Desde hace ya muchos meses en el independentismo todo pasa sin mucha pena ni gloria. Así con la restitución de Josep Lluís Trapero como major de los Mossos. Quizás reside en el hecho de que esta, la teórica máxima autoridad policial del país, sea la única de las famosas restituciones que prometieron Puigdemont y Junqueras que ha acabado haciéndose efectiva, dejando de lado a president y consellers. Que una promesa no se cumpla en el mundo de la ineptocracia de los peores es una noticia tan sorprendente como la salida del sol cada mañana. Pero que Trapero sea el único superviviente de la línea principal de los protagonistas del 1-O y de la posterior pseudodeclaración de independencia es todo un poema, sobre todo porque este Trapero no es el héroe de los atentados de Barcelona ni el policía que permitió que la gente votara al referéndum sin hostiarlos, sino el funcionario español que declaró en sede judicial la nobilísima intención de detener a Puigdemont en caso de una DUI efectiva.

Sorprende que a nadie le sorprenda una cosa tan curiosa como que una administración que se vanagloria de querer tornar-ho a fer, de no renunciar a Ítaca, a la secesión... ni a nada de nada, acabe anunciando con cierta pompa y naturalidad que su máxima autoridad policial es alguien que no tendría ningún problema en coaccionar la libertad de un mandatario si se dedicara, por primera vez, ¡a hacer caso a sus electores! Sorprende que no sorprenda, en definitiva, como también es curioso que la mayoría de los correligionarios de causa acaben justificando la permanencia de Trapero en el poder policial diciendo que él, en el fondo, es un profesional que tiene que acatar la ley española. ¡Si la lógica es hacer caso a la Constitución de los enemigos y nadie pone la menor pega, pues lo más normal del mundo sería preguntarse por qué demonios seguimos siendo independentistas! A no ser que eso de serlo se base sólo en declarar que esto de la independencia molaría mucho y mucho, pero que ya es normal que la pasma española no lo permita, chato.

De hecho, todo esto que explico es una derivada muy lógica del procesismo, un movimiento político destinado íntegramente a que los electores independentistas acaben frustrados del todo, pensando que la independencia es imposible. Así te quedabas, por ejemplo, después de ver el acto de restitución del major, acompañado por el conseller de Interior Miquel Sàmper, una ceremonia que tenía más de funeral que de celebración y en la cual, como han destacado la mayoría de informadores, Trapero se limitó a decir que durante el tiempo del fake referéndum y de la fake DUI "todos podríamos haber actuar mejor, y yo el primero". Pues yo, como parte interesada, te lo pregunto directamente, Josep Lluís. ¿Qué es exactamente lo que habrías podido hacer mejor? ¿Detener al president antes de la DUI? ¿Golpear un poco más a la peña el mismo día del referéndum? ¿O, al contrario, apoyar todavía más a la gente que votaba y no robarles ni una sola urna? Los héroes, major, también tienen que explicarse.

Sorprende que una administración que se vanagloria de querer tornar-ho a fer, de no renunciar a Ítaca, a la secesión... ni a nada de nada, acabe anunciando con cierta pompa y naturalidad que su máxima autoridad policial es alguien que no tendría ningún problema en coaccionar la libertad de un mandatario si se dedicara, por primera vez, ¡a hacer caso a sus electores!

Pero no, queridos lectores, todas estas respuestas no llegarán nunca porque aquí de lo que se trata es de ir tirando, de no dar muchas explicaciones y de hacer lo posible para denigrar cuanto más mejor la política de aquí a las elecciones. Así ha pasado también esta semana en el Congreso, cuando Gabriel Rufián (“18 meses y ni un solo día más”) bajaba el listón de la política hasta el Purgatorio criticando a Laura Borràs por llevar "americanas de más de 1.000 euros y bolsos de Michael Kors". Que Rufián critique a alguien por gastarse su sueldo como más le complazca, cuando él hace demasiado tiempo que gana un pastizal a base de vendernos motos y de llenar la tribuna del Congreso de tuits cada vez más risibles ya es algo demencial, sobre todo cuando sabemos que para muchos líderes de Esquerra los bolsos y las americanas son mucho menos importantes que el tetamen a la hora de valorar a las mandatarias. Realmente, si los republicanos combaten así a Borràs, esta llegará a buen seguro a presidenta.

Ya es una lástima que Rufián se centre en el vestuario de una compañera de militancia indepe, sobre todo porque si quisiera tratar cosas más importantes, podría hablar de la esplendorosa gestión sanitaria de Alba Vergés o de este chico que se llama Chakir El Homrani y que tenemos en el Govern de la Generalitat todavía no sabemos exactamente por qué (para hacer páginas web seguro que no, de eso sí que tenemos constancia). O también podría resolvernos nuestra duda inicial, y preguntarnos por qué la Generalitat mantiene como jefe de la policía a alguien que ha expresado tantas ganas de detenernos a los Molt Honorables. Pero todo eso, insisto, implicaría tratar a la gente con un poco de decencia, y el independentismo ya hace tiempo que sólo llega al listón del bolso, de la americana, y muy pronto acabará centrándose en la ropa interior o en cualquier cosa que degenere un poco más el debate. No sé mis lectores, pero a mí me están cogiendo unas ganas de volver a votar en blanco que espantan.

No merecen mucho más.

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