Mientras Israel firma acuerdos con países como Arabia Saudí, aquí cada vez nos comportamos más como energúmenos. Las virtudes que nos habían distinguido se han corrompido, pero nos aferramos a sus rutinas como una tribu de salvajes dirigida por brujos sin escrúpulos, mientras el cielo se nos cae encima.

Las izquierdas españolas y los partidos de la Generalitat intentan volver a los años ochenta pero, si se despistan, toparán con las facturas pendientes de la década de los treinta. Las momias de Maragall y de Pujol embrutecen el conflicto catalán a través de sus herederos, que cada día hacen pensar más en la pintura cortesana de Velázquez o de Goya. 

Quim Torra usa palabras que no ha dicho en su vida, como por ejemplo “tros de quòniam”, para hacerse el catalanero. Los partidos de la Generalitat piden la amnistía con la esperanza de ofrecer a los españoles una manera de legitimar el pacto de la Transición con el aparato franquista, mientras chantajean a los votantes del 1 de octubre.

ERC y los partidos de CiU quieren liberar a los presos para presentarlos a las elecciones, y tener una épica nueva que les permita poner orden entre la tropa. El problema es que si el Estado libera a los presos y deja volver a los exiliados, también tendrá que perdonar a Torra, que lleva ventaja a todo el mundo porque ni ha huido, ni ha dicho las animaladas de Junqueras. 

Mientras Europa se adentra en la segunda oleada mortal de la pandemia, Catalunya y España juegan a los títeres con un guiñol cada vez más degradado. Todos los que han participado en el engaño de los últimos 10 años quedarán fuera de juego antes que Torra, que es el que está más protegido y el que tiene más información sobre el final de la película. 

Madrid ya debe de saber que el reset que La Vanguardia pide para empezar de nuevo difícilmente se puede poner en manos de unos políticos que ni querían las consultas, ni pudieron evitar el 1 de octubre. El reset está previsto que lo lidere un nuevo virrey, que de momento es Torra porque es igual de inofensivo y de morboso que Ada Colau ante la injusticia.

La libertad de los presos es como las elecciones, un tema de conversación y basta, un modo de distraer el personal para evitar que cunda el pánico. El puente aéreo cada día quema etapas más deprisa, pero Pablo Iglesias debe de saber historia. ¿De que le sirvió al gobierno del Frente Popular liberar a Companys y a su gobierno después del 6 de octubre? 

La mejor política que España puede hacer en Catalunya es mantener la situación atascada. Las alternativas son la independencia o la represión violenta. El miedo que Marc Álvaro tiene a que los “puros” estropeen “el reset que nos hace falta como sociedad” son manías de una generación que ha jugado con las ideas porque no creía en su fuerza y ahora quedará atrapada en la burbuja asfixiante de su cinismo.

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