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Nadie acaba de entender muy bien cuál es la función de Francesc Xavier Vila, el conseller de Política Lingüística, dentro del Govern socialista. Bueno, quiero decir nadie que no conozca un poco la manera de operar de los socialistas: la pacificación se caracteriza por decir que tus prioridades son unas y después hacer política en la dirección radicalmente contraria. Esta bidireccionalidad, esta manera tan española de hacer de día y deshacer de noche, es la que reiteradamente deja al conseller Francesc Xavier Vila con el culo al aire, hablando coloquialmente. Vila es el títere de la apariencia, es el sujeto que siempre sirve de excusa a los socialistas cuando alguien les hace notar que sus discursos, su marco de entendimiento de la cuestión lingüística en Catalunya, desarma individual y colectivamente a los catalanohablantes. Francesc Xavier Vila es la cara de unas políticas lingüísticas que nunca tendrán resultados verdaderamente palpables y decisivos, porque parten de un error de diagnóstico político e intencionado. A pesar de las buenas intenciones —que, en su caso, juraría que no son impostadas—, una política lingüística que no contempla que, para que el catalán avance, el castellano debe retroceder, no es ninguna política lingüística: es cosmética. Una cosmética, por cierto, que nos priva de ver que, con la lengua, el tiempo es lo más valioso que tenemos. Tratar la cuestión sin ir a la raíz del problema solo lo agrava. 

De todo esto que escribo no me invento nada. Ojalá, de hecho, lo que expongo fuera producto de mis fabulaciones. En esta última entrevista concedida a VilaWeb, ante el acorralamiento oportuno de Ot Bou, el conseller Vila explica que "Necesitamos que el catalán gane espacios en los que la mayoría de la población diga: 'Es normal que en este caso nos comuniquemos en catalán'. Ahora, si planteas de entrada que la variable número uno para que el catalán sobreviva es una dinámica de oposición, será bastante más difícil de conseguir". Este fragmento es significativo porque explicita de una manera maravillosamente diáfana cuál es el papel del conseller dentro del Govern socialista. Francesc Xavier Vila, el encargado de simular que se trabaja por la lengua mientras desresponsabiliza a los coordinadores —políticos y no políticos— del proyecto de asimilación que ponen todo su poder al servicio de una sola causa: hacer retroceder el catalán. Así, parece que cada vez hay menos catalanohablantes por arte de magia, que es una especie de casualidad, un curso ineludible del destino. Una lucha sin adversario que podemos perder si corremos el riesgo de señalar a adversarios. Una especie de viaje espiritual que nos ha encargado el universo. Poner más cursos de catalán a disposición de los recién llegados está muy bien. Hacerlo teniendo en cuenta por qué un recién llegado asume que primero tiene que hablar en castellano para poder hacer vida en Catalunya, está mejor. 

Cuando escribo que desresponsabiliza a los responsables, lo escribo porque en la misma entrevista de VilaWeb lo expone él mismo de manera bastante literal. Cuando Bou pone sobre la mesa que el president Illa y otros miembros del Govern usan el castellano en actos públicos, Francesc Xavier Vila contesta que "depende del acto público, el plurilingüismo es esperable". Cuando Bou reprocha que la consellera de Universitats y la consellera de Drets Socials se dirigieron en castellano a un grupo de estudiantes de origen gitano, Francesc Xavier Vila contesta que "ciertamente, toda la sociedad catalanohablante arrastra muchos prejuicios, y es justamente contra eso que tenemos que luchar". Cuando Bou pregunta si se trata solo de descuidos y opresión interiorizada, o también hay una posición ideológica, refiriéndose al uso de topónimos en castellano que hace el president Illa, Francesc Xavier Vila contesta que "es rutina y se le escapa".  

Es la criada que barre los platos rotos, el encargado de desdibujar el colaboracionismo del PSC en el retroceso del catalán

Es la criada que barre los platos rotos, el encargado de desdibujar el colaboracionismo del PSC en el retroceso del catalán que la Secretaria de Política Lingüística dice querer revertir. Cualquier indicio que apunte en esta dirección, Francesc Xavier Vila lo redirigirá para que parezca accidental. Y llegados a este punto, se nos abre un abanico de preguntas: ¿el conseller en cuestión es plenamente consciente de todo eso y se pliega? ¿Su planteamiento es el de quien ocupa el cargo para que no lo ocupe alguien más? ¿Se levanta cada día para ir al trabajo con el ansia mustia de quien siente que encarna el mal menor? ¿Está realmente convencido de que sus buenas intenciones neutralizan lo que, para el PSC, es una posición claramente ideológica? ¿En algún momento se ha dado cuenta de que sus buenas intenciones son el blanqueamiento perfecto para la pacificación y la castellanización de Catalunya que abanderan los socialistas? ¿Es un cínico, o es un alma de cántaro? Bueno, queridos compatriotas catalanes, sean cuales sean las respuestas, no hace falta investigar mucho para llegar a la conclusión de que, bienintencionado o malintencionado, alguien que está al servicio de los socialistas no puede estar, a la vez, a nuestro servicio