Hubo una época en la que, de las muchas maldades que se le atribuían al independentismo (y por tanto cuestionar el statu quo),una era que rompía familias y especialmente el día de Navidad o -si aquella comida no se había conseguido la ruptura- al día siguiente, por Sant Esteve. Aquello que no había conseguido el dinero, las herencias mal repartidas, o que tu hermano va a ver mucho menos a madre a la residencia que tu, lo consiguió el simple hecho de decir que preferías una Catalunya estado a una Catalunya comunidad autónoma. En el momento más culminante del Procés, el debate de fondo era estrictamente democrático: si Catalunya, como nación, tenía derecho a decidir su futuro a través de las urnas. Plantear esto era ofensivo y dividía familias. Y una vez más -y nunca convendría cansarse de repetirlo- hay que recordar que la respuesta de España fue pegar: pegar por votar. Y todo el aparato mediático, político y cultureta español se dedicó a presentar -incluso con algunas crónicas hechas desde Madrid- que el clima en Catalunya era tan irrespirable que había familias que no se hablaban para no afrontar una discusión sobre el 1 de octubre.

Esta anécdota cuñada, y nunca mejor dicho, tuvo incluso cobertura pretendidamente intelectual cuando desde las izquierdas españolas se acusó al independentismo de haber despertado el fascismo que llevaba 40 años dormido. Vamos, que Vox nació como consecuencia de haber planteado que los ciudadanos de Catalunya tenían derecho a escoger, mediante el voto, su relación administrativa con España. Fue una época muy divertida porque se alcanzaron niveles de contradicción que rozaban el surrealismo, como cuando se decía que en Catalunya imperaba el pensamiento único pero que a la par que la sociedad estaba dividida. O ya más tarde, cuando se consiguió acusar al independentismo de no tener nada preparado para la independencia y al mismo tiempo de tener a sus líderes encarcelados y exiliados por haberlo preparado todo. 

Hace unos años, las urnas eran lo que dividía a las familias; ahora es el antídoto. Curioso, cuanto menos

El caso es que esta misma semana ha salido un informe, Atlas de la Polarización 2025 que concluye que un 14% de la población española ha roto amistades o relaciones familiares por motivos políticos durante el último año. Además, muchas personas encuestadas en este estudio declaran haber evitado conversaciones políticas, abandonado grupos de Whatsapp o vivido discusiones intensas con familiares y amigos, lo que evidencia un clima de tensión en el ámbito privado. El Atlas de la Polarización 2025 muestra que la polarización política en España tiene consecuencias emocionales y sociales directas que van más allá del debate de ideas. La política se ha convertido en un elemento identitario que genera emociones negativas, rechazo y distancia interpersonal, especialmente entre personas con opciones políticas diferentes

Los datos confirman además que la diversidad de amistades reduce la polarización afectiva: tener relaciones con personas de diferentes opciones políticas disminuye el rechazo y la percepción de división social. Por el contrario, los círculos cerrados refuerzan la hostilidad y el distanciamiento. Vaya, que los comportamientos sectarios conducen a pensamientos negativos cuando no destructivos y viceversa, los pensamientos negativos conducen a tendencias sectarias. En relación a esto, la emoción más frecuente asociada al consumo de información política es directamente el enfado, hecho que contribuye a un estado general de fatiga e irritación que se traslada a las relaciones personales. En conjunto pues, la polarización política está erosionando vínculos familiares y de amistad, a pesar de que la persistencia de relaciones ideológicamente diversas indica que todavía hay margen para reducir la fractura social. Y, oh sorpresa, lo que se recomienda para reducir la fractura social, familiar y emocional es, justamente, tener una buena salud democrática, es decir, hacer un uso saludable y frecuente de las votaciones. Justo aquello que hace unos años era lo que rompía las familias, las urnas, ahora es el antídoto. Curioso cuando menos. Vivir para ver.