Está previsto en nuestra Constitución, no le hablo de nada raro. Se trata del derecho que nos asiste a acceder a información veraz, contrastada, que nos sirva al común de los mortales para tomar decisiones en nuestro día a día.
Está claro que en España este derecho nos es vulnerado de manera reiterada por los llamados medios de comunicación en el ámbito político. Con aquello de la línea editorial, de la libertad de expresión, se amparan algunos para mentir, para sesgar y para no aportarnos todos los datos necesarios a la hora de elaborar nuestros propios criterios. Lo sabemos sobre todo en el tema del que más se habla, que es la política. Y aquí, como nadie está libre del "pecado" de tener una ideología propia, a veces algunos confunden el hecho de opinar con el hecho de informar, y no es lo mismo.
No pasa nada porque un profesional de la información explique cuál es su punto de vista sobre un hecho concreto. Pero para ser honestos, habría de trabajar con rigor la información disponible, sobre todo aquella que no comparta, y expresar detalladamente las razones por las que considera un argumento más válido que otro. Así es como se debería informar, sin tratar de omitir partes de un discurso, ni datos, ni hechos relevantes. Después, si este profesional tiene a bien querer convencer de sus argumentos, que se los trabaje. No hay más.
Este sesgo, esta mentira sistemática y esta falta de acceso a la información plural que nos permita configurar nuestra propia opinión tiene consecuencias directas. Las tiene en lo que viene a ser nuestra democracia, porque si carecemos de parámetros para evaluar y sacar nuestras propias conclusiones, también estaremos limitados a la hora de elegir, de sentir preferencia por una postura o por otra. Sí, creo que se está coartando nuestra libertad a la hora de poder elegir, puesto que los colores que se pintan en la paleta están muy limitados aunque nos quieran convencer de que no es así.
Y cuando el asunto pone sobre la mesa cuestiones tan fundamentales como nuestra propia salud, como el cuidado y respeto del medio ambiente, la cuestión me parece clamorosa.
Esta reflexión la vengo haciendo desde hace mucho tiempo cuando tiene que ver con análisis de la realidad política. Pero ahora también me lo planteo seriamente, y me enfada que nos traten con paternalismo sobre información que se nos administra al respecto de nuestra salud.
Si carecemos de parámetros para evaluar y sacar nuestras propias conclusiones, también estaremos limitados a la hora de elegir
Sepan ustedes que hay estudios que intentan explicar los efectos secundarios de las vacunas, por ejemplo. Dicho sea de paso que algunos expertos consideran que no deberíamos estar refiriéndonos así a eso que se nos está administrando contra la Covid-19. Porque entienden que no es una vacuna al uso, sino un tratamiento genético, que no es lo mismo.
Es curioso leer cómo algunos informadores nos tratan de manera paternalista para tratar de conducirnos hacia un lugar, siempre el mismo, que es el de minimizar nuestra posible preocupación por los riesgos que pudiera conllevar administrar una sustancia a nuestros hijos. Ahora es lo que toca: la Comisión Europea ha pedido por favor a los jóvenes que se vacunen. Las noticias les ponen en el foco y parece que ahora hay que asumir que tenemos que aplicar este tipo de tratamientos a nuestros menores porque así lo recomiendan las autoridades.
No voy a poner en duda los beneficios de las vacunas. Repito, de las vacunas. Lo que me cuestiono es, si esto que nos advierten algunos que no son vacunas, puede tener algún efecto a medio y largo plazo que se desconozca.
Se está observando que la administración de estas sustancias a jóvenes puede generarles problemas en el corazón. El gobierno de Israel lo advertía hace unas semanas, pues se estaban detectando casos en los que había que hospitalizar, sobre todo a chicos, después de haberse puesto la dosis de Pfizer o Moderna. ¿Alguien puede explicarme las consecuencias que podría tener en un joven, a medio o largo plazo, el hecho de haber sufrido una miocarditis como esta?
Por más que leo que son casos "leves", que se solucionan rápido, yo me quedo con la duda. ¿Cuánta gente habrá con leves patologías, desconocidas, de corazón, que no dan la cara pero que podrían descubrirse a raíz de una miocarditis? No se sabe. ¿Qué puede pasar de aquí a unos años en aquellos jóvenes que hoy tengan este tipo de reacción a estas sustancias? No se sabe. ¿A qué se debe este tipo de reacción en determinados jóvenes, aunque sean, en proporción, "pocos" casos? No se sabe.
No se sabe, porque todo esto es nuevo. Porque todo esto se va descubriendo sobre la marcha, a medida que se van dando casos. Y observo una tendencia por la que plantearse dudas, ser prudente, está empezando a ser un peligro. Rápidamente te consideran "negacionista" a la mínima cuestión que hagas. Rápidamente te miran con recelo si te haces preguntas.
