Hoy empieza oficialmente la nueva normalidad. Una nueva fase en la que nos miraremos con ganas de abrazarnos y terminaremos chocando el codo. Una nueva etapa en la que nos sentiremos en casa más a salvo que nunca, en la que una tos, un estornudo, generará sensaciones hasta ahora desconocidas. 

El Gobierno empieza a crear reservas de productos que puedan ser esenciales en una segunda ola del virus. Se creará una comisión parlamentaria para analizar qué necesita nuestra sanidad pública y se intentará recomponer un estado de bienestar destrozado. 

En la nueva normalidad estaremos cada vez más hartos de la crispación política, de la manipulación de los medios afines a las cloacas, de la parcialidad de las togas, de las injusticias aberrantes que nos comemos cada día. 

En la nueva normalidad vendrán las quejas de una sociedad que ve cada día como todos hablan de ella, pero sin contar con ella. 

Cuando se dejan tareas importantes pendientes, vuelven una y otra vez a plantarse ante nosotros

Vendrán revueltas sociales, vendrá un aumento de la tensión. Porque son muchos los agujeros por los que le entra agua a este barco. Y ahora ya somos todos conscientes de que se construyó débil y su estructura ya no aguanta. No sirven parches, no sirven tapones. Hay que reconstruir y hacerlo con materiales nobles, que no se corrompan, que aguanten las tormentas, la humedad, los virus de todo tipo. Y sobre todo: este barco no puede someter a nadie, ni obligarle a subir contra su voluntad. De la misma manera que no puede seguir teniendo lugar preferente quien se ha dedicado a destrozarlo. 

Muchas cosas seguirán como hasta ahora. Y nosotros viéndolo pasar, pero con mascarilla puesta. Sin embargo, otras están por llegar, y no estamos preparados (como suele ser cuando algo grande pasa por delante). 

Cuando se dejan tareas importantes pendientes, vuelven una y otra vez a plantarse ante nosotros. Con hacerlas rápido y mal no es suficiente. Hay que terminarlas y hacerlas bien. 

Este país no puede seguir posponiendo hacer sus deberes: democracia, justicia, verdad y memoria. Pronto llamarán todas a la puerta y presentarán su factura. 

Estamos ante una nueva normalidad, pero me temo que no será solamente por el coronavirus. 

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