No hay buenos extraterrestres ni malos extraterrestres, Yeager, sólo nosotros y ellos”

Transformers 4

Nightbeat es un autobot al que le gusta comportarse como un detective en vez de como el gigantesco robot alienígena que es. Lo malo es que su poder de transformarse en un llamativo coche deportivo nunca le ayudó a ir de incógnito. Lo mismo te sucede si eres un juez y por naturaleza eres el garante de que los derechos de los investigados se vean escrupulosamente respetados en el procedimiento y acabas transformado en un gigantesco policía que olvida cuál es la verdadera finalidad de su trabajo.

La cuestión catalana es muy cybertroniana y detona estas transformaciones con una espectacularidad inusitada. El juez del caso Volhov es una buena prueba de ello. Los fragmentos del auto sobre la filtración de las escuchas, que se ha comunicado a una agencia de noticias antes que a la parte, contiene una serie de desatinos que demuestran que ha sido cosa de un transformer y no de un juez que hace honor a la toga que viste. Me preocupa mucho que haya jueces que entiendan así su trabajo, porque lo que se cuestiona aquí realmente es su dejación a la hora de impedir que se incorporen a una causa conversaciones y grabaciones que nada tienen que ver con el objeto de la instrucción. Es el juez, protegiendo los derechos, el que tiene que impedir que entren siquiera en la causa estas conversaciones. Hasta es posible pensar, como ha hecho la Fiscalía, que ni siquiera debieron ser grabadas. Es el juez el que tiene que tener claro el concepto de intimidad, que no va solo de cosas de cama como parece pensar, y defenderlo con denuedo.

El magistrado Aguirre considera que todo lo que sea tratar asuntos públicos o que interesen al público no pertenece a la intimidad, de modo y manera que toda estrategia política, toda conversación privada de varias personas sobre su actuación en este campo, todo ello queda fuera del paraguas de la protección constitucional. Anden con ojo, todos, también los colegas periodistas, porque nuestras conversaciones con fuentes o nuestras citas pueden acabar siendo material no protegido y en una de estas te publican una rajada y te dejan clavado. Lo que nos dice el magistrado transformer es que esas conversaciones, que nada tienen que ver con la malversación que investiga, "en principio son relevantes para la calificación de la condición de un inculpado como persona influyente en el ámbito político, así como el grado de esta influencia”. Y yo me pregunto: ¿y qué tiene que ver su grado de influencia en el ámbito político con la malversación? ¿Es su papel dentro de los círculos de influencia independentistas lo que de verdad interesa en este caso?

Gran parte de la efectividad de esta investigación va a tener que ver, precisamente, con el daño que hagan esas filtraciones y a quién se lo hagan

Creo que a Aguirre se le ve el plumero y que lo que nos está diciendo es que esto es muy interesante y que está bien que se sepa. Que le parece relevante que se airee quién corta el bacalao y cómo lo corta, aunque esto nada tenga que ver con el proceso penal que él instruye, y que le parece fenomenal que eso se haga como consecuencia de unas escuchas que él autorizó —aunque la propia Fiscalía las viera poco justificadas legalmente— y que no piensa hacer nada para evitar que se divulguen. Eso no nos impide pensar que gran parte de la efectividad de esta investigación va a tener que ver, precisamente, con el daño que hagan esas filtraciones y a quien se lo hagan.

La actitud del magistrado es directamente vergonzosa. Él sabe, como yo, que un sumario deja de ser secreto cuando se levanta tal medida, pero que siempre es reservado. Él tiene que ser consciente de que proteger los derechos de los propios investigados, causándoles el menor daño posible, y de terceros forma parte de su obligación más sagrada y no le convierte en ningún censor como pretende: "Por qué el juez instructor habría de ejercer una función de censor que desapareció de España aproximadamente en 1976”.

El magistrado debería conocer la amplitud constitucional de la intimidad. Él debería conocer el artículo 588 ter I de la ley de enjuiciamiento criminal que dice, entre otras cosas: “Si en la grabación hubiera datos referidos a aspectos de la vida íntima de las personas, solo se entregará la grabación y transcripción de aquellas partes que no se refieran a ellos”. Tampoco es cierto que no haya delito de revelación de secretos de un sumario si este no está secreto, porque tal cosa nos llevaría al absurdo absoluto de que las policías cometerían delito al divulgar estos datos mientras únicamente ellos tienen el material y para no cometerlo bastaría con que lo aportaran al sumario. El magistrado tiene que conocer el artículo 301 de la LeCrim que, aun con el secreto alzado, prevé multas para los abogados y procurados que filtren y considera delito si lo hacen funcionarios.

Por casos como el Volhov y por magistrados transformers como Aguirre, son totalmente pertinentes los artículos recogidos en el anteproyecto de ley de enjuiciamiento criminal que la derecha ya amenaza con considerar una censura sanchista. El proyecto dice en su exposición de motivos que “la implantación de facto de un sistema de difusión total e indiscriminada en la actividad investigadora ha contribuido (…) a juicios anticipados que se ponen en marcha desde la primera sospecha policial (…) que sobredimensionan el valor de la investigación previa (…) y ponen en entredicho la efectividad de la presunción de inocencia”.

No hay mejor ejemplo de lo que pretenden atajar que la actitud del juez de instrucción número 1 de Barcelona y la del teniente coronel que le dirige las investigaciones. Pero todo lo que dice el anteproyecto en ese campo ya lo dice la ley actual y al imperio de ésta también están sometidos los jueces transformer.

Ardo en deseos de leer a la Audiencia de Barcelona.  

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