Seguramente, con este título, todos habéis pensado que el artículo de hoy versaría (versar, ¡qué verbo más sugerente!, algún día hablaré sobre las palabras que me inspiran más, quizás también son las vuestras) sobre algún gran descubrimiento científico o algún hito importante, socialmente muy impactante o reconocido. Pero lo cierto es que, aunque es una semana en que se han publicado artículos científicos de relevancia, no son los temas de los que os querría hablar hoy. El acto científico sobre el cual me gustaría incidir y que califico de una gran noche es probable que haya pasado relativamente desapercibido por muchos de vosotros. Es un acto discreto, de alcance relativo. Se celebra en julio, cuando se ha acabado el curso, y para sus protagonistas supone un punto de inflexión y un reconocimiento personal que sólo se puede obtener mediante méritos, tanto individuales como compartidos.

Estoy hablando de la Noche de la Biología, organizada por la Societat Catalana de Biologia (SCB) y celebrada este año en el Cosmocaixa. La tarde del día 10 de julio se celebró al mismo tiempo, lado a lado, la gran Noche de la Biología y la apertura de la nueva exposición "Universo" del Cosmocaixa. Eso es una ración doble de ciencia, ¿lo podríamos llamar una coincidencia cósmica? Los protagonistas de la historia son, muy especialmente, Catherine, Jan y Jordi; Rubèn (por partida doble), Carla y Carlota, Marina y Clàudia. Estos son los nombres de los finalistas más jóvenes, que optaban a los premios al mejor trabajo científico del ámbito de la biología, desde bachillerato al doctorado. Su abanico de edad va desde los 17 años hasta los 30: desde que inicias tus primeros pasos en el mundo científico, hasta obtener el máximo título académico universitario que se puede conseguir, el de doctor en una disciplina (tanto es así que, por esta razón y ante méritos muy valiosos en un ámbito o disciplina, una universidad puede conceder el título de doctor honoris causa a cualquier persona, independientemente de sus estudios).

La Noche de la Biología, una noche de ciencia, de fiesta y de ilusión, abierta a grandes y pequeños, y a la que todos estamos invitados cada año

Tuve el honor de conducir este acto entrañable, enmarcado entre dos emotivas píldoras de violonchelo. Os podéis imaginar la ilusión y los nervios de los solicitantes y participantes, de los premiados y finalistas, que no saben hasta que no se dice su nombre si han ganado un premio a sus esfuerzos. Darme cuenta de que esta gente siente profundamente el "gusanillo" interior, el "canto de sirena" de la ciencia... los ojos les brillan cuando exponen lo que han hecho ante científicos asentados y reconocidos, en medio del apoyo de profesores y directores, del orgullo nada disimulado de familia y amigos. ¡Qué satisfacción para los que les han acompañado en el día a día! No sé quién estaba más satisfecho, si los premiados o el coro que llevaban. ¡Ojalá pudiera destilar este sentimiento de euforia, orgullo y calidez interior! Aquel brillo de ojos, esa sonrisa inmediata. La pasión por lo que haces es el mejor "perfume", sea donde sea, ciencia o no ciencia, es contagioso y se transmite por la piel.

Premios se repartieron más, porque hay científicos establecidos y también periodistas científicos que cada día se esfuerzan por transmitirnos a los demás y divulgar los avances en ciencia y optaban a la mejor acción de divulgación científica. Seguro que reconocéis los nombres de los finalistas, como el de Manel Esteller, un reconocido científico y buen divulgador, que se dedica a la investigación en cáncer y en epigenética; o leísteis el magnífico dossier multimedia sobre evolución (publicado en el diario Ara) de Toni Pou, o quizás habéis visitado la exposición sobre el genoma de Lluís Pascual. Estas personas, y muchas otras, intentamos divulgar los avances científicos, porque una sociedad informada es una sociedad que puede tomar decisiones. Cerró la noche el premio Leandre Cervera a la trayectoria científica, que este año fue concedido a la bióloga Anna Veiga. Una investigadora que conocéis porque participó en el nacimiento del primer bebé por fertilización in vitro, Victoria, ya hace unos 35 años, y que todavía continúa muy activa en investigación, reprogramando células madre para terapias celulares.

En la velada de la SCB hablamos, pues, de bacterias que pueden degradar vertidos de petróleo, de posibles tratamientos para prevenir o tratar la diabetes y la obesidad, de evolución humana, de bebés generados por fertilización in vitro y de reprogramación de células madre en células cardiacas, en una cápsula de Petri, para trasplante después de un infarto de corazón. ¿Sabíais que hay una Bioagenda de la SCB que todos podéis consultar online para saber qué actos, conferencias y charlas se hacen? ¿Sabíais que hay un proyecto de secuenciación del genoma de especies autóctonas, para incrementar nuestro conocimiento sobre la diversidad genética y evolutiva de los organismos que nos rodean y que, muchas veces, desconocemos?

La Noche de la Biología, una noche de ciencia, de fiesta y de ilusión, abierta a grandes y pequeños, y a la cual todos estamos invitados cada año.

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Gemma Marfany
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