“Como los políticos han perdido su prestigio, los jueces no han dudado en mostrarse dispuestos a cubrir ese papel”
J. Sumption
Oigo ronronear los coches de media España que sueña con el mar.
Más vale que salga. Más vale que se prorrogue la alarma.
Porque dejar salir a estirar las piernas se convierte en botellones, barbacoas y en 36.762 multas y 235 detenidos. Y el bicho sigue ahí, sólo espera a que nos juntemos, a que nos movamos, a que volvamos a servirle de orgiástica plataforma.
Más vale que salga, porque en caso contrario no va a haber forma de limitar nuestros movimientos. No va a haber poder autonómico que lo consiga. Ni Ayuso ni Torra nos podrán impedir salir ni Ximo Puig entrar. El bicho, el bicho saltando de alegría.
Decían algunos ilusos que de la inmensa crisis, de la ruptura abrupta de la normalidad, íbamos a salir distintos, reformados, incluso algo mejores. Yo no tenía ninguna esperanza y los políticos nos están demostrando que ninguna redención era posible para ellos y, por ende, tampoco para nosotros que estamos al pairo de sus designios y más comúnmente de sus despropósitos.
No debería resultar difícil darse cuenta de que aquí se trata de no darle al virus las circunstancias precisas para que se expanda y que son, resumidamente, nuestro estilo occidental de vida. Así que no podemos esperar volver inmediatamente al mismo si no queremos que la pesadilla se reinicie. Hay aún 180 muertos al día, pero a muchos sólo les interesa saber si podrán meter los pies en el agua pronto. Sociedad infantilizada de egos insostenibles. El bicho sigue fuera. ¿Qué hay de lo mío? Oiga, mi terraza, mi hotel, mi alquiler de batiscafos, mi tren de la bruja.
El estado de alarma como medicina no ha ido mal. Hemos doblegado la curva y nos hemos dejado a 26.000 personas por el camino, pero hemos mejorado. En su prospecto e instrucciones de uso, Ley 4/1981, ya se indica meridianamente: “El gobierno podrá decretar el estado de alarma en crisis sanitarias tales como epidemias”. Señoría, que no tengo más que añadir, que ya me sé los peligros de no utilizar para las cosas los instrumentos previstos y utilizar otros que me invento porque me convienen.
Más vale que salga, porque si no, el lunes que viene cada uno de nosotros podrá ir, venir y campar a sus anchas, donde le venga en gana, que es sana costumbre en países libres pero mal consejo con el virus suelto. Ahora que la muerte aprieta menos parece que algunos prefieren primar sus intereses partidarios que el bien común. Los de los inventos jurídicos, que casi siempre son los mismos. No les gusta el estado de alarma, dicen, pero lo que no les gusta es Sánchez, y quieren derribarlo, o el comportamiento de Sánchez, y quieren rentabilizarlo ante sus electores. ¿Qué hay de lo mío, dicen? Pero se pasan por las gónadas el qué hay de lo nuestro, de los ciudadanos, del riesgo social, de la posibilidad de volver a la normalidad sin recaídas.
Desaparecido el estado de alarma, quienes van a gestionar la desescalada no van a ser ni el lehendakari ni el president ni Feijóo. ¿Saben quién lo va a gestionar? Los jueces
Voy primero con el PP, que de Vox es que ya no quiero ni ocuparme. No le gusta la medicina recomendada y nos propone otras que no permiten regular los movimientos de la población. Valiente idea. Son leyes ordinarias que no pueden afectar a ese derecho fundamental. Igualada, me van a decir. Miren que lo de Igualada pasó de refilón porque estábamos en medio de la destrucción, pero que no se ajustó a los parámetros legales y nadie se lo impugnó a la Generalitat porque estábamos cagaos. Que la ley de Sanidad habla de confinar “enfermos y sus contactos” pero que aquí hay mucho enfermo que parece sano y mucho vector que no tendrá síntomas y que eso no está contemplado.
Dejar caer de golpe el estado de alarma sólo nos llevará al caos. Los ERTE por fuerza mayor están de hecho vinculados al estado de alarma que es el que ha dictado normas que impiden llevar a cabo la actividad. Es posible que pudieran desligarse, pero es una cuestión jurídicamente compleja, que llevará a pleitos, y que tampoco se hace en un momento.
El autogobierno y las competencias. Esa parece ser la otra queja sobre su mantenimiento. Lo cierto es que, desaparecido el estado de alarma, quienes van a gestionar la desescalada no van a ser ni el lehendakari ni el president ni Feijóo. No. ¿Saben quién lo va a gestionar? Los jueces. Desaparecido el estado de alarma —en el que ya ha dicho la Sala III que sólo compete al Constitucional ver si se han vulnerado derechos—, todas las medidas adoptadas por las comunidades podrán ser recurridas por los ciudadanos en la jurisdicción contencioso-administrativa, incluso mediante el procedimiento de urgencia de protección de derechos. ¿Saben lo que pasaría, no? Deberían, porque ya lo han visto. Tendríamos los jueces que ven que tal y los que ven que cual y los recursos al TSJC, y las diferencias entre los tribunales superiores de los distintos territorios en la resolución, y los recursos al Supremo. ¿Ustedes que lo han vivido creen que se puede gestionar así una desescalada y que el virus va a esperar a que las togas nos den su veredicto? ¿Estamos seguros de que va a ser más práctico que los jueces decidan sobre cómo hacer las cosas que nuestros representantes? Yo, no.
Más vale, pues, que salga la prórroga.
Más vale que haya responsabilidad.
Me parece que la hay cuando, por ejemplo, oigo a la Generalitat que piensa mantener a Barcelona en fase 0 más tiempo del que se habla, pero no me lo parece cuando oigo a ERC alinearse con las fuerzas del desorden para llevarnos a no se sabe dónde. Me dicen que ha sido una postura no hablada con sus socios en el gobierno catalán y que no era lo hablado entre ellos. La verdad es que no lo sé. Pero arrieros somos y en el camino nos encontraremos. El virus sigue ahí fuera.
Sánchez, que hable y que escuche. Las medidas que se consensuen en lo posible y las competencias que se mantengan en su mayor amplitud. No es verdad que no se pueda alterar la propuesta de prórroga prevista por el Gobierno en el Congreso. Todos los grupos lo saben porque todos han presentado enmiendas en un momento u otro. ¿Todos? Por Tutatis que no. El Partido Popular es el único partido que no ha llevado una sola enmienda o propuesta alternativa para debatir en los plenos de prórroga, pero ahora dice que tiene un plan B.
Reflexionen porque nos va mucho en ello.
Vayan y díganle a Sánchez que les tiene hasta las narices. Denle un plazo, propongan y condicionen su apoyo a mejoras, pero no nos suman en el caos.
Más vale que salga, porque si no, nos van a desescalar los jueces. A su manera, ya saben.