Me refiero a la potente imagen del Parlament de Catalunya, sólo lleno de mujeres. No he podido ir y me ha sabido mal, porque tenía muchas compañeras allí y porque las cosas no son iguales miradas que vividas.

¡Todo mujeres, qué miedo! Eso es lo que habrán pensado más de uno y quizá más de una y habrá que incluso ya han hecho un chiste, en los mismos pasillos del Parlament. No tengo en mente a la gente de Vox; así como a todo el mundo ―me refiero a los que no los votan― les asustan, a mí me asusta la buena gente demócrata, supuestamente, igualitaria, también supuestamente, y autodenominada de izquierdas. Sí, no me preocupan la derecha o las derechas, nuevas o viejas, y su discurso del género, ni cuando lo denominan feminismo liberal. Me preocupan todos y todas las que no dicen nada y piensan lo mismo o, en todo caso, actúan de la misma manera.

Las mujeres que han ido no necesitan la foto, necesitan la traducción de este día en medidas concretas y efectivas en avances reales

Es más, según cómo, tendríamos que felicitarnos por su claridad, por la virulencia del ataque que hacen contra los derechos de las mujeres, contra mis derechos, porque ahora le costará más al resto disimular. Por eso hay tantos, también partidos políticos, a los que les inquietan las proclamas machistas de la formación de extrema derecha. ¡Con lo controlado que tenían el tema! Tan tranquila como estaba esta gran masa gris ―y no lo digo en el mejor sentido de la palabra, sino en el sentido de tapada o no significada―, dejando que todo siguiera igual, haciendo ver que les sabe muy mal, preocupándose pero no ocupándose del tema, a no ser para impedir que nada cambie.

Están en todas partes, aquí en Catalunya, en Islandia o en Tombuctú y son muy eficientes. Están en los mismos partidos que hoy se han sentado en el Parlament catalán para significarse en la igualdad de género. Están en las empresas, en las universidades, en las calles y en las casas de Catalunya y el mundo. Son nuestros compañeros, y algunas compañeras, de todos los ámbitos de nuestra vida, con los que convivimos a la fuerza o de agrado, depende del espacio, y que dicen de manera más o menos directa que si las mujeres no tenemos igualdad es porque no queremos, porque no sabemos bastante, porque no luchamos lo bastante o lo bastante bien, porque no sabemos defendernos, ni a nosotras mismas ni nuestros derechos, porque no sabemos a dónde vamos o a dónde queremos ir... Y así es como se mantienen al margen entre el paternalismo y la superioridad del macho de ego hinchado por el patriarcado que no piensa nunca afrontar la pregunta de si está donde está porque se lo ha ganado o porque le toca por cuota. Es decir, porque se lo han regalado.

Es un buen día, y celebro la iniciativa, pero necesitamos que no quede en un símbolo. Las mujeres que han ido no necesitan la foto, necesitan la traducción de este día en medidas concretas y efectivas en avances reales. Lo necesitamos todas las mujeres, somos más de la mitad de la población, pero lo necesita también el mundo. No esperen que diga que lo necesita el mundo para ser mejor, ni más justo, ni más nada, lo necesita sencillamente porque si no, no es sostenible. No lo es la vida de las mujeres y si no es sostenible la vida de las mujeres, no lo será la de nadie, no hay futuro; por mucho que haya quien piense que la discriminación puede durar muchos años más y que ello sólo tendrá consecuencias, en todo caso, sólo para las mismas mujeres.

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Lucha feminista Las mujeres se empoderan en el Parlament Marina Fernàndez