Como bien sabrá el amigo lector, desde el miércoles ya podemos hacer la declaración de la renta. Ahora que todo el mundo empieza a rendir cuentas con Hacienda (de hecho es más bien al contrario), quien más quien menos busca aquellos gastos que uno se pueda desgravar para atenuar un poco la balanza individual con el erario público. En este capítulo, el de las deducciones, las comunidades autónomas tienen la posibilidad de añadir algunas para sus ciudadanos siempre que demuestren que viven allí.
En el caso de Andalucía, amigo contribuyente, sepa que, si usted fuera andaluz y estuviera apuntado al gimnasio (o puede acreditar que ha pagado por hacer ejercicio físico), esto desgrava. En concreto, los ciudadanos andaluces se podrán deducir el 15% de las cantidades pagadas en “gimnasios, centros y clubes deportivos, federaciones y secciones deportivas o de recreación deportiva de entidades no deportivas”. También desgrava tener perro y llevarlo al veterinario: se deducen el 30% de las cantidades pagadas en vacunaciones, desparasitación y resto de tratamientos obligatorios, así como los gastos de esterilización. La deducción se puede aplicar durante el año siguiente a la adquisición del animal y se amplía a tres años en casos de adopción, mientras que no hay límite en el caso de perros de asistencia.
También desgravan tratamientos veterinarios, las extraescolares y la defensa jurídica por pleitos laborales
El 17 de mayo hay elecciones en Andalucía, de modo que —este año— el ejercicio de rellenar la declaración de la renta coincidirá con la campaña electoral. Quizás por eso el gobierno andaluz es tan generoso con unas deducciones fiscales que ya empezaron en 2022 con una bajada general del tramo autonómico del IRPF. Pero es que además de gimnasios y perros, en Andalucía este año también desgravan los gastos educativos, las extraescolares (inglés e informática) o la ayuda doméstica: se concede el 20% de lo pagado a la Seguridad Social por cotizaciones de empleados del hogar. Ah, y si te discutes con la empresa, la defensa jurídica de cuestiones laborales también está liberada hasta los 200 euros.
Es evidente que, a medida que se van leyendo estas medidas para los afortunados contribuyentes andaluces, uno no puede evitar compararlo con la situación fiscal de otros territorios del Estado y especialmente en Catalunya, donde, además de no haber tantas deducciones, sí se mantienen impuestos como el de sucesiones. En Andalucía también existe, pero está rebajado al 95%; es decir, en la práctica se paga una mínima cantidad por herencia.
Este año, los andaluces se pueden desgravar una parte de lo que pagan por el gimnasio
Más allá de quién gobierne en Andalucía (en este caso, el PP), es evidente que si un gobierno autonómico se puede permitir el lujo de tener esta política de impuestos es porque tiene dinero para hacerlo. Y aquí es donde conviene recordar que, mientras que en Catalunya, según los últimos datos, hay un déficit fiscal de 21.000 millones de euros, en Andalucía la situación es inversa: hay un superávit fiscal hacia el Estado de 6.000 millones de euros. Es decir, mientras que en Catalunya, entre aquello que aportan sus ciudadanos y aquello que reciben a cambio, hay un déficit de 21.000 millones de euros (es decir, 2.586 euros por habitante,10.000 euros por familia de cuatro), en Andalucía la llamada solidaridad interterritorial los sonríe con 6.000 millones de euros de más. Esto suponen 700 euros por andaluz y año, 2.800 euros de más por cada familia de cuatro. Con este exceso, es normal que el gobierno andaluz se pueda permitir financiar sesiones de body pump, zumba o step. Es cierto que la Generalitat puede decir que este año, en Catalunya, los menores de 35 años se pueden deducir el 10% del precio del alquiler, pero es que en Andalucía es el 15%.
Quedan desmentidos tres relatos: el de la igualdad entre españoles, el de nacionalismo vs. ideologías y el de la demagogia
A esta desigualdad hay que añadir otro factor que acaba de redoblar la injusticia fiscal entre territorios. En 2008, en Andalucía había 8,1 millones de habitantes. Actualmente hay 8,6. En estos 18 años, la población andaluza ha crecido en medio millón de personas. En Catalunya, durante el mismo período, se ha pasado de los 7,4 millones a los 8,2 actuales. Con la misma proyección, de aquí a unos años Catalunya ya tendrá más población que Andalucía, pero con la misma columna vertebral de infraestructuras que hace veinte años, y este hecho también influye en el crecimiento económico de una zona.
Ante hechos como estos, hay tres relatos que saltan por los aires. El primero es el de la igualdad entre españoles. Cuando se negocia cómo se financian las autonomías, resulta contradictorio apelar a una igualdad entre españoles cuando en la práctica hay diversos regímenes fiscales: en Euskadi tienen concierto económico, en Navarra régimen foral, las islas Canarias pagan menos IVA, en Madrid pueden hacer dumping para atraer empresas y en Andalucía te devuelven parte del dinero de las vacunas de los perros con los impuestos de todos. El segundo relato que queda desmontado es el de las derechas, las izquierdas y las banderas. Es evidente que esta fotografía es estructural y sostenida en el tiempo, y pasa por delante la cuestión territorial que la coyuntura ideológica del gobierno de turno, tanto en España, en la Junta de Andalucía o en la Generalitat. De hecho, esta situación fiscal beneficia a todos los andaluces, hablen la lengua que hablen, mientras que en Catalunya, hables la lengua que hables, hayas nacido donde hayas nacido, si tienes el domicilio fiscal en Barcelona, Tarragona, Gerona o Lérida, saldrás perdiendo respecto de tus compatriotas andaluces. Y esto me lleva al tercer y último relato que se deshace como el azúcar: el de la demagogia. Escribir artículos así se considera demagogo, populista e incluso incitador a no sé qué del odio y el supremacismo. Y es justo lo contrario. Más bien la indignación debería cambiar de bando. Por eso me he empeñado en llenarlo de datos a riesgo de que quedara un punto aburrido. Pero, mirado una y otra vez, del derecho y del revés, por arriba y por abajo, la conclusión es que los catalanes, con nuestros impuestos, estamos pagando una parte del gimnasio a los andaluces. Literalmente.
