Hasta hace pocos días, Catalunya sabía que Francesc de Dalmases es el paje omnipresente de Laura Borràs, un bodyguard de una fidelidad tan devota que muchos ya nos habíamos acostumbrado a verlo como una hipóstasis viril de la Molt Honorable. Pero recientemente, gracias a una investigación periodística digna del Watergate, conocíamos que el diputado juntaire (indignado al ver a unos periodistas haciendo preguntas a su diosa, cuando habrían podido cerrar la boca y retuitear sus fotografías más cuquis), había agarrado por la muñeca a una periodista de este exquisito cadáver todavía caliente llamado FAQS para encerrarla en una salita de TV3 y echarle la bronca con gran griterío. Mientras escribo este artículo, el propio gobierno de la nación (por medio de su replicanta portavoz), el Col·legi de Periodistes, el comité de empresa de TV3 y muy pronto el Vaticano, exigen responsabilidades al hombre más buscado del país.
No excuso a Francesc de Dalmases. Violentar a una profesional con esta grosería es de gente esmirriada. En esto, por otra parte, Junts es una excrecencia del mundo convergente. Cuando un político de CiU quería asegurarse una horita tranquila en la tele, tenía la pericia de haber comprado a todos los integrantes del plató mucho antes de iniciarse la interviú, especialmente al presentador del espacio. En un pasado glorioso –cuando Catalunya era igual de autonomista y misérrima, sin embargo, la mafia tenía capos mucho más inteligentes– de esto de Dalmases, en Convergència, se ocupaban los contables. Lo que ocurrió en los camerinos del FAQS es una fotografía espléndida de un país lleno de vividores que se acojonan con los españoles mientras se enardecen con una redactora, y de unos periodistas que llevan años dando masajes a los gusanos y ahora se extrañan de que los traten como putas.
Dalmases y su triste griterío son hijos de nuestro tiempo. Si lo echan, alguien más ocupará su plaza y, creedme, la calidad irá todavía a peor
Durante los últimos lustros, la mayoría de periodistas de la tribu que ayer se escandalizaban con los excesos de Dalmases se han dedicado a tragarse las mentiras de juntaires y republicanos con una pleitesía muy superior a un agarrón de muñeca. Si existe gente como este penoso diputado es también porque toda la peña que era responsable de auditar su morro se ha pasado mucho tiempo cascándose una siesta. No eximo la responsabilidad del malhumorado ni la indefensión de la (lógicamente) aterrorizada periodista, pero las cosas no pasan porque sí: llevamos años con una prensa llena de militantes a sueldo de los partidos, años aguantando monólogos sin réplica en televisiones públicas, y años sin que la mayoría de medios del país tengan un plan de negocio que no pase por las arcas de la Generalitat. Quien pierde autoridad se convierte en carne de agresores de pacotilla.
Decidme cuál es la última exclusiva periodística de un medio de comunicación catalán que haya comportado la dimisión de un miembro del Govern. Recordadme la última vez que algún columnista del país haya hecho subir los colores a un responsable político de los partidos independentistas. ¿Quién auditó las estructuras de estado de Artur Mas? ¿Quién puso entre paréntesis la DUI? ¿Quién se ha puesto delante del president Puigdemont para repasar los puntos de la ley de transitoriedad jurídica o del referéndum sobre los cuales se meó soberanamente? ¿Alguna sacrosanta institución del país ha hecho algún comunicado sobre la agresión que comporta tanta falsía? ¿Nadie, verdad? Pues, hijitos míos, no os extrañe que la versión más cutre de un sistema político al que todo el mundo ha reído las gracias se os enfade porque a Laura no le preguntan por sus poetas preferidos mientras se lima las uñas.
Aunque me pese, nada cambiará. Hace pocos días, el profesor Jordi Llovet ponía en duda algunos de los aspectos de la carrera académica de la presidenta del Parlament en un mensaje en Facebook que él mismo borró aduciendo que Borràs había llamado a un familiar amenazándolo con una denuncia (vaya, Laura, me pensaba que eso de judicializar las cosas sólo lo hacían los españoles...). Seguro que todavía podéis encontrar el texto en la red (invectiva, por cierto, delirante y mal escrita en la cual el mismo Llovet tenía la cara de admitir que había tolerado las supuestas acrobacias de la presidenta porque ya le iban bien para convertirse en catedrático), un asunto sobre el cual, me juego lo que sea, ni puto dios investigará. Total... ¿por qué? ¿Por qué molestarse a hacer cuatro llamadas si se puede salvar el día haciendo la enésima cobertura de un acto de Jordi Turull o de la última salmodia del mosén?
Dalmases y su triste griterío son hijos de nuestro tiempo. Si lo echan, alguien más ocupará su plaza y, creedme, la calidad irá todavía a peor. Si queremos proteger a la víctima de esta agresión, haríamos bien en ejercitar menos la cursilería y más en empezar a hacer periodismo e incomodar de verdad a los matones. Llegamos tarde.