No todo es desafección hacia sus majestades: el Rey tiene quien le escribe. Al parecer, de corazón. Pero da miedo. Si 73 ex jefes jubilados del Ejército de Tierra han enviado una carta al monarca en la que califican al actual Gobierno español de “socialcomunista avalado por filoetarras e independentistas”, en la mejor retórica de Vox y de no pocos dirigentes del PP y Cs; si, además, la dan a conocer a través de El País, entonces yo escribiré que se trata de un conjunto de militares franquistas, filogolpistas y ultramonárquicos a los que mucho me temo que no les dolerían prendas de organizar lo que hiciera falta para recomponer la sacrosanta “unidad nacional”, que, como siempre, vuelven a ver amenazada.

Ante la persistencia del filofascismo en los círculos de uniformados, en activo o no, 45 años después de que el dictador muriese en la cama, a nadie debería extrañarle que en el Estado español haya independentistas -desde luego, con toda la legitimidad y derecho-; y, lamentablemente, que durante mucho tiempo haya habido etarras. Es decir, gente que se arrogó ilegalmente -por sus cojones, y perdonen la expresión- el derecho de decidir sobre la vida y la muerte de los demás como otros lo hicieron durante mucho tiempo legalmente y, si pudieran, continuarían haciéndolo por idénticas urgencias.

El último pronunciamiento, en la peor tradición antidemocrática y cuartelera de esa España que, a decir del gran poeta Machado, había de helarte el corazón, se ha producido justo cuando ERC y EH-Bildu -además del PNV- han anunciado el acuerdo con el gobierno del PSOE-Podemos para aprobar los presupuestos del Estado para el 2021. Y a pocos días que el Tribunal Supremo -según se filtró 48 horas después del anuncio del pacto- revoque la semilibertad de los presos políticos del 1-O, régimen del que disfrutaron el pasado verano.

La grave crisis sanitaria, económica y social a causa de la pandemia actúa también como marco de justificación del proyecto de asonada. Aunque haya que salvar las distancias, y más allá de las derechas del PP y Vox y la despechada Arrimadas, las duras críticas que ha recibido el acuerdo presupuestario con la izquierda independentista catalana y vasca por parte de Felipe González y algunos barones y miembros de la vieja guardia del PSOE recuerda a aquel caldo de cultivo a favor de un golpe de timón, más allá del perímetro del ejército, la Casa Real y la ultraderecha, en los prolegómenos del golpe de Tejero el 23 de febrero de 1981.

¿Cuántos habrán compartido en la intimidad de las cabinas de mando del deep state los argumentos para el golpe de Estado?

El telediario de TVE de este domingo ha informado que el pronunciamiento no ha tenido seguimiento alguno en los cuarteles según fuentes del ministerio de Defensa -atención. Estos antiguos uniformados intentan poner al Rey al frente de un (¿nuevo?) golpe de Estado, para ellos “constitucional” que tendría por objetivo atar más corto al gobierno de coalición Sánchez-Iglesias y perpetuar la represión contra el independentismo. No en vano, se dirigen a Felipe VI en su condición de “capitán general de todos los ejércitos”, según la Constitución. No espero que esta noche -como hizo su padre, el ahora huido Juan Carlos I el 23-F- Felipe VI dé un discurso televisado para tranquilizar a la población. Pero la pregunta es: ¿cuántos habrán compartido en la intimidad de las cabinas de mando del deep state los argumentos epistolares de tales "patriotas" para el golpe de Estado? 

El ruido de sables le da la razón a ERC en su apoyo a Sánchez: España está al borde del abismo y se nos puede caer encima

Otrosí, es obvio que ERC ha recibido políticamente el mejor regalo que podía soñar -nada más y nada menos que una invitación a un golpe de Estado- para legitimar e incluso redimir su decisión de apoyar los presupuestos de Sánchez, a penas sin garantías de cumplimiento de lo acordado. Si se trata de que en España no ganen los peores de los peores, el apoyo de los republicanos catalanes -y de EH-Bildu- a las cuentas del Estado aparecerá como del todo necesario. Esa decisión, más allá de la dudosa concreción de las cifras, dados los antecedentes por todos conocidos de incumplimento de compromisos por parte del Estado, habrá devenido,  finalmente, casi un deber democrático. El ruido de sables le da la razón a los republicanos en su apoyo a Sánchez: España está al borde del abismo y se nos puede caer encima. Pero no estaría de más que Gabriel Rufián y Pere Aragonès recordaran que Roma nunca pagará traidores y que el Supremo, Marchena y los fiscales de Sánchez no entienden de presupuestos.

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