¿Quién lo tenía que decir? Esta debió ser la pregunta que los trabajadores de una empresa de construcción alemana se hizo cuando sus jefes los dijeron que tenían que detener la excavación de los terrenos donde estaban trabajando para hacer viviendas cerca del río Lech en Augsburgo (en Baviera). De eso ya hace más de 20 años, pero las obras no se reanudaron en aquel mismo sitio, porque habían encontrado un cementerio antiguo, muy antiguo. Los restos humanos fueron fechados con carbono radiactivo, y tenían más de 4.000 años de antigüedad. Lo que más interesó a los investigadores es que no se concentraban en un periodo corto de tiempo, sino que era un cementerio que contenía restos de personas que vivieron en una franja de tiempo de aproximadamente 700 años. Una ventana verdadera a finales de la época neolítica e inicios de la edad de bronce. Y no estamos hablando de unos pocos esqueletos humanos, estaban los restos humanos de hasta 118 personas, que vivían en las granjas del área rural y cultivable en la orilla del río.

Como os podéis imaginar, este hallazgo es una fuente de información única y privilegiada en una época y una región donde todavía no había registro histórico. Los investigadores hace muchos años que intentan extraer el máximo de información para realizar una composición de la sociedad de aquel tiempo. La arqueología permite fechar la época e identificar la época cultural gracias a las piezas artísticas que forman parte del ajuar mortuorio (joyas, armas, cerámica), el tipo de tumba, y los estratos donde se encuentran, pero gracias a la arqueogenética, se abre una ventana de conocimiento complementaria que nos explica cuál era la relación de parentesco genético entre los individuos e inferir qué era la ordenación o estructura social de la época. En este cementerio, había personas que habían sido enterradas con todo un pequeño ajuar, donde destacan piezas de cerámica de la cultura del vaso campaniforme y pulseras de bronce, y de otros que no tenían nada que les acompañara bajo tierra. Aunque no era una sociedad muy rica, había claras diferencias sociales: gente enterrada de forma humilde, y otros cuyo ajuar denota que eran personas con una cierta riqueza y ascendiente social.

¿Dónde están las chicas? Esta debió ser la pregunta que se hicieron los científicos (arqueólogos, historiadores y genetistas) cuando analizaron el centenar de cuerpos que tenían en frente. Obtuvieron el ADN de todas las muestras y analizaron más de un millón de variantes genéticas, repartidas por todo el genoma. Establecieron el parentesco genético de varias familias, hasta 6 y 7 generaciones, muy enterradas en aquel pequeño pueblo. Ahora bien, las relaciones genéticas de familia se establecían vía patrilineal. Es decir, sólo se podían elaborar pedigríes largos en parientes relacionados vía padre. Había mujeres enterradas, pero sólo se podían encontrar hijos macho, no se encontraban hijas mayores de 15-16 años. Además, las mujeres no estaban emparentadas genéticamente con nadie más que sus hijos. El análisis de ADN mitocondrial (que permite establecer relaciones matriliniales estrictas, como expliqué en otro artículo) demuestra que no están tampoco relacionadas entre ellas. En cambio, algunas de ellas estaban enterradas con objetos de culturas de una localización geográfica diferente (algunos de los objetos proceden de culturas prehistóricas que se localizan a centenares de kilómetros de distancia). Sin embargo, los resultados no eran uniformes, ya que la gente que estaba enterrada sin acompañamiento, que los investigadores consideran que eran gente humilde, no están relacionados con la gente enterrada con una mayor prodigalidad. ¿Cómo podemos interpretar estos datos? ¿Y dónde están las chicas jóvenes? Todos estos datos permiten a los científicos elaborar una hipótesis conjunta de cómo estaban organizadas las sociedades en esta época, siempre teniendo en cuenta que los datos genéticos sólo proceden de esta zona concreta y no sabemos si se puede extrapolar a otras regiones de Europa.

Según los investigadores, esta sociedad no era igualitaria, sino que en la misma "casa solariega" convivían un núcleo de gente privilegiada y rica (los "amos") y gente más humilde que seguramente hacían las tareas más duras. La situación y estatus de riqueza pasaba de padres a hijos hombres, ya que se pueden establecer relaciones de parentesco directo entre los individuos que están enterrados con más ajuar, y que se extienden en múltiples generaciones. Los hombres se quedaban en la misma zona y heredaban la tierra, mientras que las hijas se debieron de casar y migrar a otras zonas, y por eso no se encuentran mujeres relacionadas genéticamente con sus madres. Las mujeres que se incorporan a la casa solariega proceden de fuera, y las hijas jóvenes se van a otras casas solariegas, para formar parte de otros núcleos familiares. A este fenómeno se lo denomina patrilocalidad y exogamia femenina y, como ya he comentado, perduró más de 700 años en esta zona. También encuentran a 3 individuos masculinos (por el análisis de estroncio y oxígeno en el esmalte dental) que, a pesar de formar parte del núcleo genético, como mínimo migraron y dejaron el pueblo o casa solariega un tiempo largo, y retornaron. Al fin y al cabo, la estructura familiar recuerda mucho la estructura de los hogares griegos y romanos, donde en torno a un hombre que era el amo y señor soberano (dominus, en latín) se articula toda la familia, incluyendo a los criados y esclavos, de procedencia genética diversa y no relacionada. Y también, por qué no decirlo, se parece mucho a la estructura de casas solariegas rurales, con herederos que se quedaban las tierras y las hijas que se casaban y abandonaban el núcleo familiar-paterno, para ir a parar a un nuevo núcleo familiar, también basado en la herencia patrilineal. Estamos hablando de una sociedad rural de hace 4000 años, al final de la edad de bronce, sin embargo, quizás en muchos aspectos, la sociedad europea no ha cambiado tanto.

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Gemma Marfany
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