La justicia emana del pueblo y se administra [en nombre del Rey] por Jueces y Magistrados [integrantes del poder judicial], independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley”
- Constitución Española

Catalunya en la sala

Elisa Beni

He leído en una celebrada página satírica que, este lunes, Lesmes declaró la independencia del Poder Judicial durante ochos segundos. Los de ElMundoToday tienen una buena retranca sobre todo porque con sus titulares aparentemente enloquecidos suelen dar en la diana. En el fondo la confusión permanente y voluntaria que llevó a cabo durante todo su discurso entre la independencia judicial y lo que llamó “independencia del Poder Judicial” es más parecida al titular paródico que a todo lo que se ha escrito en los diarios sesudos. La publicación sarcástica pone en boca del Lesmes de pega: “Somos imparables y lo tenemos a tocar”, ha dicho para animar a los seguidores de la Justicia. “En 2023, el poder judicial será completamente independiente”, ha insistido visiblemente emocionado”.

Llevan razón porque había un elefante en el Supremo y se llamaba Catalunya.

Les he hablado durante años sobre el fenómeno de enrocamiento que se sufrió en la judicatura en torno al procés y a los procedimientos que en torno a él se forzaron. Les he contado que el Supremo se había hecho bicho-bola, que daba igual ya la tendencia ideológica de los magistrados, la sensación de que eran los llamados a salvar la integridad de la patria que los políticos no habían sido capaces de defender era dominante y que, al calor de la misma, jaleada por grandes capas de población, se habían cometido groseras manipulaciones del derecho procesal, de la jurisdicción y de los derechos fundamentales. Sobre esa experiencia, que les debió resultar mística, se comenzó a cimentar ese impulso de las asociaciones judiciales conservadoras para hacerse con el poder reclamando una independencia del Poder Judicial más parecida a una rebelión para constituirse en poder independiente que en una reivindicación de la independencia personal y radical de los jueces en el desempeño de su actividad. He citado al principio de esta columna el artículo concreto de la Constitución que leído del correcto castellano —que es la primera fuente para interpretar las leyes— dice claramente que son los individuos jueces los que deben conseguir actuar con independencia, deben ser independientes, pero nada dice de un Poder del Estado no ya independiente sino no sometido al control de ningún otro que no sean sus propios miembros. Eso es en realidad lo que pretenden ¿Ven cómo la revista de humor es la que más se ha aproximado a la verdad?

Las asociaciones judiciales conservadoras reclama una independencia del Poder Judicial más parecida a una rebelión para constituirse en poder independiente que en una reivindicación de la independencia personal y radical de los jueces en el desempeño de su actividad.

Catalunya no ya como telón de fondo sino como lienzo. Tan claro fue, que el caducado presidente del Tribunal Supremo se permitió, en un acto oficial, celebrado en sede judicial y ante el jefe del Estado, criticar al jefe del poder Ejecutivo, el presidente, siendo que los jueces, todos, tienen prohibido emitir reproches a los miembros de otros poderes. Se lo saltó el pulcro Lesmes y fue directo a la quijada de Sánchez. ¿Con qué tema? Catalunya y los indultos concedidos por el Gobierno a los líderes del procés. Esta inaudita salida de tono fue grandemente aplaudida por toda la prensa de derechas y en los círculos más caspas del nacionalismo español. El problema catalán lo vale todo, hasta saltarse ese imperio de la ley al que están sometidos los jueces y al que tan a menudo y adrede deja de referirse Lesmes.

Lesmes, como si no fuera con él el artículo 127 de la Constitución ("No podrán los jueces o magistrados (…), y les estará prohibido: Dirigir a los poderes, autoridades y funcionarios públicos o corporaciones oficiales, felicitaciones o censuras por sus actos”). Si lo de Lesmes no fue una censura al Poder Ejecutivo y a su máximo representante que venga Dios y lo vea. No se refirió además a ningún argumento jurídico contenido en los expedientes sino a las declaraciones hechas por Sánchez en una declaración institucional a la nación desde el Palacio de la Moncloa. ¿Qué más le dará la Constitución a Lesmes?

Lesmes dijo que quería “reinvindicar” a los jueces españoles, como si todos hubieran estado implicados en el desprestigio de la función judicial que se ha producido en torno al tema de catalán y que terminó en una sentencia enloquecida en la que los hechos probados correspondían a un delito y la condena a otro. Los jueces españoles, la mayoría de ellos, lo último que necesitan es que los vindique un tipo como Lesmes, que tiene en su haber, en efecto, haber ido incluso más allá de las presiones políticas para llevar al Tribunal Supremo y a los órganos más relevantes a los Llarena, Lamela, Hurtado y otros tantos carentes de méritos especiales en su profesión, más allá de haber contribuido al enrocamiento decretado. A estos hay que unir a sus meros amigotes, que pueblan la Sala II y la Sala III y muchas presidencias, ya saben los llamados en la carrera judicial los GAL (Grupo de Amigos de Lesmes).

Este y no otro era el personaje que se permitió abroncar ayer a todo el que le pareció. Este, el que lleva tres años más de la cuenta cobrando 143.000 euros al año, es el que vino a dejar claro que van a pelear por declarar la independencia de los jueces de todo tipo de control. Ya lo han dicho con mucha gracia los compañeros de la prensa satírica: este es el que nos anunció el “golpe de Estado judicial” que lleva tiempo fraguándose y al que el PP ha decidido contribuir apuntando con su filibusterismo a la misma sien del Gobierno para forzarlo con amenazas.

Nada de esto era tan evidente ni tan acuciante antes del procés. El elefante que ocupaba la misma sala en la que se juzgó el 1-O, era sin duda Catalunya.

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