Todo lo que necesita saber sobre estrategia se concentra en el duelo final entre Obi-Wan Kenobi y Anakin Skywalker en La venganza de los Sith. El maestro le recomienda a su padawan que se rinda porque él ha ganado la tierra firme y ocupa la posición elevada. Anakin desoye el aviso y sufre la mutilante derrota que le convertirá en Darth Vader. El president Torra debería haber seguido desde el principio el sabio consejo del caballero jedi: no pelees cuando estás sobre suelo inestable y tu adversario se eleva sobre ti, porque lo más seguro es que pierdas. En el asunto de los lazos, Torra se movía en arenas movedizas y, además, había perdido la ventaja que confiere la posición institucional en este tipo de debates partidistas.

No estamos ante una cuestión de libertad de expresión y su defensa. Lo estaríamos si se hubieran retirado en cualquier otro momento. Pero ahora nos hallamos en una campaña electoral y las reglas y los procedimientos son lo relevante. Nos movemos en una cuestión de procedimiento y derecho electoral. Es la Junta Electoral Central quien decide qué puede y no puede estar en los espacios públicos durante una campaña. Son las reglas que todos los participantes en la carrera electoral se han dado y han aceptado. Si cada participante empieza a correr respetando solo sus propias reglas, la competición solo puede acabar de la peor manera posible.

Si lo que se pretende es recordar la situación injustificable de los presos catalanes, tampoco se entiende muy bien este empeño que solo ha servido para distraer la atención de la pesadilla jurídica que estamos viviendo en el Tribunal Supremo

La argumentación del president se sostenía mal jurídicamente y aún peor políticamente. La Junta Electoral Central ha jugado siempre con la ventaja de la posición elevada que le confiere su carácter institucional de vigilante del proceso electoral. No es un competidor, ni un rival, es el árbitro; pelearse con él siempre acaba en expulsión. Cierto es que debería haber ejercido ese papel arbitral con más discreción y menos alharaca, evitando este espectáculo de dar plazos a lo Límite 48 horas, como en la inmortal película del gran Walter Hill. Al fin y al cabo, se trata de la Junta Electoral Central, no de una superproducción de Hollywood en busca del taquillazo y el aplauso de las masas. Su trabajo consiste en mantener la pluralidad y la igualdad en la competencia electoral desde el equilibrio y la prudencia. La autoridad se gana así. No con golpes de efecto, ultimátums y dosis masivas de efectos especiales.

Si lo que se pretende es recordar la situación injustificable de los presos catalanes, tampoco se entiende muy bien este empeño por alargar un asunto que iba a acabar en retirada y que solo ha servido para distraer o dispersar la atención de la pesadilla jurídica que estamos viviendo en el Tribunal Supremo; donde llevan semanas buscando la pistola humeante de la rebelión sin encontrarla. No apareció con los mandos políticos ni con los mandos policiales. A pesar de los múltiples anuncios, tampoco ha aparecido con las declaraciones, entre lo chusco y lo pasmante, de los guardias civiles; pero estábamos tan distraídos con los lazos que muchos ni lo vieron.

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