En un momento clave de la legislatura española, en el que el gobierno formado por el PSOE y Sumar puede que necesite más que nunca el apoyo de Junts per Catalunya en algunos aspectos clave, la vicepresidenta segunda ha pensado que lo mejor que podía hacer es insultarlos. Yolanda Díaz, con sus insultos a Junts, es lo que mejor representa la tercera ley que Carlo M. Cipolla escribió en Las leyes fundamentales de la estupidez humana. No hay que olvidar la quinta: “El estúpido es el tipo de persona más peligroso”. No es la primera vez que los fundadores de Podemos salen a insultar gravemente a Junts sin ningún fundamento. Bebiendo de los diarios más de derechas que hay en el Estado, dieron credibilidad a noticias falsas para acusar a Xavier Trias. Lo acusaron de tener dinero en Suiza, cosa ya desmentida, y le llamaron “mafioso” durante toda una campaña. Ada Colau, Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, etc. Ahora Díaz ha dicho que los de Junts son “racistas y clasistas”. Y que son como Vox. A mí me parece que cuando se insulta a Junts, realmente lo que se insulta es el recuerdo de quienes fueron de CDC y CiU, ya que Junts se fundó en el año 2020 y sus seis años de historia son años de acuerdos con la CUP, ERC, PSOE y líderes en la cárcel y el exilio.

Desde la izquierda, sobre todo cuando menos discurso tiene, se acusa a todo el mundo de ser de derechas. Y por eso, durante muchos años, se dijo a CiU que era de derechas. Muy bien. CiU ya no existe, no hace falta perder ni un segundo en analizar si era más o menos cierto. Pero durante toda su trayectoria, nadie los había acusado de racistas. Quizá algún enemigo desesperado de la lengua catalana había probado suerte intentando mezclar la defensa del uso del catalán con el racismo, lo que fracasó. Pero por su acción política en el ámbito social, nunca a nadie se le pasó por la cabeza. Que la actualización del mensaje anticonvergente hacia el mensaje anti-Junts sea pasar de decir “son de derechas” a decir “son iguales que Vox” es hacer el ridículo. Que la actualización del mensaje anticonvergente hacia el mensaje anti-Junts sea pasar de decir “solo piensan en las competencias para Catalunya” a decir “son racistas” es para no votar nada más al gobierno español hasta que esta mujer pida perdón.

Esta rabieta es fruto de malas perspectivas electorales, pero también de algo que viene muy de dentro, el odio de clase, muy extendido en la izquierda

Los que se tenían que disgustar, ya se han disgustado; los que se tenían que enfadar, ya se han enfadado, y los que tenían que responder, ya han respondido. Por lo tanto, quienes tenemos que analizar la política, a veces nauseabunda, debemos intentar hacerlo. En el caso de Junts, yo no perdería mucho tiempo en defenderme de una acusación tan infundada. Ya que cada reiteración, por más que sea para desmentirla, profundiza en el marco del relato del racismo y aprovecharía el regalo involuntario de Díaz. Esta rabieta de alguien que ha trabajado para tener fama de persona dialogante y con capacidad de alcanzar consensos es fruto de malas perspectivas electorales, pero también de algo que viene muy de dentro, el odio de clase. Muy extendido en la izquierda. Los orígenes de Díaz están en la izquierda tradicional: comunismo y sindicalismo. Izquierda Unida y Comisiones Obreras. Partidos y sindicatos de clase. ¿Qué clase? La clase trabajadora. Técnicamente, la gente que tiene que vivir de su salario.

Históricamente, la gente que lo tiene más difícil. ¿Actualmente también es así? ¿O alguien se inventó a los autónomos y que quien lo pagaría todo sería la clase media? Que los llame clasistas —término despectivo— indica que Junts también defiende una clase. Como no es la que ella dice defender, entra en conflicto y considera que la defensa que ella hace de una clase es legítima, pero la que hacen otros, a favor de unos que claramente son trabajadores, no lo es. Este es el regalo: Junts con la clase media. Cuando tu oferta necesita a gente que depende de salarios y ayudas de la administración para contraponerlos a los que les va mejor, tienes un problema: si los ayudas de verdad, te quedarás sin votantes. Cuando tu promesa es que los ayudarás a prosperar y no a sobrevivir, es más atractivo. Probablemente por eso te insultan.