La tradición catalana indica que la semana de los barbudos es la más fría del año. Pau Ermità (15 de enero), Maür abat (16) y Antoni abat (17) son los tres santos más representativos de la iconografía de las largas barbas, aunque también se incluyen Fructuós (21) y Vicenç (22) para completar la semana. Cierto que hace frío, aunque es sobre todo una sensación climatológica, ya que en lo político Catalunya ha recobrado, al menos formalmente, la coordenadas de un país normal: president, gobierno, parlamento y oposición. Aunque sea por una temporada corta, bienvenida sea la rutina. En Madrid, en cambio, el frío se ve en el termómetro y se nota en la política, mientras el barbudo más ilustre del Reino, el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, chapotea en una investidura que cada vez se le hace más difícil.
Y eso, en la política, cuando sucede, produce miedo. Mucho miedo. ¡Cómo han cambiado las cosas en un par de semanas! Nadie sabe a ciencia cierta si Sánchez será presidente del gobierno, pero cada vez es más amplio el consenso alrededor de quien seguro que no lo será (Rajoy). Dije hace unos días que Pedro Sánchez tendría su oportunidad como candidato y se sometería a la investidura en febrero, cuando fracase el líder del PP. Hoy pocos lo dudan e incluso Ciudadanos y su líder Albert Rivera, que actuaba como valedor de Rajoy, parece haber cambiado súbitamente de caballo. Por si acaso, Podemos también ha rebajado el referéndum catalán en una negociación con el PSOE de irrenunciable a necesario. Cuestión de política, no de semántica. No deja de ser llamativo que, por segunda vez, el PP esté a punto de pasar de la mayoría absoluta a la oposición. Para hacérselo mirar.