Uno de los principales factores para mantener la salud mental es entender que una (o uno) no va a agradar siempre a todo el mundo. Cuando publicas en medios de comunicación columnas de opinión y dejas al descubierto tu pensamiento, ideología, y hasta tus debilidades estás haciendo un enorme ejercicio de vulnerabilidad. Si eres feminista, el ejercicio ya es de provocación. Y si eres feminista y además de opinar sobre temas generales denuncias públicamente actitudes machistas que vives en tu cotidianeidad, te mereces que te insulten. Entiendo que el espacio de comentarios anónimos es demasiado seductor para algunos individuos. Tampoco me sorprende, desgraciadamente, la cantidad de aludidos cuando se habla de actitudes machistas.

En mi artículo de la semana pasada titulado la Cultura de la polla, hacía un breve repaso a una serie de actitudes de los hombres (utilizando el género hombre como categoría social concreta) fácilmente identificables en los espacios públicos. Y aunque apenas nadie cuestionó que esas actitudes existían, sí pusieron en duda el machismo de las mismas. Muchos hombres dijeron que abrir las piernas en el transporte público (manspreading), tocarse sus partes en espacios compartidos o sacarse el pene fuera para orinar en la calle eran cuestiones de mala educación, pero no de machismo. Creo que nunca nadie dijo que el machismo era buena educación, lo cual no quiere decir que, además, siga siendo machismo. Con respecto a la predisposición masculina de enviar fotos de genitales a través de las redes sociales sin que la receptora las haya pedido ni las espere, o aquella otra de rozarse con el miembro aprovechando conglomeraciones como discotecas o conciertos no recuerdo ninguna crítica. Las habrá y aquí debajo podéis verterlas. He de confesaros que por privado sí me escribieron mujeres para hablarme de lo acosadas que se habían sentido cuando recibieron fotos de miembros a los que nadie les había dado vela en su entierro. Yo misma he recibido este tipo de fotos más de una vez. Sigo preguntándome qué mecanismo mental lleva a un individuo a ir regalando fotos de su erección. Simone de Beauvoir decía que “nadie es más arrogante, violento, agresivo y desdeñoso contra las mujeres que un hombre inseguro de su propia virilidad”. Estoy de acuerdo.

La invasión de los espacios públicos por parte de los hombres es uno de los principales combustibles del machismo que hemos denunciado las feministas de todas las épocas y generaciones

Con respecto a esa otra crítica que se repite con frecuencia hacia las mujeres feministas sobre nuestra aversión a las pollas y a lo mal que lo pasaría yo en una playa nudista, creedme si os digo que he visto el suficiente número de pollas como para que la mayoría de ellas me generen absoluta indiferencia. Las pollas como elemento anatómico masculino me dan igual siempre que no sean mis compañeras de cama o de vida, pero no así los privilegios, orgullos desmedidos y prejuicios que suscitan, cuando se convierten en causa y consecuencia de la hipermasculinización cultural de la que yo como mujer soy víctima. Las pollas que me quitan espacio, ya sea en el autobús o en el parlamento, me molestan. Aplaudo a esas pollas que se pasean por la playa sintiendo el frescor en sus respectivos prepucios. Si visitáis Galicia os recomiendo la playa de Barra en Cangas, al lado de Cabo Home. Un paraíso natural de pacífica convivencia.

Sé que a muchos varones os resulta exagerado que relacione el manspreading con las violaciones, pero la invasión de los espacios públicos por parte de los hombres (en detrimento del espacio que ocupamos las mujeres) es uno de los principales combustibles del machismo que hemos denunciado las feministas de todas las épocas y generaciones. Siguiendo con esta relación, el machismo es la principal causa de la violencia de los hombres contra las mujeres. También de la violencia sexual. A no ser que tú, hombre que me lees, seas de los que todavía piensa que los violadores y los asesinos de mujeres son sujetos con patologías mentales, que viven al margen de esta idílica sociedad en la que las mujeres seguimos teniendo problemas para volver solas a casa.

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Lena Dunham dijo que los hombres blancos no pueden entender lo que significa vivir siendo atacados (por ser hombre). Soy consciente de que las mujeres blancas, heterosexuales y de clase media somos privilegiadas al lado de mujeres trans o de otras razas, y por eso a mi jamás se me ocurriría explicarle a una mujer negra lo que ella siente y vive por su color de piel. Ojalá llegue el día en que los hombres dejen de explicarnos a nosotras lo que significa ser mujer. Ojalá llegue el día en que algunas mujeres dejen de mofarse cuando otras denunciamos lo que todas vivimos por serlo. Simone también decía que “el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”.

Muchas veces se menciona en los comentarios de mis artículos a los hombres de mi vida, como si tener pareja, padre, hermanos o amigos fuese incompatible con denunciar el machismo en el que ellos, inevitablemente, están sumidos. Cuando os afanáis en mencionar a hombres concretos de mi vida buscando el ataque personal legitimáis una vez más el discurso de la violencia, que también es verbal. Ser hombre y vivir en una sociedad machista no te condena, ni por supuesto te obliga, a seguir perpetuando y defendiendo ciertas actitudes.

Ser hombre y vivir en una sociedad machista no te condena, ni por supuesto te obliga, a seguir perpetuando y defendiendo ciertas actitudes

Querido hombre, seguiré agradeciendo que me leas aunque no estés de acuerdo conmigo. Sabes, tan bien como yo, que el hecho de que mis artículos y los de otras mujeres feministas se publiquen ya en medios de comunicación de todo el mundo es un gran avance. Por eso entiende que me alegre al saber que sientes tus privilegios amenazados. Si tienes un mínimo interés en saber cómo nos sentimos las mujeres empieza por escuchar a las mujeres. Si te da demasiada grima que una mujer te explique cosas, puedes escuchar a otros hombres que luchan activamente por la igualdad de género. Os recomiendo el blog de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE). Gracias a todos esos hombres que nos leen, nos comprenden y nos apoyan el feminismo también vive en la agenda pública.

Por último, siento la confusión lingüística con el término polla en su traducción al catalán. Soy gallego y castellano parlante, pero recibo de muy buen grado la riqueza semántica que me habéis facilitado. Lo que no os puedo prometer, eso sí, es que yo vaya a escribir con más dulzura, o con menos odio como algunos me piden, porque la desigualdad, la violencia y la discriminación histórica que vivimos las mujeres jamás despertaron mi parte lírica.

Diana López
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