Aunque el fútbol es fútbol, el palco del Santiago Bernabéu no es estrictamente el palco de un club de fútbol. Es y ha sido un centro de poder importante de España. En aquella platea se han decidido tantas cosas, se han cesado a tantos ministros y se han acordado tantos contratos que sirve como termómetro para medir el poder, sobre todo el de la derecha. El azar tiene, sin embargo, cosas curiosas. A veces es como si el pasado volviera abruptamente y viendo al presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, y al expresidente del gobierno José María Aznar presidiendo el partido de fútbol Real Madrid-Atlético de Madrid de este sábado, uno podía tener esta impresión. Porque este sábado, 27 de febrero, se cumplían casualmente diez años de la dimisión de Pérez como presidente del Real Madrid y ha sido el día en que los aficionados han vuelto a reclamar con fuerza su dimisión y el final del segundo proyecto iniciado en 2009. A su lado, Aznar, el malhumorado expresidente que no perdona a Rajoy el desfondamiento en el que ha caído el PP. Muy pocos días faltan también para el 20 aniversario de su victoria el 3 de marzo de 1996.

Pérez y Aznar encarnan un final de régimen en esta España que aún hoy no se sabe quien va a dirigir, pero en la que sí se empieza a intuir quien y quienes, seguramente, no la van a seguir dirigiendo. Quizás sea a través de un acuerdo in extremis en el Congreso de los Diputados o si no será a través de unas elecciones generales el 26 de junio.

A Arnaldo Otegi el pasado le volverá en forma de libertad cuando el 1 de marzo salga de la cárcel de Logroño después de haber cumplido una condena de prisión a todas luces exagerada de seis años y medio, acusado de intentar reconstruir la ilegalizada Batasuna. Su excarcelación se tenía que haber producido hace mucho tiempo y así incluso lo reclamó Patxi López en 2011 siendo lehendakari del Gobierno vasco. La salida de Otegi abrirá el debate sobre su participación en las elecciones del País Vasco previstas para finales de año como candidato de la izquierda abertzale. Hay que esperar que la inhabilitación a una elección de cargo público que la Audiencia Nacional le puso hasta 2021 sea modificada (o reinterpretada) y no acabe siendo un obstáculo para su presentación como lehendakari. Una manera realista y efectiva en base a otros precedentes judiciales similares de pasar una página de la historia.