Si se tiene la paciencia de leer el documento National Security Strategy of the United States of America, publicitado por la administración Trump el pasado noviembre, uno puede ver fácilmente el caldo doctrinal que ha preludiado el secuestro de Nicolás Maduro mientras dormía el sueño de los injustos. En este informe periódico, en el apartado dedicado al Hemisferio Occidental, la magadministración yanqui ya hablaba de incrustar un “corolario Trump” a la doctrina Monroe según el cual “denegaremos a nuestros competidores no hemisféricos la posibilidad de urdir fuerzas u otras capacidades que puedan dañarnos y de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro Hemisferio”, afirmando una política militar regida por el binomio enlist-expand; a saber, reclutar a las naciones que puedan ayudar a “detener la inmigración ilegal y desestabilizadora, neutralizar los cárteles, la subcontratación fronteriza a bajo precio y a fomentar economías locales privadas y también a expandir las alianzas dependiendo de su capacidad de atenuar las influencias foráneas adversas, desde el control de las instalaciones militares e infraestructuras claves a la obtención de activos estratégicos.”

Desde este punto de vista, hay que agradecer al presidente Trump que haya hecho honor a la doctrina expansionista norteamericana sin ningún tipo de palabrería moral; como diría el cuñado, los americanos han aterrizado en Caracas buscando petróleo y con muchas ganas de llenar Venezuela de hamburgueserías infectas. Pero el cambio incitado por este documento no es solo un asunto retórico; como ha indicado Richard Haass en su Substack, quien comandó el Council of Foreign Relations durante cuatro lustros sostiene que tal doctrina es el golpe de timón más grande de los EE. UU. desde la Guerra Fría: “Lo que salta a la vista es la priorización de los intereses económicos y comerciales. El documento habla de reducir los desequilibrios comerciales de los Estados Unidos, incrementar el comercio, asegurar las cadenas de suministro y reindustrializar el país. Los aliados solo son considerados aliados mientras asuman una parte mucho mayor de la carga de la defensa. La geoeconomía ha sustituido a la geopolítica. La inversión entra; la asistencia sale. Los combustibles fósiles y la energía nuclear entran; el viento, la solar y otras renovables salen —junto con las preocupaciones por el cambio climático.”

La ley del más fuerte debe ejercerse de forma sabia, justamente para que el planeta no acabe volviendo a la ley de la naturaleza. Porque en el mundo del corolario Trump quien acabará bien muerto será el orgulloso más desarmado

Ciertamente, la estrategia Trump renuncia a que los Estados Unidos configuren el mapa mundial (entre sus antiguos aliados, la Unión Europea solo se menciona como una "civilización que se desvanece"), convirtiéndose en algo así como los Estados Unidos de las Américas. En este sentido, resulta también un detalle que Trump haya desplegado su programa expansionista sin el habitual cinismo sabelotodo norteamericano; todavía nos falta mucha información sobre lo que ha pasado en Venezuela en los últimos meses, pero me jugaría unos sacos de sal a que Marco Rubio y la CIA han trabajado duro para asegurar inmunidad —y futuros negocios— a varios colaboradores íntimos de Maduro a cambio de derrocar al dictador y asegurar una transición tranquila a la economía del capital. Esto explicaría que Trump se haya apresurado a definir a María Corina Machado como una señora de lo más agradable pero incapaz de unir al pueblo venezolano, y también serviría para entender la cara de tranquilidad que ponía el mismo Maduro al llegar a Brooklyn deseando "happy new year" a sus carceleros; al fin y al cabo, el sátrapa tendrá vistas magníficas de la Estatua de la Libertad y no lo envenenarán.

Dicho esto, y a pesar de mi escasa simpatía por el dictador Maduro (dicho sea de paso, recomiendo a Miguel Díaz-Canel y su tropa de oligarcas cubanos que vayan abriendo una cuenta bancaria en Rusia), el movimiento de Trump es una imprudencia de un cinismo catedralicio, y no solo porque ahora se escude en el narcotráfico para detener al presidente ilegítimo de un país... cuando hace tres días indultó a Juan Orlando Hernández, encausado por idénticos motivos, sino porque la tradición política de Occidente y el derecho internacional así lo evidencian. Esto lo deberían tener en cuenta especialmente todos aquellos que se erigen en garantes de nuestros valores, como la derecha aliada, porque el movimiento de Trump resulta especialmente pernicioso para tribus como la nuestra, con un margen de defensa todavía más risible que el de Venezuela. En casa somos hijos del realismo político y lectores de Hobbes, pero como nos hemos dedicado a leerlo bien, sabemos que la ley del más fuerte se ha de ejercer de forma sabia, justamente porque el planeta no acabe volviendo a la ley de la naturaleza. Porque en el mundo del corolario Trump quien acabará bien muerto será el más orgulloso desarmado.

Finalmente, un mensaje de esperanza geopolítica a los amigos neoyorquinos; tranquilos, que a pesar de la detención del narcozar, podréis continuar adquiriendo grandes cantidades de cocaína con gran facilidad en nuestra isla. ¡De momento, la ley de oferta y la demanda todavía impera en la city! Faltaría más.