugadores) y en los cuales se nos ofrecían varias opciones de respuesta, con diferentes ganancias y pérdidas para cada jugador, según la opción escogida. A partir de los datos obtenidos de las respuestas de todo el mundo, se pueden aplicar algoritmos matemáticos para analizar cuestiones clave del comportamiento humano ante dilemas en que los humanos podemos optar por varias soluciones y nuestro éxito/fracaso también depende de las opciones escogidas por el otro jugador.
Las preguntas que nos podemos hacer (y que los investigadores se plantearon al diseñar el experimento) son: ¿respondemos los dilemas en función de características personales (talante)?, ¿respondemos debido a intereses más o menos confesables, o como producto de nuestra educación? o ¿resolvemos estos problemas de forma racional y óptima después de sopesar ganancias y pérdidas? La respuesta racional y óptima es la que nos proporciona la rama de las matemáticas denominada Teoría de Juegos (o Game Theory, uno de sus principales desarrolladores fue John Nash, cuya historia nos fue presentada en la novela y película A beautiful mind). No se trata sólo de decidir, sino de calibrar: ¿priorizar el beneficio individual o el colectivo?, ¿maximizar la ganancia o minimizar la pérdida?, ¿competir o cooperar? Empatizar, proyectar, extrapolar... Os puedo decir que perdí la gran mayoría de los juegos porque yo escogí sistemáticamente la respuesta que implicaba cooperar, aunque las ganancias fueran menores, mientras que muchos de los jugadores con los que me enfrenté "me dieron por el saco" porque sus decisiones iban a maximizar sus ganancias a pesar del riesgo inherente a perderlo todo.
Estudiar cómo los humanos tomamos decisiones de estrategia nos permite explicar el comportamiento humano en situaciones múltiples de nuestra vida diaria
Los resultados de este experimento social fueron publicados el año 2016 en abierto y los podéis encontrar fácilmente. Básicamente, los investigadores categorizaron las acciones de respuesta en individualistas (ganancia personal absoluta), competitivas (ganancia relativa con respecto al otro jugador), cooperativas (todo el mundo gana, aunque no el máximo posible) y altruistas (sacrificio personal por el bien del otro). El análisis final demuestra que los comportamientos de los 541 jugadores que participamos corresponden (90% de los individuos) a cuatro tipos de personalidad básica: los envidiosos, en torno a un tercio de los jugadores; los optimistas y los pesimistas (respectivamente, quien se arriesga mucho y quien no quiere arriesgar) que, conjuntamente, son un 50% de los jugadores; y los confiados (los minoritarios), más un pequeño porcentaje de individuos indefinidos o inconsistentes. Hay que decir que esta investigación intentaba describir los comportamientos desde el punto de vista matemático y no iba dirigida a identificar las causas de las diferencias en comportamiento (si son innatas, adquiridas, enseñadas, modulables...).
Un nuevo trabajo, justo publicado hace poco, todavía proporciona una nueva dimensión a esta toma de decisiones, ya que compara la diferente respuesta de los niños y chimpancés ante el mismo juego. La conclusión a la cual llega el trabajo os dejará estupefactos. Pero vamos por partes. En primer lugar, a fin de que el juego sea el mismo en humanos y chimpancés y los resultados sean comparables, el problema se simplifica mucho, de forma que las ganancias y las pérdidas de cada decisión son claramente visibles. Mirad el dibujo que os adjunto para haceros una idea. Se hicieron tres grupos, niños de 5-6 años, niños de 9-10 años y chimpancés. Y el dilema es el siguiente: "GANO MÁS o GANO MÁS QUE TÚ". Aquí las opciones, OPCIÓN A: escoges ganar 2 y que el otro jugador gane 1; OPCIÓN B: escoges ganar 3 y que el otro jugador gane 6. Si tu elección es ganar el máximo, tienes que escoger la OPCIÓN B, pues ganas 3. Pero si tu elección es ganar por encima de lo que gana el otro jugador (y sentirte ganador total), eliges la OPCIÓN A, ya que a pesar de ganar sólo 2 (en lugar de 3) ganas más que el oponente. Pues bien, los niños pequeños y los chimpancés escogen mayoritariamente la OPCIÓN 2, en la que maximizan sus ganancias. En cambio, los niños más mayores prefieren ganar menos pero sentirse ganadores en la comparativa y se decantan por la OPCIÓN 1. Les importa más la sensación de ser MÁS que el otro jugador, la ganancia relativa por encima de la ganancia absoluta... La situación control (a la derecha, en la que escojas lo que escojas, el otro jugador siempre gana) demuestra que la elección es consciente y consistente, porque entonces todos, niños de cualquier edad y chimpancés, prefieren maximizar ganancias (independientemente de lo que gane el otro).

Lo que nos dice este experimento es muy importante, los niños pequeños y los chimpancés escogen la decisión más racional y óptima como jugador, mientras que los niños mayores aprenden a relativizar las ganancias con respecto a sus compañeros y toman una decisión irracional basada más en el sentimiento de ganar más que en la ganancia en sí misma. Aquí tenemos mucho que pensar y reflexionar como sociedad. La población es heterogénea, ciertamente, y tenemos individuos con todo tipo de comportamientos, pero como sociedad y en situaciones de dilema, no escogemos socialmente la opción más racional. No somos tan altruistas ni colaboradores como nos pensamos que somos. Además, los humanos cambiamos nuestra actitud y tomamos decisiones diferentes a medida que crecemos, sea por aprendizaje, sea por socialización, sea por concienciación del lugar que ocupamos o por jerarquización.
La Teoría de Juegos nos muestra cuál es la decisión más racional para resolver dilemas hipotéticos (o no tanto). Estudiar cómo los humanos tomamos decisiones de estrategia nos permite explicar el comportamiento humano en situaciones múltiples de nuestra vida diaria y aplicar este conocimiento a la toma de decisiones económicas o de empresa, a la generación de personajes de gran éxito en la ficción, la potencial actuación de robots con inteligencia artificial, la información de noticias y su posible manipulación/modulación, explicar el porqué de la situación política por todo el mundo, incluyendo la compleja situación política actual en Catalunya y en España, y decidir cuáles son las acciones más racionales y las más irracionales a cada dilema.