Oriol Junqueras está determinado a hacer todo lo que haga falta para evitar un nuevo Govern de la Generalitat con Junts per Catalunya. El líder de ERC pretende organizar un pacto con los comunes, con el apoyo o la no beligerancia de la CUP y la abstención en el debate de investidura del PSC y de Junts Per Catalunya. Pere Aragonès saldría investido presidente en segunda votación con un mínimo de 41 votos a favor, 20 en contra y 55 o 64 abstenciones, según lo que hiciera la CUP. Es el hipotético "giro a la izquierda" que ERC ha venido preconizando durante la campaña. Y también coincide con el mandato de Pedro Sánchez de desalojar a Puigdemont y Junts per Catalunya del escenario principal. La legislatura arrancaría lentamente y cogería más ritmo a partir del indulto a los presos, que todo el mundo daba por hecho antes de que estallara la crisis de confianza entre Sánchez e Iglesias en el Gobierno que puede envenenarlo todo.

La estabilidad del Govern Aragonès dependería del intercambio de apoyos entre ERC y los socialistas en Madrid y Barcelona. Pedro Sánchez también tendría definitivamente asegurado el apoyo de ERC en el Congreso. Otra cosa es que Pere Aragonès, que al fin y al cabo es quien deberá gobernar, se pueda permitir una jugada que se presenta dificilísima y que, como el encaje de bolillos, requerirá tiempo y esfuerzo, para después tener que sufrir un malvivir mendigando cada día apoyo a cada ley. No hace falta decir que, desde el punto de vista aritmético, lo más fácil es repetir el Gobierno independentista de antes pero liderado ahora por ERC. Sin embargo, la aritmética y la política no siempre circulan en paralelo. Junts per Catalunya está en condiciones de pedir el mismo poder dentro de la Generalitat que le entregaron a ERC, desde la presidencia del Parlament hasta la vicepresidencia económica, los departamentos con más presupuesto: Salut, Educació, etc, y la repartidora de subvenciones a los medios de comunicación. Consta que ERC no está dispuesta a ceder lo mismo que recibió y consta también que Junts Per Catalunya no renunciará de entrada ni de salida.

Las diferencias internas entre los líderes políticos de uno y otro partido vienen determinadas por la diferente situación personal de cada uno. Eso ya pasó en la dictadura, entre los presos y los que no estaban encarcelados, entre los exiliados y los del interior. En el PSOE incluso se escindieron los exiliados para crear al PSOE histórico, que no hizo nunca nada bueno. También pasó en el PCE e incluso con Tarradellas de presidente en el exilio. Ahora Junqueras está todavía en prisión y tiene la misma voluntad, pero no la misma prisa, que Aragonès para asumir la presidencia. Y Puigdemont, liderando desde el exilio, seguro que le da más importancia a mantener la posición estratégica que a los cargos que ERC le pueda ceder a Junts per Catalunya. Es en la estrategia donde las divergencias entre los independentistas son insuperables. Esquerra ya ha dicho que piensa mantener la relación abierta con el Gobierno de Sánchez e Iglesias.

Junqueras, que todavía está en prisión, tiene la misma voluntad, pero no la misma prisa que Aragonès para asumir la presidencia. I Puigdemont, liderando desde el exilio, seguro que le da más importancia a mantener una posición estratégica que a los cargos que ERC pueda cederle a JxCat 

Las pocas ganas que tiene Junqueras de que ERC gobierne con Junts per Catalunya tienen su réplica en el partido de Puigdemont. Sectores de Junts también ven poco interesante repetir el esquema de un gobierno de socios malavenidos y gana terreno la tesis de que no vale la pena conformarse con menos de lo que tenía ERC para mantenerse callados y obedientes dentro de un Ejecutivo de vida incierta —estará permanentemente en minoría— y que inevitablemente llevará a cabo una estrategia contraria a sus convicciones. Dicen que se sentirán más libres hablando claro desde fuera del Govern, lo cual no quiere decir que facilitarán el trabajo a los que pretenden despedirlos y arrinconarlos.

La cuestión es, pues, como convence Pere Aragonès a Junts Per Catalunya para que se abstenga y no vote en contra de su investidura. Sin su abstención no hay investidura que valga y por tanto es previsible que los de Puigdemont se lo hagan valer. Que ERC empiece la negociación con la CUP ha sido considerado en Junts per Catalunya como una manera de marcar territorio. Pero lo marca en todas direcciones, teniendo en cuenta que tarde o temprano ERC deberá llamar a todas las puertas y negociar al mismo tiempo a cuatro bandas, con el riesgo de que lo que se acuerde con unos quizás complique el acuerdo con los otros y vuelta a empezar.

La dificultad del pacto incluye el factor tiempo. No está claro quien será el president del Parlamento, pero no podrá negarle a Salvador Illa que presente su candidatura como candidato más votado si antes Aragonès no ha demostrado que tiene más apoyos. El candidato socialista hará, como ha anunciado, una solemne presentación de su programa de gobierno para escenificar su victoria en votos, pondrá en marcha el reloj y esperará a ver si las negociaciones entre independentistas se envenenan y la repetición de las elecciones se convierte en una opción interesante. Todo está por hacer y todo es posible.

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