“¡Champagne! En la victoria lo mereces, en la derrota lo necesitas”

Napoleón Bonaparte

Tengo la sensación de que en estos días han saltado por los aires algunos corchos que estaban metidos a conciencia y generando presión, no precisamente carbónica. No digo que la técnica de descorche deba ser como la de Napoleón, que introdujo entre sus tropas la costumbre de hacer saltar a golpe de sable los tapones de las botellas de champán, pero sí que ha hecho falta mucho para que oyéramos finalmente ese “pum” seco que, bien efectuado, evita que el líquido salga descontrolado y permite que esté listo para servirlo en las copas.

Uno de esos descorches controlados, pero no por ello menos efectivo, ha sido el realizado en el Tribunal Constitucional por dos magistrados progresistas que, en segunda oportunidad, han decidido abandonar el sendero forzado de la unanimidad para pasar a ejercer la verdadera función que se espera de un tribunal: que refleje las diferentes posturas que en derecho caben ante un problema concreto. Hemos vivido demasiado tiempo forzadas unanimidades, demasiadas espirales del silencio, demasiados conciertos, excesivos miedos. El descorche de los magistrados del Constitucional, realizado con una exquisita técnica, nos permite comprobar cómo lo que desde el principio defendemos muchos tiene un claro respaldo en nuestro estado de derecho: que el derecho penal era una respuesta indebida que nunca se debió iniciar. Me ha gustado leerlo en papel timbrado, aunque fuera en el de un voto particular que, no lo olvidemos, siempre va unido a la sentencia a la que pertenece.

El caso de Cuixart era especialmente significativo, porque en él no ha lugar a mezclar consideraciones sobre la tarea política o institucional o sobre cualquier otra cosa. Cuixart es un hombre cuyos actos se inscribían dentro del ámbito del derecho de reunión y desde ese punto de vista aborda el amparo el Constitucional, tanto la mayoría como la minoría. Lo cierto es que los autores del voto no han dejado la oportunidad de dar un correctivo al tribunal presidido por Marchena: “Estamos plenamente de acuerdo con la posición mayoritaria, en la que se sustenta la sentencia, en que no resulta posible excluir la conducta del recurrente del ámbito material de afectación del derecho de reunión, desautorizando en ese concreto aspecto a las resoluciones judiciales impugnadas”. Así de simple se cae un principio básico del que partía el Supremo para poder construir su sedición, porque si resulta que lo de la Conselleria, dice el TC, no puede ser separado del ámbito del ejercicio de ese derecho fundamental a la reunión y “aunque se extralimitara” Cuixart en la forma de llevarlo a cabo, “recurrir al derecho penal y a la imposición de la pena privativa de libertad de 9 años y de inhabilitación absoluta implica una respuesta indebida”. En el voto le reprochan precisamente a la mayoría que una vez que han reconocido que se trata del ejercicio de ese derecho fundamental, acaben por concluir que es legítima la injerencia del derecho penal en el asunto.

Creo que esta ruptura de la conjura de las togas, esta posibilidad de que aflore el hecho cierto de que hay buen número de juristas de este país que no comparten la “solución Marchena”, no puede sino ser celebrada porque es seguro que abrirá las vías para que otros se atrevan a salirse de la hasta ahora inamovible unificación

No se queda ahí el taponazo que dan ambos magistrados, sino que no les duelen prendas a la hora de referirse a la desproporción de las penas. O sea, el derecho penal no debería de haber entrado, pero una vez que lo hizo, ¡a dónde van con 9 años! Aludiendo constantemente a la doctrina del TEDH, los magistrados nos dejan claro que tal amenaza de años de prisión pendiendo sobre un ejercicio inadecuado del derecho de reunión supone “un efecto de desaliento” que no casa con la interpretación necesaria de éste en las democracias plenas.

“El argumento sostenido en las resoluciones judiciales impugnadas de que los actos desarrollados el 20 de septiembre y 1 de octubre de 2017 no tienen siquiera cobertura en el concepto de reunión pacífica no es acorde, en efecto, con la jurisprudencia de este Tribunal y del TEDH en la materia”, nos dicen también Xiol y Balaguer y este es otro mandoble al tribunal sentenciador al que le recuerdan una y otra vez la jurisprudencia aplicable del Tribunal de Estrasburgo, sentando las bases para las partes que van a llevar el caso a esta instancia y, creo, anunciando de que por ahí le llegará al TS una corrección que ellos ya ven.

Me parece muy importante que todo esto haya sido escrito. Me parece de gran relevancia que los trapicheos internos del tribunal para lograr la unanimidad no hayan acallado a estos magistrados que han expuesto con toda la prolijidad técnica necesaria lo que otros jueces en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos van a tener que ponderar. Creo que esta ruptura de la conjura de las togas, esta posibilidad de que aflore el hecho cierto de que hay buen número de juristas de este país que no comparten la “solución Marchena”, no puede sino ser celebrada porque es seguro que abrirá las vías para que otros se atrevan a salirse de la hasta ahora inamovible unificación. La copla que se lleva años cantando, en muchos tribunales y en la política, que decía en la letra sedición, pero que llevaba en la música el redoble de la traición, empieza a desmoronarse cuando prestigiosos magistrados se atreven a decir: os habéis pasado. Eso es exactamente lo que dicen Xiol y Balaguer sobre Cuixart y lo dijeron sobre Turull, a los que en su opinión el Constitucional tomado por los soldados del PP debería de haber amparado.

Otro descorche, sin duda, ha venido de la mano de Oriol Junqueras. Indudablemente, a los de Colón les ha descolocado bastante el chiringuito y, no lo olvidemos, el suyo es un chiringuito de confrontación y de represión porque no tienen ninguna otra propuesta. A la par, creo que ha ayudado a que muchos en España empiecen a virar y a darse cuenta de que a garrotazos ni unos ni otros vamos a ninguna parte y que lo más inteligente es hacer política, aunque a nadie contente del todo el resultado.

CC.OO. y UGT se pronuncian también a favor de los indultos y es cuestión de pedagogía el revertir ese porcentaje de oposición con el que creen los fachas que van a lograr desestabilizar al gobierno.  

Salten los corchos y suenen los tapones. Estoy segura de que cada día se van a desfraguar más tensiones, porque, como confesó Keynes, al final, de lo único que se arrepiente uno en esta vida es de no haber bebido suficiente champán. 

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