En comunicación es importante, para poder analizar los mensajes, tener en cuenta lo que se dice de manera verbal (el contenido y los verbos, sustantivos, adjetivos, sujetos escogidos), pero sobre todo, lo que se dice a través del lenguaje corporal, mucho más inconsciente la mayoría de las veces. Por eso es un buen ejercicio, cuando se quiere analizar en profundidad lo que realmente sucede cuando un interlocutor nos quiere dar un mensaje, verlo sin sonido: bajar el volumen (cuando tengamos la oportunidad de hacerlo, claro).

Fijarse en la mirada, en cómo se mueven las manos, en cómo se relaja o contraen distintas partes del cuerpo nos sirve para saber si esa persona está convencida de lo que dice, si tiene miedo, si está mintiendo, si no cree realmente lo que dice, si es un cínico o si en realidad lo tiene milimétricamente estudiado.

Los líderes políticos suelen tener “asesores” que les dan ciertas pautas, herramientas de comunicación, para resultar más convincentes, para llegar a más gente, para que no se note lo que quieren ocultar, o para enfatizar aquello que es importante. La facilidad para comunicar es una virtud que suele ser innata en algunos casos, pero en otros, realmente, es inexistente y resulta evidente cuando algún “comunicador” no tiene herramientas y trata de meterlas con calzador.  De esos barros surgen luego los lodos de los movimientos de manos tipo “robot”, porque alguien les dijo que había que acompañar las manos con las palabras y, claro, si no te sale, pues luego pareces un muñeco. Seguro que le vienen a la cabeza muchas imágenes de distintos políticos hablando de manera “extraña”, como a golpes de voz por sílabas, creando al final un mensaje incomprensible.

Otros hacen tantos malabares para no meterse en charcos que al final han resultado incapaces de decir una sencilla frase. Momentos memorables los hemos tenido, sobre quién es el vecino que elije al alcalde, ¿recuerdan? Estoy segura de que en realidad este tipo de situaciones se dan cuando uno tiene la mente llena de “otras cosas”, de tarjetas rojas sobre aquello que no debe decir, que debe matizar o tiene que tapar, y al final llegan a un punto en el que ni los buenos días son capaces de decirse de manera natural.

Pablo Iglesias se ha caracterizado siempre por ser un buen comunicador. De hecho, su vocación es precisamente esa, más que la política. Pablo siempre ha querido ser presentador de la tele, moderar tertulias, hacer entrevistas. Le gusta la política, evidentemente, pero en mi opinión creo que no es lo suyo. Él sabe explicar las cosas, controla cómo dar discursos, aunque creo que le faltaría alguna mejora para su lenguaje corporal. Pero esa es otra historia.

Pablo es consciente del nivel al que pueden llegar los políticos cuando quieren jugar “en serio” a ir a lo suyo. Me sorprende que Iglesias no lo hubiera intuido hasta ahora

Me interesa todo este tema, lo que se comunica sin querer, a tenor de la situación en la que nos encontramos. Concretamente, ayer estudié la entrevista que le hicieron en Antena 3 a Iglesias, en Espejo Público. Había visto algún corte ―intencionado― en redes sociales, y ya tiendo a desconfiar cuando veo que un vídeo se corta de manera tan clara. Así que fui a buscar la entrevista completa. La vi varias veces: con sonido y sin sonido.

Pablo suele estar muy tenso: esos hombros elevados denotan una postura rígida, a la defensiva. Pero lo que más me llamó la atención fue la mirada de Iglesias. Por sus palabras, noté que su mensaje era bastante sincero, no pretendía ocultar nada ante las preguntas de la presentadora: se mostraba tranquilo, en un tono agradable y la manera de expresarse era cercana. Pero la mirada me hizo ver algunos pasajes una y otra vez quitando la voz y analizando solamente lo que transmitía a través de sus ojos.

La profundidad de su tristeza es enorme. Sus ojos apuntan a decepción, a profundo chasco. Sobre todo me fijé cuando le ponían un vídeo de Sánchez (este también es para analizar, porque denota cinismo cuando habla, una mirada totalmente desnuda de alma y llena de ambición) y Pablo intentaba disimular pero no le salía: su mirada era cristalina. Como si Iglesias hubiera descubierto por fin para qué le han invitado a esta fiesta: todo el tinglado que se ha montado este verano, para echarle a él la culpa sin contemplaciones, ha sido una treta que ha resultado evidente. Y ahora Pablo es consciente del nivel al que pueden llegar los políticos cuando quieren jugar “en serio” a ir a lo suyo. Me sorprende que Iglesias no lo hubiera intuido hasta ahora.

Sin embargo, algo muy gordo ha debido descubrir, como para estar tan manso: esa “sumisión” al PSOE, en mi opinión, no es más que la manera de desmontar a los del puño y la rosa. Decir un “sí a todo” viene a desmontar el argumentario socialista cuando han querido usar a Iglesias como excusa para bloquear la formación de gobierno.

En la entrevista, Pablo apunta claramente a una sentencia blanda sobre el procés, y esta parte ha sido curiosamente eliminada en los vídeos que he visto en las redes. Sin embargo, sí se han esforzado en hacer ver que Podemos apoyaría un 155, cuando al ver la entrevista, más bien parece que esa opción Pablo prefiere no plantearla. Habla de lealtad al PSOE si estuvieran juntos en el gobierno y si la situación en Catalunya fuera caótica después de una sentencia dura y condenatoria y una respuesta fuerte por parte del independentismo. Y en ese caso, Pablo apunta a que él defendería la aplicación de la ley, aunque siempre hay que abordar este tema catalán desde el diálogo y haciendo política: “Los políticos tenemos que ganarnos el sueldo dialogando; esto no solamente lo resuelven los jueces”. O sea, que cuando uno se ve la entrevista parece más bien que Pablo está dando varias respuestas: no es partidario del 155, y nunca lo ha sido; según indica, la sentencia podría ser menos dura de lo que algunos se piensan (y en ese caso se pregunta si Vox, Cs y PP la acatarán); y que en caso de que todo esto se vaya de las manos, tendrá que respetar la decisión del gobierno ―si estuvieran en coalición con el PSOE―. En fin, que hay que hilar muy fino, pero por desgracia los comentarios que he leído y los titulares en algunos medios quieren confundirnos a todos para no saber de quién fiarnos.

Hagan el ejercicio y pasen un rato buscando hemeroteca. Intenten encontrar vídeos enteros en los que Iglesias hable de Catalunya (prescindan de los vídeos editados): allí podrán ver que más o menos siempre ha dicho lo mismo. Defender un referéndum en el que él haría campaña porque Catalunya se quede en España, pero de una manera diferente. Reformar la Constitución. O sea: una república federal o, más bien, una confederación de repúblicas.

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