“Cualquier medida que se tome antes de una pandemia parecerá exagerada y cualquiera que se tome después parecerá insuficiente”
Leavitt, exsecretario de Sanidad de EE.UU.
Ninguna reivindicación política puede considerarse digna si incurre en causa de inhumanidad. Aprovechar este duro y peligroso momento que nos une como miembros de una especie amenazada, la humana, para intentar obtener cualquier tipo de rédito es simplemente vergonzoso. Y esto lo digo urbi et orbi, de modo que no me importa recibir por ello los escupitajos de unos y otros, siempre y cuando sean virtuales, dado que soy grupo de alto riesgo y preferiría no morir aún. Si ustedes me lo permiten. La verdadera cuestión ahora mismo es que existimos un grupo amplio de población, entre los que se encuentran seguro algunos de sus familiares y conocidos, que necesitamos que pongan su esfuerzo a remar por nosotros. De esto va la cosa. Se puede, en caso contrario, optar por la especie de genocidio aceptado y cuantificado que han elegido los británicos. O, a lo mejor, no lo han elegido ellos porque cuando fueron a votar que querían seguir solos, que ellos se bastaban a sí mismos, no sabían de qué tipo de autosuficiencia hablaban ni de qué tipo de soledad.
No existe ningún político ni ningún gobierno capaz de gestionar a la perfección esta insólita pandemia que nos recuerda a cada instante que somos igual de insignificantes ante las fuerzas de la naturaleza que lo fuimos siempre. Nuestro cuerpo, nuestros órganos, que no entienden de identidades, sentimientos, ideologías o razas, están a expensas de un microscópico virus devastador. Cerrémosle el paso, pero no cerremos la razón y, sobre todo, no cerremos la humanidad, porque es la humanidad la que debe ser capaz de frenar la pandemia y acaso destruir al virus. Cualquier otra idea nos pone de nuevo en peligro a todos. Si el coronavirus consigue mantenerse en cualquier zona del mundo, mutará y volverá a nosotros una y otra vez, vivamos donde vivamos y hablemos en la lengua que hablemos. Conseguir una vacuna es un esfuerzo global de cuyos resultados debe beneficiarse toda la humanidad.
Humanidad.
Un concepto que parece que se nos escapa en cada egoísmo, en cada individualismo, en cada particularismo y en cada intento de aprovechar políticamente una situación de insólita gravedad que no puede beneficiar a nadie que no se siente en la barca común de lo humano para remar.
El virus es microscópico, pero la lucha contra él ha de ser macroscópica. Lo que hay que frenar es el contagio y, por tanto, el flujo de personas, pero además hay que hacerlo dentro de los estándares exigidos por una democracia liberal
Leer en las redes estigmatizar a los “madrileños” o a los italianos o a los que hicieron tal o cual cosa es un esfuerzo estéril. Créanme. La mayoría de los ciudadanos sólo van a aplaudir, ahora y después, a aquellos que apoyen el esfuerzo colaborativo. Humanidad es la única patria que tiene sentido ahora. De hecho, gran parte del origen del problema tiene que ver con los intentos políticos por retrasar el impacto de las noticias. En China se sabe que el paciente número 1 —aún se desconoce la identidad del paciente 0— se infectó el 17 de noviembre y el nuevo Covid-19 fue descubierto el día 11 de diciembre. Un mes. A pesar de eso, el gobierno chino intentó minimizar el brote, censuró las redes y acosó a los médicos que intentaron dar la alarma. El gobierno chino ocultó lo que sabía y hasta ordenó a los laboratorios destruir las pruebas, a la par que dejó que cinco millones de personas salieran de Wuhan a celebrar el Año Nuevo. Cuando fue a confinar la provincia de Hubei también avisó con un día de antelación.
¿Cuánto de esto tiene que ver con lo que vivimos ahora?
En el mes de febrero las mascarillas desaparecieron de las farmacias en Madrid compradas masivamente por la comunidad china, que afirmaba que lo hacían para enviarlas a sus familias. El 13 de ese mes habían muerto 242 personas en una jornada y China sólo era capaz de fabricar 80 millones de mascarillas al día, lo que hacía necesario al menos 18 días para fabricar al menos una para cada habitante.
Ahora China ha frenado al virus y asume enviar ayuda técnica y material.
¿No cometieron errores de tiempo los chinos? ¿Lo hicieron por cuestiones políticas? Las variantes del virus que han llegado a la península Ibérica son mutaciones de diferentes cepas, de modo y manera que tampoco entraron todas de la misma forma.
¿Es momento ahora de emprenderla con todas esas evidencias o de luchar juntos por nuestro bienestar como especie? Tiempo habrá.
El virus es microscópico, pero la lucha contra él ha de ser macroscópica. Lo que hay que frenar es el contagio y, por tanto, el flujo de personas, pero además hay que hacerlo dentro de los estándares exigidos por una democracia liberal. No cabe clamar por las medidas de un estado dictatorial, porque eso es tanto como afirmar que estamos dispuestos a renunciar a nuestras conquistas y que lo cedemos todo por sentirnos algo más seguros. Una deriva que comenzó con el 11-S y que constituye un cebo en el que suelen picar muchos incautos. El fin no justifica los medios ni para preservar la unidad territorial de España, como ha sucedido, ni para frenar una pandemia.
No, no creo que tenga sentido racional pensar que Catalunya puede protegerse con una especie de aislamiento por cierre de fronteras y tengo la sensación de que los que lo propugnan están pensando más en demostrar que tales fronteras existen que en la efectividad de la medida. Macro. El bicho es micro y la lucha debe ser macro. Los recursos que se puedan allegar deben ser obtenidos a gran escala porque serán más efectivos. Tanto los 200.000 millones que sólo puede movilizar el gobierno español como el resto, y ojalá obtuviéramos solidaridad y compromiso a escala europea, porque aún nos irían mejor las cosas.
Cuando esto pase, que pasará, tiempo tendremos de evaluar cómo se gestionó y medir la talla de cada gobernante y lo tendremos también para estudiar qué sucede cuando un jefe del Estado admite que el anterior tuvo prácticas corruptas e, incluso, volveremos a hablar de como el TJUE le ha dado una guantada a Llarena al decirle que lo hizo mal desde un principio y que vulneró derechos al no dejar personarse a los que no comparecieron y se expatriaron. La vida va a seguir y para todo habrá tiempo. Ahora es el momento de permanecer a distancia, pero de sentirnos abrazados, todos, como especie humana ante un enemigo que nos quiere poner en jaque. No cerremos la mente.
Lo de no cerremos el corazón lo digo por algunas cosas que se ven en las redes. Alguna tan mezquina que quien la puso la ha borrado ya. Sí, están muriendo nuestros padres, nuestros seres queridos y tememos que mueran otros. Es el momento de abrir la puerta a la grandeza del ser humano y no a la pequeñez sórdida.
Lo vamos a hacer juntos. Y es hermoso.