Me he descargado en el Kindle el último libro que me quedaba por leer de James Salter, y he tenido un mal presagio. La primera historia pasa en Barcelona. La protagonista es una alemana que vive en General Mitre y tiene un novio americano que quiere ser artista, pero espera que la inspiración caiga del cielo. 

El libro se llama Dusk and other stories. La protagonista es la típica extranjera traumatizada que intenta escapar de los fantasmas familiares huyendo lejos de casa. Barcelona le encanta porque no le hace preguntas, solo hay hoteles, tardes largas y avenidas que apuntan hacia el mar. 

La última noche, el otro libro de cuentos de Salter, salió publicado en catalán hace un par de años. También pone a las mujeres en el centro del mundo. En la literatura de Salter los hombres son sombras adustas de los héroes y los genios del pasado. Sin la guerra, parece que el sexo sea su única fuente de acceso a la belleza y el único espejo de su virilidad.

Los hombres de Salter vienen estropeados de fábrica, las mujeres le interesan por su psicología trágica, de animal sabio y caprichoso, imprescindible pero decorativo. En las historias de Salter las mujeres sufren porque no entienden cómo funciona el mundo o porque lo entienden demasiado bien y, sin un hombre que eleve su hipersensibilidad por los detalles, no se saben sublevar ni conformarse.

El primer cuento de Dusk and others stories empieza y acaba hablando del loro de la protagonista, que se llama Kalil. Salter te explica la ciudad mientras va empujando el espléndido bienestar material de los protagonistas hacia la decepción y el vacío. La muerte de Gaudí, los chaflanes del ensanche, las playas de Cadaqués y Sitges; la Barcelona de Salter parece tan anodina como las vidas que describe.

No sé si la Barcelona de autobús turístico que Salter describe es la que conocía o la que necesita contar para resaltar la visión del mundo de los protagonistas. En All that is hay una descripción de Madrid que no tiene nada de turística. Cuando Salter habla de Francia tampoco parece abducido por la propaganda de los estados ni por las miserias nacionalistas del siglo XX.

Dusk and others stories salió pocos años antes de las olimpiadas, cuando Barcelona todavía era una ciudad escondida bajo el hollín, con una imagen irreconocible para los propios catalanes. El título del cuento que pasa en Barcelona llama la atención porque es en alemán y también porque, si sabes un poco de historia, te recuerda al paso de los españoles por Tánger, donde prohibieron el biquini. 

"En una playa de Tánger", lo titula, el cabroncete, a pesar de que la única ciudad que sale en el cuento, aparte de Barcelona, es Hamburgo. Cuando he caído en ello, se me ha puesto la piel de gallina. Me he acordado de cómo era vivir en una ciudad sin pasado. Me ha dado una pereza cósmica la idea de volver a quedar enterrado por el humo de las almas en pena que llegan a Barcelona como las conchas de la playa, arrastradas por la inercia de la corriente, esperando que el mar acabe de vaciar sus últimas energías.

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