Aliança Catalana hace manitas con el establishment españolista desacomplejadamente. Aquí ya os avisamos. Los poderes del Estado ven en Orriols la oportunidad de ofrecer una marca de extrema derecha de proximidad que impulse sus intereses y, al mismo tiempo, mantenga el nacionalismo catalán a raya con la apariencia de chivo expiatorio de las frustraciones del procés. Aliança Catalana es el artefacto capaz de compatibilizar ambas ambiciones por medio de una fórmula bastante sencilla: si el objetivo es abatir a los moros, los catalanes y los españoles debemos ser aliados. Virando el blanco, desordenan el orden de prioridades y convierten la represión española y la idea de la independencia en una especie de medalla folclórica.
En realidad, esto es lo que intentaron hacer los partidos del procés una vez acabado el procés para frenar el golpe del abstencionismo: reivindicarse como los de la barretina para secuestrar el voto de los catalanes y fundir a la crítica. No les funcionó. En el caso de Orriols, esta estrategia la presenta como una mascota en manos del españolismo. Si que Emilio Cuatrecasas te alabe por la calidad de tu catalán no te hace sentir insultada, es que has desprogramado tu cerebro de todo lo que te permita detectar los mecanismos de subyugación que emplea el españolismo. Y que has aceptado tu catalanidad como poco más que un accesorio diferenciador en lo estético, sin consecuencias políticas reales. En esto, Illa y Orriols se parecen más de lo que creen.
Aliança Catalana necesita que Vox tenga poder en el Congreso español y espacio en el gobierno español para poder hacer las políticas que dice querer hacer en Catalunya
Para que el entendimiento entre la extrema derecha española y la extrema derecha catalana funcione, esto es, para que Orriols pueda mantener convencida a la parte catalanista de su base y al mismo tiempo pueda desplegar su programa electoral, debe haber un reparto de espacios que permita sostener los roles sin romper el simulacro. Aliança Catalana necesita que Vox tenga poder en el Congreso español y espacio en el gobierno español para poder hacer las políticas que dice querer hacer en Catalunya. Aliança necesita una España gobernada por Vox. Contribuir a que Vox llegue al poder español pasa por no interponerse en su camino, por no plantarle cara: por no presentarse a las elecciones españolas, el escenario que evidenciaría la afinidad evidente entre ambas fuerzas de extrema derecha y la accesoriedad del nacionalismo de Orriols. Esta es la receta para ceder el electorado de Aliança que prioriza la cuestión migratoria por delante de cualquier otra cosa a los españoles y, al mismo tiempo, no incomodar al electorado catalán.
La extrema derecha ha entendido que necesita repartirse el pastel. Que no podrá ocupar el espacio que quiere ocupar si el brazo político es nacionalmente homogéneo y pide a los catalanes votar contra su propia existencia. Catalunya necesitaba una marca propia que aglutinara, pero que tampoco pidiera al votante españolista renunciar a su españolismo. Y Aliança no lo hace: priorizar la inmigración convierte en secundario todo lo demás sin, aparentemente, forzar a nadie a la renuncia. El votante español de Aliança —o votante potencial—, de hecho, encuentra en el elogio de la catalanidad de Orriols una forma de petrificar esta misma catalanidad, de convertirla en un complemento simpático, pero vacío y muerto y, por lo tanto, de reafirmar su españolismo. Sílvia Orriols lo acepta porque las caricias del enemigo son irremediablemente seductoras y porque la idea de que España se puede catalanizar es tan pegadiza que impide ver cuándo se está españolizando Catalunya. O a lo mejor este es un precio que Aliança está dispuesta a pagar. A lo mejor les parece que para limpiar Catalunya de moros merece la pena renunciar a la catalanidad.