La principal fuente de inestabilidad del Estado es que el PP no está ni lo bastante fuerte para gobernar solo, ni lo bastante débil para estar en la oposición. Evitando la encajada de manos, Rajoy dejó claro a Sánchez que el PP sólo se abstendrá pasando por encima de su cadáver. Por otra parte, mientras Sánchez no incorpore el referéndum nadie se creerá que es realmente de izquierdas y Podemos desgastará al PSOE y aumentará sus expectativas. Iglesias juega con el referéndum porque sabe que Francesc Homs no ha perdido la esperanza de obtener concesiones de Madrid y que ERC ladra mucho pero al final no osa contradecir nunca a los convergentes. Si el gobierno catalán impulsara un referéndum unilateral, Podemos se rompería y acabaría llevando al Estado a la situación de tener que escoger entre aceptar el resultado o caer en una crisis constitucional. Iglesias, como ya hicieron los republicanos en los años 30, utiliza a los catalanes para llegar al poder. El referéndum de Iglesias parte de la misma estrategia que utilizó Zapatero con el Estatut. La diferencia es que las huidas hacia adelante cada vez son más caras y difíciles. Las élites empresariales que presionaban a Rajoy para que hiciera concesiones en Catalunya ahora buscan en Sánchez un instrumento para impulsar una reforma del Estado que les permita garantizar la unidad y al mismo tiempo poner les pies en la economía española. Los montones de dinero que todavía hoy recibe Ciutadans no se entienden sin la necesidad que algunos poderes tienen de domesticar al PP para poder hacer sus negocios. La Europa del Financial Times busca un Mateo Renzi con la camisa blanca arremangada para saquear España. Pero España no es Italia, donde los extranjeros de todas las banderas se han paseado siempre a su aire. Si Sánchez fracasa y el PP se bunkeriza, Rivera se podría proponer para gobernar, cosa que dejaría España a los pies del capital internacional. En caso de que eso sucediera se vería que las dos fuerzas más vivas del Estado son el independentismo y la España centralista. El resto es pedantería provinciana y decadente con humos cosmopolitas. Si estas dos fuerzas se llegaran a poner de acuerdo el eje de Europa se desplazaría.