El castellano tiene un grave problema en Catalunya. Y este problema es que una minoría politizada se ha apropiado de él, se ha otorgado la potestad de “defenderlo” y la usa, o lo intenta, en beneficio propio sin importarle lo más mínimo como lengua. Y eso le hace un daño terrible.

El aznarismo descubrió que crear una fantasía sobre un pretendido conflicto lingüístico en Catalunya, no sólo le daba votos en el resto de España, sino que reforzaba su discurso de la Gran Nación “una y grande”. Al principio alguien quizás se creyó que detrás de la maniobra de la "Operación Bilingüismo” estaba realmente la defensa de una lengua en peligro. Cuando comprobamos su concepto de bilingüismo en el País Valencià y en las Balears, la farsa se deshizo como un azucarillo.

Y por el medio, un reducido grupo de fracasados, resentidos, automarginados y gente a la que se le había pasado el arroz en general, que encontraron trabajo en Madrit (más concepto que nunca) como apologetas del apocalipsis. Todos ellos (y ellas) en tribunas muuuy bien remuneradas, en cargos públicos y semipúblicos y adoptados como presuntos intelectuales del régimen. Ellos (y ellas) eran (y son) los catalanes buenos que, después de haber pasado por caja, denunciaban la dictadura lingüística y el bla, bla. Ojo, y no es una crítica, porque todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida, incluso sin trabajar. Es una descripción.  

Naturalmente, como sus altavoces son más potentes, el objetivo se alcanzó totalmente y una parte de la población española piensa que en Catalunya te pegan si hablas castellano. La suerte es que el siglo XXI es el del turismo, y los millares de hablantes de castellano que visitan cada año nuestro país se van habiendo observado la realidad. Porque para combatir la propaganda no hay verdad mayor que vivir la realidad.

Todo eso viene a cuento de un ejemplo sobre el estado real de la lengua castellana en Catalunya y que está circulando mucho por la red. Es una carta enviada a La Vanguardia por una señora instalada en la ficción y que queda absolutamente retratada en la respuesta. 

Sin embargo, ¿sabe cuál es el problema? Esta carta puede ser publicada en cualquier diario de Madrit (nuevamente concepto) y sin la respuesta que demuestre que lo que se dice aquí es mentira. Pero el titular será: “El español proscrito en las bibliotecas catalanas”. Y después saldrá el estómago agradecido de turno exclamando: “Lo ven, es lo que yo les digo desde hace tiempo, aquello es una dictadura xenófoba... Ah, por cierto, ¿y cuándo paso a cobrar?".

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