En un discurso sin apenas matices, el rey Felipe VI ha aprovechado el tradicional mensaje de Navidad del jefe del Estado para apelar a la unidad y a sentirse españoles. Su intervención ha estado muy marcada por los dos procesos electorales, el del 27 de septiembre, que ganaron los independentistas en Catalunya, y el más reciente del pasado día 20, que propició una situación nueva en la política española, donde ninguna fuerza política tiene, a priori, capacidad suficiente para formar gobierno. Un total de 14 veces pronunció durante su intervención la palabra "España", 16 veces convocó a los españoles, en seis de ellas habló de la "nación", en cinco ocasiones de la "convivencia" y tan sólo una mencionó a Europa.

Consciente de las incertidumbres territoriales y del especial momento político que atraviesa España, donde no hay que descartar la celebración de unas nuevas elecciones el próximo mes de mayo, Felipe VI trasladó desde el Palacio de la Zarzuela al Palacio Real el plató de grabación del mensaje de Navidad. En todo caso, no ha habido sorpresas en su intervención que no fueran sus llamadas a la unidad (de Catalunya con España) y a la estabilidad (española). En el primer caso, con rotundidad, al hablar de la ruptura de la ley, de la imposición de un proyecto de unos sobre la voluntad de los demás españoles y de la repetición de argumentos conocidos como el negro horizonte de decadencia, empobrecimiento y aislamiento de las propuestas independentistas. O también cuando se refirió a su serenidad, tranquilidad y confianza en la unidad de España.

En pleno conflicto soberanista, el Rey ha optado por un discurso grave y contundente, pensado mucho más en clave española, y que difícilmente encontrará complicidades en los partidos soberanistas de Catalunya, el País Vasco o Galicia y en los defensores de la plurinacionalidad de España.

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