¡Vaya sainete el de las izquierdas a la izquierda del PSOE! Escribo este artículo asumiendo cierto riesgo, ya que me pongo a ello cuando todavía no se sabe cómo acabará todo, porque no habrá nada definitivo hasta esta noche de viernes. Pero bueno… Tenemos encuestas y tenemos declaraciones. Empecemos por las que hacía anteayer Ada Colau en El matí de Catalunya Ràdio: "Esto va de combatir el fascismo", "si no nos ponemos todas de acuerdo, habremos fracasado". Como he dicho al principio, todavía puede pasar de todo, pero no son las mejores declaraciones para obtener un buen resultado en las elecciones. Sobre todo porque ayudan, ¡y mucho!, al PSOE. Porque si se trata de "frenar el fascismo" y no se ponen de acuerdo entre ellos, no es que hayan fracasado, es que son inútiles. Por lo tanto, el voto útil para alguien de izquierdas parecería ser el PSOE. Pero incluso poniéndose de acuerdo, si la cuestión va de "frenar el fascismo" y no de condicionar al PSOE —que es con quien pueden aspirar a gobernar—, el voto útil para alguien de izquierdas sería el PSOE.
Pero si se trata de "frenar el fascismo", hay que presentarse con un historial que aporte un mínimo de credibilidad. Para hablar de vivienda, Ada Colau no tiene credibilidad: durante su mandato, el problema de la vivienda pasó de ocupar el puesto número 24 al número 1. Pero para ir por el mundo "frenando el fascismo", tampoco. Si para ella toda la derecha españolista es fascismo, ¿qué hay del apoyo que recibió de Manuel Valls —que se presentaba con Ciudadanos— para ser alcaldesa frente a Ernest Maragall? ¿O de cuando sumó los votos de los Comuns a los del PP de Daniel Sirera para evitar que fuera alcalde Xavier Trias, que era quien había ganado las elecciones, y hacer alcalde a Jaume Collboni? Pues ya ves… Venga, corre ahora a frenar el fascismo.
Sorprende —o quizá ya no— que las izquierdas no presenten ninguna propuesta política de fondo. Todo son cábalas sobre cuántos diputados pueden obtener en cada provincia, con quién deben presentarse y a quién tienen que quitarle votos. Mucha aritmética y muy poco proyecto. Las encuestas del CIS y del CEO contribuyen a condicionar este debate. Hay que leerlas con atención, especialmente por los posibles sesgos de las muestras. Y distinguir entre lo que miden, lo que proyectan y lo que interpretamos políticamente. La política catalana está más abierta de lo que parece. Aliança Catalana puede estar acercándose a su techo, Junts muestra posibilidades de recuperación y el PSC puede retroceder con fuerza. Aunque ninguna de estas tendencias debería darse por consolidada. También habría que revisar las transferencias de voto. Parece que Aliança no solo crece a costa de Junts, sino de todos. Sobre todo de Vox. Sin entender bien de dónde vienen los votos, es imposible interpretar el mapa político y determinados posicionamientos.
La centralidad no consiste en situarse a medio camino entre los demás, sino en conseguir que cada vez más gente se reconozca en tu proyecto
La ciencia política lleva décadas estudiando la importancia de ocupar la centralidad. Anthony Downs explicó el valor del votante mediano. Pero ocupar el centro no es necesariamente lo mismo que ocupar la centralidad política. Casi nunca es así. Giovanni Sartori expuso que la relevancia de un partido no depende solo de sus escaños, sino también de su capacidad para condicionar el sistema. A veces, es más importante ocupar la centralidad que conseguir un diputado más. La centralidad no es equidistancia ni moderación obligatoria. Es la capacidad de representar a una mayoría social. Un partido puede tener convicciones muy definidas y ser central si logra que una parte amplia de la sociedad se reconozca en él. Por eso es tan peligrosa la tentación de ERC de diluirse para ampliar la base. Si para llegar a nuevos electores dejas de defender lo que te hace ser tú, puedes acabar perdiendo a los tuyos sin ganar a los demás. Ampliar no debería significar diluir. La identidad no es un obstáculo para crecer. Es el punto de partida. El PSC de Miquel Iceta obtuvo solo dieciséis diputados en 2015, pero no dejó de defender su espacio político. Para volver a ser mayoritario, primero tienes que saber qué eres.
Otra lección es que quien define el debate tiene ventaja sobre quien se limita a responder. La teoría de la agenda y de los marcos políticos lo explica bastante bien. Si aceptas las preguntas de los demás, probablemente también acabarás aceptando sus respuestas. Junts tiene una oportunidad. Debe tomar nota de estas lecciones. No tiene que disputar cada voto en el terreno que eligen sus rivales, sino aspirar a ocupar el centro de gravedad de la política catalana. Con identidad, proyecto, credibilidad y vocación mayoritaria. La centralidad no consiste en situarse a medio camino entre los demás, sino en conseguir que cada vez más gente se reconozca en tu proyecto. No es renunciar a las convicciones para gustar a todo el mundo. Es convertirlas en una propuesta de mayoría. Se avecina una intensa sucesión de elecciones: Congreso, municipales y Parlament. Ganar siempre viene bien. Pero cuidado con pensar a corto plazo. La batalla decisiva no siempre es por un escaño, sino por decidir alrededor de quién gira la política catalana. Ser el centro de gravedad.
