“Sin la sorpresa no es concebible la superioridad en el punto decisivo”.

De la guerra. Karl von Clausewitz

Nadie, salvo un ingenuo, puede pensar que haya sido Manuel Marchena con una decisión exclusivamente personal el detonante de que el Partido Popular rompa la baraja y suspenda la renovación del órgano de gobierno de los jueces. Y si él no ha podido serlo, solo cabe colegir que la jugada estaba planeada de antemano y que alguien filtró interesadamente el mensaje de Cosidó, coincidiendo con una huelga de jueces, para crear la tormenta perfecta. Momentos después del pelotazo Marchena, el PP hizo pública ayer la voladura del pacto. La verdad es que en el PSOE son pardillos reincidentes. Lo mismo les pasó con el afamado pacto de la justicia. La imparcialidad judicial ya venía jodida, pero la errónea y forzada judicialización del problema catalán en época del finado Maza ha transformado el proceso del 1-O en un arma de destrucción masiva. Un arma de guerra. Un ariete en la guerra electoral.

En los últimos días, los corrillos periodísticos eran un hormiguero de rumores. Muchos hablaban de la convocatoria electoral conjunta en un superdomingo en mayo. Otros aventuraban que quizá fuera antes, en marzo. Ábalos, con toda consciencia, dejaba caer el lunes que todo ello era posible. Supongo que lo mismo que sabía yo sabían muchos del PP y no cabe duda de que la inminencia de un proceso electoral, en el que aún confían para recuperar el poder junto a Ciudadanos, tuvo que poner en marcha sobre todo a los descontentos con un reparto del CGPJ que no terminaban de ver ventajoso. No desestimemos tampoco la influencia de Lesmes sobre algunos, ya que se jugaba quedarse descabalgado ya o seguir en la carrera un tiempo. Si así son las cosas, lo suyo era dar la oportunidad a su candidato bien amado de salir con dignidad del proceso y lo siguiente dinamitarlo.

No era tampoco ajeno al movimiento que se había producido en el mundo judicial tras la publicación del mensaje de Cosidó. Durante la huelga contra Dolores Delgado no dejó de ser uno de los mensajes repetidos. Insostenible. Así que han recibido como agua de mayo esta providencial salida que consideran de dignidad, honestidad y recuperación del prestigio y la independencia judicial. Son así de ingenuos. Olvidan que, desde el día que supimos que Marchena iba a ser nombrado por los que aún no habían sido elegidos, él no solo no puso el grito en el cielo, sino que, según sabemos, hizo algunos movimientos para despejarse a los que no podía tolerar, como Victoria Rosell, y asegurarse que otros estuvieran dentro. No vio entonces ningún dilema ético. Solo ha visto lo insostenible del acuerdo una vez descubierto el tomate a través de un obsceno mensaje o solo lo ha visto cuando le han avisado de lo que iban a hacer. Que ahora llegue como el héroe de Marvel que dará la esperanza a la carrera judicial en la independencia de su cúpula es algo que solo pueden comprar los que estén muy desesperados por creer en algo. 

Marchena pretende salvar los trastos de su independencia, presidir el juicio, poner la sentencia y que, en ese interregno, esté la vía expedita para poder ser nombrado presidente 

Nunca vi un juicio con tanta imprecisión sobre quién lo presidirá y quién redactará la sentencia. Desde luego no creo que sea algo gratuito. Los socialistas tuvieron que hacer deglutir a los suyos el hecho de haber tragado con Marchena. Así que no tuvieron prurito en explicar por aquí y por allá que, en realidad, era una bicoca. Una de las cuestiones que planteaban ante el reproche de haber renunciado a nombrar a la primera presidenta era que a cambio nombrarían a la progresista Ana Ferrer presidenta de la sala segunda, lo que, dado que Ferrer estaba en el tribunal, la convertiría inmediatamente en la presidenta del juicio. Además, decían, el hueco de Marchena lo iba a cubrir otra magistrada progresista, Susana Polo, lo que variaba mucho el equilibrio de fuerzas de los que tendrán que decidir. Lo de la presidencia de Martínez Arrieta solo era un señuelo para poco informados.

Llevada la jugada al extremo, Marchena pretende salvar los trastos de su independencia, presidir el juicio, poner la sentencia y que, en ese interregno, esté la vía expedita para poder ser nombrado presidente, además con la aclamación de todos esos jueces dispuestos a comprar que esto es un ataque de dignidad de los suyos. Así que Marchena no está debilitado, sino que será reforzado por la aclamación del mundo judicial o, al menos, eso es lo que deben de pretender. Solo que sabemos que Marchena iba a ser el mirlo que “controlara la sala segunda por detrás” y quien con su auctoritas iba a conseguir los nombramientos que el PP pretende. No cabe en cabeza humana, y menos conociéndolos, que los populares tengan este sentido sentimiento hacia el magistrado si no es porque ya han tenido probadas muestras de ello. Es la segunda vez que quieren nombrarlo presidente. O han caído en un hechizo o tienen más claro que el agua lo que les conviene.

Marchena vuelve a tener la llave. Él maneja los tiempos y llevará el procedimiento al ritmo que desee hacia el desenlace. Ahora sabemos que al menos él, dado que no ha dicho que se retire para siempre, tiene un objetivo claro, que es llegar a presidir tras la renovación, sea cuando sea. Así que la precampaña o la campaña irán en volandas sobre las sesiones de la vista oral. Ahora ya el Gobierno no tiene ningún control sobre ese calendario. El juicio está también lastrado por la sospecha de parcialidad de un presidente ensalzado públicamente como el que iba a conseguir todos sus objetivos. Es posible que eso consigan hacerlo digerir en España, pero en un tribunal internacional... me temo que será otro cantar.

El último que ríe ríe mejor.

manuel Marchena efe
poder judicial Marchena renuncia a la presidencia del CGPJ Cèlia Forment i Bori