Recuerdo cómo se trató a Victoria Abril cuando dijo cosas que, cada día que pasa, se van demostrando no ser tan absurdas como se quiso hacer creer. En aquel momento en que ocupó los titulares de casi toda la prensa para desprestigiarla y tratarla como si fuera una alarmista y una indocumentada, muchos se aventuraron a decir que las afirmaciones de Abril eran falsas. Concretamente recuerdo que en su discurso señalaba a las mascarillas que contenían grafeno. Se lanzaron sobre ella para que nadie dudara de las mascarillas .
Así lo recogía La Sexta el sábado 27 de febrero de 2021, justo después de la intervención pública de Victoria
"Los expertos sanitarios que acuden cada semana a La Sexta Noche han desmentido en su totalidad todo lo que ha expresado la artista respecto de la composición de las mascarillas, advirtiendo que, de ser cierto lo que dice, que se lo diga a los médicos que usan todos los días las mascarillas si tiene componentes cancerígenos. Y han sido claros: millones de cirujanos habrían muerto, llevan usándolas 40 años".
Pues bien, un par de semanas después, saltó la liebre: "El Ayuntamiento de Madrid retira 500.000 mascarillas con grafeno". La noticia, que puede leerse aquí, señala que esta mascarilla era la que usaban todos los servicios municipales. Explican que la medida se tomó por prudencia hasta que se tuvieran más datos concisos al respecto.
¿Dónde ha salido alguien a disculparse con Victoria Abril por la cantidad de barbaridades que se dijeron sobre ella?
Denunciaba también la actriz que a ella le parecía que estaban tratándonos "como a cobayas", utilizándonos para probar los tratamientos contra la Covid-19. Ella alertaba de que le generaba dudas porque había gente que estaba muriendo al ponerle la "vacuna". En aquel momento, cuando lo dijo, aquí todavía no conocíamos los efectos que estaba causando la vacuna en algunas personas, los ya famosos "trombos" raros. ¿Mintió Abril entonces?
No quiero que piense mi querido lector, mi querida lectora, que estoy tratando de alertar o persuadir a nadie sobre la administración de tratamientos contra la Covid-19, que en millones de casos está siendo un éxito y está salvando muchísimas vidas. No. Lo que quiero subrayar es la importancia de poder acceder a la información sin atacar a nadie que nos quiera hacer dudar, porque de eso va la ciencia entre otras cosas: de prueba y resultado, de encontrar la clave mejor para resolver un problema. Y en estas circunstancias es lógico que haya quien quiera ser prudente, sin que por ello tenga que verse sometido a una persecución, ataque o difamación.
A la vista está que nos mienten en demasiadas ocasiones como para confiar nuestra salud sin darle una vuelta al asunto
Lo mismo le ha sucedido al profesor e investigador universitario de Málaga que ha hecho un estudio preliminar donde dice haber podido encontrar señales que apuntarían a la presencia de grafeno en un vial de Pfizer. En su estudio, sencillamente explicaba que era necesario investigar con mayor profundidad, y pedía que se hicieran eco de su estudio previo para poder afirmar o desmentir esos indicios que había encontrado. De hecho, desde un sindicato de trabajadores sanitarios de Castilla y León así lo han solicitado al hospital universitario donde trabajan: que hagan las pruebas pertinentes para descartar la presencia de grafeno en la vacuna. Y lo hacen por responsabilidad, no por negacionismo.
Si estuviéramos más acostumbrados al acceso a información veraz, libre de sesgos interesados, podríamos estar más tranquilos cuando leemos una noticia. Pero por desgracia esto no es así, y a la vista está que estos días los propios dirigentes del gobierno tratan de ridiculizar al ministro de Consumo por decir verdades como puños sobre la importancia de la reducción del consumo de carne.
Son tan cínicos que, después de haberlo aprobado en su documento oficial para el plan España 2050, se hacen los suecos como el ministro de Agricultura, para intentar desprestigiar a Alberto Garzón, que lo único que hace es explicar una medida aprobada por el Consejo de Ministros en el mes de mayo, y en línea con informes internacionales como el de la FAO de 2006.
Defiendo mi derecho a la información, el derecho a la información veraz, contrastada y libre de adjetivos cuando de cuestiones científicas se trate, cuando afecte a mi salud. Déjennos tomar nuestras decisiones asumiendo nuestra responsabilidad y pudiendo valorar y sopesar de la mano de los expertos. No nos traten con paternalismo intentando conducirnos, como a un rebaño, sin dejarnos la opción de dudar. A la vista está que nos mienten en demasiadas ocasiones como para confiar nuestra salud sin darle una vuelta al asunto.